La bandera de todos, en todas partes     
 
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LA BANDERA DE TODOS, EN TODAS PARTES

A fuerza de estar ahí ya casi no se nota. Puede parecer otra mancha de color en el claroscuro

del paisaje. Pero la sordina de la costumbre no basta para acallar la voz del símbolo, no

consigue enterrar el contenido emocional de unos colores que, a lo largo de siglos, han

encarnado aquí, en España, la voluntad nacional y los ideales de independencia, libertad y

concordia de sus ciudadanos. Desde la estampa brava y, a veces, fantasmagórica, de tantas

escenas del novecientos, hasta los carteles de toros. En los coches, en los vestidos, en los

escaparates, el rojo y el gualda, la enseña nacional, lucen airosos presidiendo día a día, hora a

hora, los instantes de júbilo, de tristeza, de dolor o de gozo... La bandera en la calle,

presidiendo la fiesta, el ocio, la cultura, la actividad del Gobierno, la de las comunidades

autónomas, la de los municipios, la del Ejército. Presidiendo la vida. El ayer, el hoy, el mañana

y el siempre de este viejo y noble país, henchido de historia, al que llamamos, orgullosamente,

España.

Reportaje gráfico: Ángel CARCHENILLA y Luis RAMÍREZ

Y junto a la fuerza de la historia y de !a leyenda, la bandera en cada instante pequeño, en cada

rincón entrañable de la vida. Desde el brazalete del jockey hasta el cartel inconfundible de los

estancos. Desde las banderolas de los circos de pueblo hasta el flamear de las hinchadas

deportivas. Desde la sencilla enseña de solapa al distintivo automovilístico, la bandera nacional

sigue luciendo, airosa —ahora con más garra y más garbo que nunca— en el corazón de todos

los españoles.

 

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