Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Cortes. Tras comunicar temperatura al Pleno del Congreso. 
 Fraga y Carrillo explican el alcance de sus discursos sobre el orden público  :   
 El dirigente comunista estima desproporcionada la reacción de Fraga al sentirse amenazado. 
 Informaciones.    24/12/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

24 de diciembre de 1977

TRAS «COMUNICAR» TEMPERATURA AL PLENO DEL CONGRESO

Fraga y Carrillo explican el alcance de sus discursos sobre el orden público

EL DIRIGENTE COMUNISTA

ESTIMA «DESPROPORCIONADA» LA REACCIÓN DE FRAGA AL SENTIRSE AMENAZADO

Por Lorenzo CONTRERAS

MADRID, 24 (INFORMACIONES).

EL pleno sobre el orden público, lamentado por unos y elogiado por otros (los menos), tuvo ayer en el

Palacio de las Cortes secuelas de comentarios y nerviosismos. Tanto Santiago Carrillo como Manuel

Fraga, sus principales protagonistas, se mostraron periodísticamente muy asequibles a la hora de matizar

sus discursos.

La creación de la comisión dé encuesta sobre los sucesos dé Málaga y Tenerife fue decidida en el

Congreso al término de un acalorado debate que ha dejado en el ambiente navideño la sensación de un

deterioro de las relaciones entre los grupos parlamentarios. Es obvia la impresión de que las nuevas

Cortes siguen sin hallar un tono equilibrado, pues ten pronto se apagan como se encabritan. El debate del

orden público, al parecer, no era deseado por casi nadie dentro del Congreso, y, sin embargo, la cuestión

fue abordada como si, al final, los propios protagonistas del "drama" hubiesen perdido el control de la

representación. Desde el señor Ballesteros, miembro malagueño del P.S O.E., al señor Peces-Barba,

diputado del mismo partido, que intervino al final, una sucesión de discursos más o menos destemplados,

o conciliadores marcó la tónica de una polémica abrupta en sus lineas generales. Quizá el orador más

tranquilo y hasta frío fue el ministro del Interior. señor Martín Villa, probablemente porque para entonces,

cuando la sesión sobre el orden público estaba a punto de cerrarse, el balance de las discusiones no

perjudicaba notablemente al Gobierno. Los diputados de las minorías no gobernantes se habían entregado

al juego de las "agresiones verbales" mutuas. En este error incurrieron de manera destacada dos políticos

veteranos como Fraga, y Santiago Carrillo. El primero se sintió amenazado por el segundo y

o dudó en adoptar el aire vre un Calvo Sotelo cuando dijo: "Mis espaldas son anchas". El segundo,

silbado y chillado tímidamente desde la tribuna de invitados, acabó siendo atacado por el flanco más

vulnerable de su leyenda cuando oyó decir a Fraga: "Hoy hemos aprendido que la piel del cordero, al

final, nunca acaba por tapar ciertos.pies negros o rojos de sangre que algunos no pueden negar."

EXPLICACIONES

La pelea verbal había sido dramatizada, en exceso. Ambos conten dientes parecían buscar determinados

efectos en sus clientelas respectivas, aunque, por supuesto, lo negasen. La "entente cordial" del Club

Siglo XXI, donde el ex ministro presentó como conferenciante al dirigente comunista, podría estar deter-

minando en alguno de ellos el afán de recomponer la imagen. Horas después, ambos políticos se

sometían, por separado, a las preguntas de los periodistas, en sendas conferencias teóricamente improvi-

sadas. Carrillo manifestaba que en su intención no había estado el ofender a Fraga ni menos amenazarle.

Fraga, aparte de entender que su rival no había demostrado en este Pleno la inteligencia que otras veces le

había caracterizado, se mostraba dispuesto a mantener con Carrillo nuevos (contactos personales, en la

medida en que lo está respecto a todos los grupos políticos.

LAS FRASES CHAVES

La reacción «calvosoletista» dé Fraga, «desproporcionada», según Carrillo, había tenido su inspiración en

estas palabras del secretario del P.C.E.: «Yo quería decirle también al señor Fraga qué nunca segundas

partes fueron buenas, y si aquella política (la del pasado) llevó a los cuarenta años que el señor Fraga

parecía lamentar aquí, la repetición de esa política hoy podría llevar a consecuencias muy diferentes; a

consecuencias en las cuales los que ganasen no fueran los que ganaron entonces, y quien perdiese, en

definitiva, fuera el país, pero quizá más todavía los que el señor Fraga representa.»

