Autor: López Rodríguez, Florentino (NEGRÍN). 
   El Pleno del Congreso     
 
 Pueblo.    24/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL PLENO DEL CONGRESO

A ver sí no dramatizamos más de lo necesario. En lo sustantivo y fundamental las posiciones de las

fuerzas parlamentarias no están, ni mucho menos, diametralmente radicalizadas. Todo lo contrario. No

hablo a humo de paja. No hay ni un sólo caso en el parlamentarismo europeo donde los presupuestos del

Estado se aprueben de una sentada. Si esto no es concordia democrática, que baje Dios y lo vea. ¿Que

ayer subió mucho la temperatura en la Cámara y hubo bastante tensión? Bueno, es cierto. ¿Y qué? ¿Qué

de extrañó tiene eso en un Parlamento? Un Parlamento no es una reunión de la Academia de la Lengua.

Entre el señor Fraga y el señor Carrillo hubo refriega dialéctica de; subido tono. Para la historia del

parlamentarismo, una anécdota; con todos los respetos sea dicho.

El error -el error político— fue llevar a debate, o abrirlo, los lamentabilísimos sucesos de Málaga y La

Laguna. Comisión de encuesta o investigación, por supuesto; el debate, en su día, con los datos y la

información en la mano. Y esclarecidos los hechos, las decisiones y responsabilidades pertinentes. Pero,

en fin, las cosas ocurren como ocurren, y a ellas hay que atenerse.

El caso es que la presunta víctima propiciatoria, el ministro* del Interior,- por lo aplomado de su

intervención, por el peso específico de sus argumentos, por su experiencia política, en suma, por sus dotes

naturales de gobernante, no solamente salid airoso, sino que de hecho atemperó posiciones encontradas y

en última instancia ejerció funciones arbitrales. Los aficionados a la metapelítica encontrarían en la

intervención de Martín Villa razones ontológicas para justificar la necesidad del centrismo en la vida

política.

A cualquiera se le al-canza que el ministro del Interior titulariza, en cualquier época, país o circunstancia,

ja esfera más antipática de la vida pú-bHca; pero más todavía en la actual coyuntura española. Hay aún

algo más ingrato que la tarea del ministro del Interior: escribir reconociendo la capacidad y aptitudes del

titular de ese Departamento.

Rodolfo Martín Villa es una de las primeras figuras políticas del país y, de consiguiente, uno de los

puntales del Gobierno. Aquí se le han dísputado los grupos o tendencias políticas; en Norteamérica

hubieran sido las grandes empresas. Podría decir más- cosas. Pero un escritor —pormodesto que sea— no

puede jugarse su carrera hablando sin acritud de un ministro del Interior.

NEGRIN

 

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