Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Cortes 77     
 
 Pueblo.    26/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

26 de diciembre de 1977

PUEBLO

Sería bueno que los señores parlamentarios echasen de una vez un vistazo al otro orden público, quiero

decir al desorden público que se está apoderando de nuestras ciudades grandes y pequeñas; un desorden

sordo, silencioso casi subterráneo, que las va haciendo cada día más peligrosas e invivibles.

Comisarios, jueces, padres de familia y responsables de la simple vida cotidiana de nuestros jóvenes

saben perfectamente del pánica, que va más allá del simple miedo, de nuestra jóvenes y hasta dé nuestras

mujeres bien maduran, a transitar pasadas las diez de la noche, por muchas calles de la ciudad y a

cualquier hora del día y de la noche por un lugar solitario. El número de violaciones que se denuncia es

ridiculamente contabilizare en proporción a la realidad alarmante del fenómeno. No hablemos del simple

susto, que no llega a violación, y que parece uno de los juegos de fin de semana de pandillas de chicos y

menos chicos, que se lanzan a la caza de la mujer por las calle» de la ciudad, como quien se lanza a la

caza del león en Ja selva. El automóvil, propio o robado, es el arma ideal para el juego de la caza a la

mujer.

El fenómeno, la explosión del fenómeno, tiene fácil explicación y, salta a las paredes de toda» nuestras

ciudades en forma de increíbles anuncios de increíbles películas, con increíbles carteles publicitarios.

Salta a la publicación de revistas y folletos de todo tipo al alcance de todos los bolsillas adolescentes,

quien no tiene veinte duros para comprarla se reúne con un par de amigos y se divierten en compañía ade-

rezando la lectura con los comentarios pertinentes.

A las películas, las revistas, los anuncios insinuantes y la porno y el erotismo que circulan al aire libre de

nuestras calles hay que añadir la lluvia de publicaciones eróticas y pomo de. todo tipo, que se venden a

quien quiera comprarlas, se exhiben en escaparates y estanterías de las librerías y pueden adquirir

nuestros adolescentes y los que no lo son donde quieran, sin que nadie les ponga trabas.

Sería inocente pensar que cuando se ha pasado la semana baboseando sobre semejante alimento espiritual,

al llegar a la alegre noche del sábado fuesen San Simeón el Estilista subido a su columna.

Alimentados al borde con toda la literatura Sel género, lanzados «obre todo al cine ponto de nuestras

carteleras, es perfectamente explicable que la, sol» presencia de una señora de carne y hueso, sea I» que

sea su edad y su belleza física, los ponga en el disparadero, y asi andan nuestras calles y así anda nuestra

juventud, que, según todas las estadísticas, es la más «permisiva» de Europa. Las estadísticas no las he

buscado yo en mi obsesión pazguata; las ha publicado, una revista tan poco pac-guata como «Cambio

16», y los sucesos sobre el tema los publica la Prensa diaria de todas.tas tendencias.

No hablemos ya del asalto en nuestras calles dé carteristas, timadores, descuideros, cacos, ganzúas,

murcios, juaneros y el- resto de lo que siempre llamamos delincuentes comunes y ahora hay que llamar

delincuentes sociales. La audacia de estos conciudadanos en unas ciudades donde párele que los servicios

de orden tienen otros órdenes que guardar ha llegado a límites increíbles; audacia consecuencia de su

práctica impunidad. Personalmente no hace una semana, la más modesta de las criaturas, con cara de

desvalida integral, me ha limpiado la cartera en mi propio despacho, después de haberse asegurado de que

no había en todo el piso del periódico otra persona que yo, y aprovechando una ausencia mía del

despacho de diez minutos. El relato del atraco del día se ha convertido en una conversación de sociedad;

pero no el atraco a la caja dé ahorros, al banco o a la caja de la empresa de fuste el día de pago de la

nómina, no; el atraco nuestro doméstico y particular de cada día, el de la tía Juanita, el primo Luis, tu

cuñada de Pepe.

Señoras y señores diputados, si una bofetada o un bofetón sobre la mejilla, por otra parte mullida por

poblanísimas barbas, de un diputado, es merecedora de un pleno, este orden público nuestro de cada día

que se nos desmorona a simple nivel de ta vida cotidiana del ciudadano normal. no merecerla atención de

sus señorías? Si no la merece, sus señorías están en las nubes viviendo en un país ideal, mientras les

están, nos están´, poniendo la zancadilla rn . el país real de las realidades.

Pilar NARVION

 

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