La amnesia del señor Fraga     
 
 Diario 16.    24/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La amnesia del señor Fraga

Si fuera exacta la idea del señor Fraga de que la actual agudización en frecuencia e intensidad de los

conflictos de orden pú-Wico se debe a un deterioro general de dicho orden, habría que concluir, de

entrada y sin quitarle ni un solo gramo de gravedad al hecho, que su discurso de ayer en las Cortes es una

contribución decisiva a ese deterioro general que tanto parece preocupar al número uno de Alianza

Popular.

Fraga, que en las últimas semanas ha hecho esfuerzos notables por democratizar su imagen, y baste

recordar para ello su dúo en el Club Siglo XXI con Santiago Carrillo, que quedó casi como una imagen de

la irreversible convivencia actual entre las Españas antaño incompatibles, de repente se ha quitado la

careta. Y ha sacado sin pudor al Fraga autoritario de siempre, con un discurso que sólo puede ser

considerado hoy, y en las actuales circunstancias, como un duro golpe para la estabilidad democrática de

esta España que dice defender. Ninguna invitación específica hay a eilo, pero, tanto por el tono, como por

las ideas y la lógica manejadas en él, nos encontramos ante un discurso político de los que invitan a abrir

camino al espíritu de golpe de listado,

En este sentido, el diagnóstico del diputado Roca Junyent, que fue el primero en replicar a la apocalíptica

andanada del ex ministro, es irreprochable y, en lo que cabe dentro del ambiguo sistema del paralelismo

histórico, totalmente exacto. Comparó, en efecto, el señor Roca la intervención de Fraga a aquella otra del

diputado republicano Gil-Robles que abrió la vía directa del 18 de julio de 1936. Pero lo que en aquella

ocasión contribuyó más o menos voluntariamente a desencadenar el jefe de la CEDA, y que se encontraba

ya inscrito en la lógica de los acontecimientos, no entra ahora en ningún horizonte político medianamente

documentado, Y, una vez más, Fraga ha sido víctima de sus propios equívocos y de la dualidad

permanente que parece llevar fatalmente a su estrategia política al reino de los tumbos. Pero lo cierto es

que, pese incluso a Fraga, no estamos en vísperas de ningún julio, sino en medio de un difícil e incómodo

diciembre que no es premonitorio de ninguna fecha augura!. El Fraga tonante vociferó, como de

costumbre, sobre el vacío.

Por otra parte, si bien es verdad que la mayoría de los políticos son desmemoriados, el caso de Fraga es

pintoresco, porque hace gala de una memoria cibernética para las pajas en el ojo ajeno, mientras es pura y

simplemente amnésico para las vigas, del propio. Su recuento de agresiones al Ejército, Guardia Civil,

Policía Armada y Guardia Municipal ocurridas bajo el Gobierno Suá-rez, por . muy duro que sea, resulta

ridículo comparado con la lista de asesinatos, heridos de todo tipo, asaltos, bombas, incendios y atentados

perpetrados bajo su gestión de ministro de la Gobernación. Para quien le gusten los detalles,

recomendamos la sabrosa lectura del informe "Los 30 muertos de la reforma" aparecido en el número 247

de "Cambiólo", más el relativo a "Los atentados blancos", del número 24,4 de la misma publicación. El

curriculum de "deterioros del orden" del apocalíptico Fraga desborda al de su sucesor Martín Villa.

Resulta oportuno recordarle, precisamente ahora, que no es él el político más indicado para dedicar a

nadie sermones en.este terreno.

Fraga ha abordado el delicado problema del orden público desde miras ideológicas y desde una actitud

proclamatoria y claramente oportunista y de partido. La respuesta de la izquierda ha sido fulminante, pero

polarizada en exceso por la propia actitud de Fraga, con el que ha entrado en un debate violento y agrio,

olvidando la necesidad de tratamiento general del tema. Y, por una vez, la UCD, por boca del ministro

Martín "Villa, ha tenido que terciar en la discusión .y "hacer, ya que unos y :otro se ia han puesto en

bandeja, auténtica política de centro. La frase de Martín Villa en-su alocución final: "No cabe hacer un

uso para opciones políticas concretas de esos lamentables sucesos. Estamos en el orden público... ante una

política de Estado", es irrefutable, y, su fuerza aumenta en razón de la parcialización ideológica a que

Fraga y sus interlocutores de la izquierda redujeron el espinoso tema.

 

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