Autor: Rodríguez Sahagún, Agustín. 
 La Bandera de todos. 
 En el día de las Fuerzas Armadas     
 
    Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

En el día de las Fuerzas Armadas

Por Agustín RODRÍGUEZ-SAHAGUN

Presidente de U. C, D.

FTTtENGO motivos muy sin-_§_ guiares ¡para sentirme estrechamente unido a !a gran familia militar, a

la que he tenido el privilegio de conocer y comprender y desde luego, el ánimo de servir. Mi experiencia

personal se >ha enriquecido extraordinariamente en la vivencia real de valores que podrían parecer a

algunos sólo rituales por estar vinculados a determinadas fechas y ceremonias. Pero yo he sentido física y

morai-mente la densidad afectiva y espiritual del mundo militar y he quedado impresionado —más allá de

las emociones participadas en ocasiones felices o difíciles— por el descubrimiento del caudaloso depósito

de virtudes humanas y profesionales que se mantienen veladas tras el gesto austero y contenido que es el

estilo de ¡a corporación castrense. Y por «u fecunda e Invariable generosidad y entrega. Y es ahora, desde

eí distancta-miento que supone mi dedicación a otras tareas, cuando encuentro ocasión favorable para

ordenar mis impresiones sobre ´las Fuerzas Armadas y cuando creo oportuno hacerlo por la significación

del día y en el intento de contribuir a ´la formación ée una opinión moderna y clarificadora que me parece

necesaria.

Las Fuerzas Armadas son, por esencia, una institución antirretórica y, sin embargo, son tratadas, cas!

siempre, retóricamente. Y esta retórica -repleta de palabras grandilocuentes, revelauuna reac-

ción nada natural, nada normal respecto a lo qus debiera ser ta apreciación de Ea imagen y función de tas

Fuerzas Armadas en la sociedad actual. Esa anomalía a mí me parece fruto de reflejos que manifiestan

una herencia dividida en la que predominan sentimientos de temor o afán de exclusividad. Los militares

han sido siempre ajenos a esa dialéctica de intereses y lejos de constituirse en un antagonista, tas Fuerzas

Armadas han sido, en ocasiones, objeto de los antagonismos sociales y ´nacionales. Ya es hora de que

terminemos con ese esquema de distorsión y centremos la evidencia de que la naturaleza, razón de ser,

sentimiento y destino de los Ejércitos es el servicio de toda la Nación. Si los antagonismos han de seguir

—-hasta tanto consigamos la mentalidad civilizada y democrática de convertirlos en pacíficas opciones de

razón—, al menos debemos disuadirlos de provocar, con sus proyecciones particularistas, la división en

las filas militares.

Nuestra tragedia histórica es no haber tenido siquiera la voluntad común, el buen sentido, de compartir

instituciones comunes. Cada vez que las divisiones civiles llegaban a los cuarteles quebrantábamos un

pacto sagrado y perpetrábamos un suicidio nacional. Basta, pues, de manipulación y disolvamos ajados

espectros que pertenecen a otras épocas y otras sensibilidades.

Hay un elenco de valores, símbolos e instituciones que deben quedar fuera de disputa porque son

comunes: la Bandera, fa Constitución, la Corona, el Parlamento como representante de la voluntad

soberana de la nación, y las Fuerzas Armadas que son la organización del pueblo para asegurar su inte-

gridad, supervivencia, libertad y paz. Es absolutamente inconcebible la discusión respecto de quién pueda

sentirse más español y parece irreal y tragicómica la de signo contrario. Tengan la seguridad las Fuerzas

Armadas de que entre ambas actitudes, existen decenas de millones de españoles que las juzgan como uno

de los más valiosos instrumentos de integración nacional y social y se sienten seguros, con ellas, de un

futuro en libertad.

La relación entre el pueblo y sus Fuerzas Armadas es de tal confianza y calidad moral que sólo a ellas y a

las Fuerzas de Seguridad se les confiere la excepcional condición de corporaciones armadas. A través de

sus ejércitos, a los que legitima por las leyes, provee de los medios necesarios y nutre con sus (hombres,

ila comunidad nacional asegura en último extremo su libertad interior —la capacidad de organizar su

convivencia sin atenerse a otro poder que a su voluntad soberana— y su libertad exterior e integridad

territorial.

Al tiempo que me permito invitar al lector a considerar estas reflexiones quiero unir mi personal

celebración como español, en este día de todos, porque !lo es de nuestras Fuerzas Armadas.

 

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