Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Cortes. 
 Paz, señores, paz     
 
 Informaciones.    24/12/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PAZ, SEÑORES, PAZ

Por Abel HERNÁNDEZ

SERÉNENSE sus señorías, que es la Navidad. Olvídense del odio, de la sangre y de la guerra. No des-

entierren Casas Viejas ni Paracuellos. Tengan piedad, por amor de Dios, de este admirable pueblo, que ha

puesto ya mirra en sus heridas y siente, pecho adentro, irreprimibles deseos de vivir en paz.

No le den más vueltas a la sesión de ayer en el Congreso. Todos nos equivocamos alguna vez. Tienen que

ir acostumbrándose, sus señorías, a dominar sus nervios, a no apasionarse demasiado. Pero, en fin, lo de

ayer puede servir de catarsis. El señor Fraga y el señor Carrillo estaban después arrepentidos y un poco

avergonzados. Los dos querían hacer las paces. Ambos son conscientes de que en política los errores se

pagan siempre. En este caso, saben que su esfuerzo de meses por mejorar su imagen se ha venido abajo en

un momento de obnubilación. Ahora tienen que volver a empezar.

Una vez más se demuestra que los extremos se tocan. ¿De qué ha servido que Fraga presentara a Carrillo

en el Club Siglo XXI? Hizo bien el P.S.O.E. en quedarse en. la penumbra, aunque fue el que encendió la

mecha de la discordia. Los intrépidos jóvenes socialistas tendrán que medir más el efecto de sus actos

políticamente, si quieren, de verdad, ser alternativa de Poder. No se dieron cuenta de que la explicación

del voto, con un polvorín en medio, equivalía a un explosivo debate. Felipe González no quiso saber nada

(todo se coció en su ausencia) y se fue a Sevilla. El P.S.O.E. irá aprendiendo poco a poco.

La U.C.D. se salvó de la quema. Martín Villa llevaba un discurso terrorífico, pero ante el cariz de los

acontecimientos, y después de cambiar impresiones con el presidente Suárez, se lo guardó en el bolsillo.

Brilló entonces, en medio de la refriega, el partido del centro como decisivo factor de equilibrio. El

ministro del Interior fue el gran pacificador.

Cuando los señores Carrillo y Fraga se quitaron la careta en público, se demostró que las dos viejas Espa-

ñas enfrentadas no son ya más que un frío fulgor pasajero en una sesión plenaria del Congreso de

Diputados. Esta España nuestra no es la de los años treinta. Los extremos tienen que resignarse a ser

comparsa o contrapunto para siempre. Nada más que eso.

Pero no le demos más vueltas. Los villancicos se embarcan en la sangre y algo canta paz en el aire. Una

España nueva nace y todos los pueblos amantes de la libertad hacen sonar zambombas y panderetas en su

honor. Convénzanse, señores: hagan la paz y no la guerra. Serénense sus señorías, que es la Navidad.

INFORMACIONES

 

< Volver