Con este enfrentamiento personal, la sesión plenaria, en lo que concierne al orden público, perdía su hilo

conductor y su interés específico. Las tragedias de Málaga y Tenerife se difuminaban en el tenso fluido de

aquella competición entre dos interesantes personalidades. El señor Martín Villa pudo al final imponer sin

demasiadas excitaciones ajenas su Voz calmosa y monocorde, anunciando reformas de orden público,

negando desaciertos excesivos en su propia, gestión, proclamando la dificultad dé su cargo y hasta

defendiendo a los agentes, en lo que coincidió con él, curiosamente, el diputado de Euskadiko Esquerra,,

don Francisco Letamendia. Las durezas iniciales de concepto que emplearon contra las F.O.P. los

diputados malagueños, señores Ballesteros y Tomás García, socialista y comunista, respectivamente, pa-

recían ya muy lejanas. El segundo había citado por sus nombres a responsables de fuerzas «paramilitares»

de ul-tradereeha afctuantes en Málaga, relacionadas, a su juicio, con el «bunker de Fuengi-rola», y

Ballesteros, iniciador del débate, había aplicado a los guardias calificativos muy duros, tomados de los

comunicados parlamentarios .que se elaboraron en aquellos días. Un tercer diputado,. el señor Huelin, de

U.C.D., había extendido las responsabilidades a otros elementos políticos que funcionaron —dijo— en

equellos «dos días vandálicos». De todos estos planteamientos había tomado punto de partida el señor

Fraga para decir que «no podemos preguntarnos por lo que pasa enJMá-lagá y no interesarnos por lo que

ocurre en Irún, ni podemos averiguar lo que sucede en Tenerife sin interrogarnos también sobre lo que

poco antes se dio en Pamplona».» Los nombres de Imaz y Unzueta estuvieron en la danza de citas. Y

Fraga, en el calor de su discurso, pronunciado con un torio que luego redujo en su tumo de réplica por

alusiones, trazó un cuadro sombrío de la situación española, apuntando hacia la fragmentación de la

unidad nacional y señalando un repertorio de responsabilidades, que iban, desde la permisividad de las

autoridades hasta las debili--dades de la política exterior upara frenar la situación lamentable de Argel»,

sin olvidar a un sector de la Prensa que, a su juicio, junto con ciertos enseñantes, «sistemáticamente

erosionan o destruyen el prestigio y la autoridad de las instituciones».

HABLA BOCA JUNYENT

Si no hubiese sido porque Santiago Carrillo, con el despliegue de sus criticas, hizo derivar el interés del

Pleno hacia los aspectos de una querella personal, la atención habría quedado mejor prendida del

discurso, ponderado e inteligente, que pronunció el señor Roca-Junyent, de la minoría catalana. Pidió el

señor Roca que no se invocase, al hilo del orden público, el tema de la estructura estatal (réplica a Fraga)

y pidió más fe en la democracia, desdramatizando la situación, aunque ésta sea preocupante. Sin alterarse

jamás, el diputado catalán comparó a Fraga con José María Gil-Robles, autor de análisis parlamentarios

de la situación de los años treinta, que Fraga, en su intervención posterior, no dudó en alabar.

LA «PIPA DE LA PAZ»

Francisco Ramos, socialista catalán; Pérez Llorca, Gómez Llórente y Letamendia pasaron a la pequeña

historia de un debate que no podía quedar circunscrito a los recuerdos de la responsabilidad de Fraga en

los sucesos de Móntejurra y Vitoria (responsabilidad que éste trasladó a quien entonces le sustituía, pues

se hallaba —dijo— de viaje) ni a la leyenda de Santiago Carrillo. Heribert Barrera quiso hablar, pero el

presidente del Congreso no le consideró aludido, razón por la cual quien se llevó la palma de las minorías

nacionales fue Francisco Letamendia, autor de una frase que Fraga no replicó, pero que presentaba una

hiriente factura: ((¡Qué bien le ha venido a usted la amnistía, señor Fraga!» Lo que sí replicó Fraga fue la

invitación de Latemendia a «fumar juntos la pipa de la paz» cuando se cumplan en Euskadi las

condiciones que reclama un «orden democrático vasco, defendido por fuerzas vascas dependientes de los

poderes vascos». Fraga pidió, apoyándose en la imagen india, más seriedad al representante vasco, y éste

no contestó, a su vez, a las acusaciones que el ex ministro le hacía sobre sus declaraciones de exaltación

de E.T.A., expresadas en compañía del senador Bandrés.

RUEDAS DE PRENSA SOBRE NAVARRA

En la competición de ruedas de Prensa no estuvieron solos Fraga y Carrillo, sino también vascos y

navarros, concernidos por el problema de Navarra, una previa indiscreción oficial hizo que los contactos

reservados mantenidos por unos y otros con el presidente Suárez fueran explicados a los periodistas. Los

miembros de U.C.D., de Navarra, a través de Jaime del Burgo y Pedro Pegenaute, habían declarado su

voluntad de abrirse a la negociación con Euskadi para una eventual unificación, siempre que el Consejo

Foral discuta primero la posibilidad de incorporación y, en caso de criterio positivo, se celebre un

referéndum.

Los vascos y navarros partidarios de la integración se reunieron con la Prensa bajo la batuta de Txiqui

Benegas, del P.S.O.E., y Gabriel Urralburu, navarro y diputado del mismo partido. Ambos manifestaron

su disposición negociadora siempre que las negociaciones no tengan carácter tripartido y U.C.D. unifique,

por tanto, su postura, actualmente dividida. En las conversaciones se pretende actualmente incluir al

vicepresidente señor Abril Martorell. Ambos portavoces admitieron la posibilidad del referéndum navarro

y achacaron a U.C.D. (sector navarro) la resistencia a celebrarlo en la etapa preconstituyente.

Mantuvieron también el principio de intangibilidad del texto previamente negociado con el Gobierno y

anunciaron para el 4 de enero ((movilizaciones populares en apoyo de la preautonomía de Euskadi».

INFORMACIONES

 

< Volver