Autor: Amador Franco, Enrique. 
   Dos evidencias     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Dos evidencias

El artículo 8." de la Constitución encomienda a las Fuerzas Armadas la misión de garantizar la

soberanía e independencia de España, la defensa de su integridad territorial y del

ordenamiento constitucional.

Ese mandato debe ser y es sagrado para las Fuerzas Armadas y por ser consustancial con su

propia razón de existir habría de vincularlas aun cuando la Constitución no lo hubiese incluido

de modo explícito. El artículo 2.° es valedor de tal criterio al afirmar que la Constitución se

fundamenta en la Patria común e indivisible y no al contrario. Es esa Patria común¿ creada tras

siglos de Historia sobre los esfuerzos y sacrificios de muchas generaciones y por la que han

ofrendado su vida tantos españoles —to reconoce, como no podía ser de otro modo, la

Constitución— la primera y fundamenta! categoría sobre la que ha de edificarse cualquier

doctrina política española. Y si el artículo 1..°, punto 1, puede establecer que la soberanía

nacional reside en el pueblo español, esa «soberanía» y ese «pueblo español» carecerían de

sentido y de significado algunos si esa Patria común, España, dejase de existir.

Para que España exista, es decir, para que España «sea» !a Patria de una comunidad humana

que cumpla sus fines propios y que mantenga su vitalidad y su personalidad a través de los

tiempos, establece´y regula la Constitución unas instituciones políticas civiles que ostenten la

representación del pueblo español y asuman la carga y la responsabilidad de bien regirla.

Para que España no deje de existir, establece la Constitución una institución constitucional de

«ultima ratio», tas Fuerzas Armadas, aunque poco regula el ejercicio de tan trascendente

misión.

Pero dos evidencias se deducen de inmediato. La primera, que para evitar que España llegue a

estar en peligro de no existir es necesario el buen gobierno de los políticos, es .decir, que éstos

ejerzan acertada y patrióticamente, su misión. La segunda, que para que España, si el peligro

llega, no desaparezca o se hunda en el caos, las instituciones militares habrán de ejercer su

misión, patriótica y acertadamente también, antes de que la nación unitaria e indivisible que

constituimos haya dejado de existir.

En ambas evidencias late un factor estratégico fundamental: el tiempo, o lo que es equivalente,

la oportunidad. La función de las instituciones políticas civiles no será ejercida acertadamente si

tos políticos no reaccionan «a tiempo» ante los peligros que puedan surgir para la unidad

española o para la sociedad. Lo propio sucede con la función militar, que soto tendrá sentido,

sólo servirá, a los fines constitucionales establecidos cuando dicha función sea realizada en

tiempo oportuno.—Enrique AMADOR FRANCO, almirante de la Armada.

 

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