Autor: Fuente Lafuente, Ismael. 
 Al renovar su juramento a la bandera en la Academemia de Zaragoza. 
 El Rey hizo profesión de fe en la democracia y de confianza en los Ejércitos     
 
 El País.    01/03/1981.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

AlHKpnovar su juramento a Ja bandera en la Academia de Zaragoza

El Rey hizo profesión de fe en la democracia y de confianza en los Ejércitos

ISMAEL FUENTE, Zaragoza

ENVIADO ESPECIAL

El rey íhian Carlos volvió a hacer, una vez más, profesión de fe en la democracia y de confianza en ´os

Ejércitos de.Fspaf a, en el curso de :xi solemne y emotivo acto militar que se celebró en la mañana

de ayer en la Academia General Militar de Zaragoza, en el cual, el Monarca y sus compañeros de la XIV

promoción de esta Academia, renovaron su juramento a la bandera, hecho hace veinticinco años, cuando

ingresaron en la misma como cadetes.

En su primera intervención pública después de los sucesos del fracasado golpe de Estado el lunes último,

el Rey leyó un discurso en el que hizo una llamada a los Ejércitos «para que sepan interpretar con

exactitud y acierto la Constitución y comprender que no se contribuye a la seguridad de la Patria con

acciones irreflexivas», y a todas las fuerzas políticas, del Gobierno y de la oposición, «para acomodar sus

respectivas conductas, a fin de conseguir el orden, la seguridad y el bien de España».

También se refirió a que es necesario que las actuaciones políticas de estos grupos y las campañas de los

medios de información no propicien las condiciones para crear un ambiente de incomodidad, de disgusto

o de preocupación en las Fuerzas Armadas y en las de seguridad, «que tantas veces han sentido en su

carne los atentados de la violencia, y en su espíritu, los ataques de la crítica o de la incomprensión».

Vestido de capitán genera! del Ejército de Tierra, y acompañado de la Reina, del Príncipe de Asturias y

de las Infantas, el rey Juan Carlos había besado la bandera con lágrimas en los ojos, poco después de las

12.30 horas de ayer, en el patio de armas de la Academia, como primero de una larga fila en la que se

situaban sus compañeros de estudio de hace veinticinco años. Previamente, y poco kspués de la llegada de

los dos helicópteros que habían conducido a la familia real y a sus acompañantes desde Madrid, y de que

el Rey pasase revista a 1.590 hombres formados en el patio de armas de la Academia General Militar de

Zaragoza, en un día gris y frío que amenazaba lluvia, se había celebrado una misa de campaña.

La gran mayoría de los 274 miembros de la XIV promoción de la tercera época de esta Academia,

ingresada en la misma en 1955, se hallaba también formada en lugar preferente, con uniforme de gala ya

condecoraciones. En la actualidad, todos los integrantes de la misma son jefes y oficiales de los distintos

ejércitos y fuerzas de seguridad. Todos habían jurado bandera el 15 de diciembre de 1955, cuando in-

gresaron como cadetes, en este mismo patio de armas, llamado del Caudillo.

Terminada la misa, en la > ,10 hubo homilía, el comandante de Estado Mayor, Gon/al´´ j-dríguez de

Austria y (5o; /.«¡le/., número uno di; ln XIV promoción, conocida desde hace unos años como «la

promoción del Rey», dirigió unas palabras a los presentes en las que, después tic recordar detalle le la

vida castrense de aquellos anos (los 274 cadetes salieron de la Academia en 1957 con e! grado de

tenientes), tuvo un recuerdo para el generalísimo Franco, «espejo de virtudes militares y completa lección

de disciplina», y para los veintiún compañeros muertos en estos años, uno de ios cuales, el comandante

Rodrigue/, Fuentes, «resultó muerto en un cobarde atentado terrorista, de los que tratan de romper nuestra

unidad y la de nuestra patria». Rodríguez de Austria se refirió también a la bandera, «por desgracia no

venerada como se debiera en nuestros días», y exhortó a mantener la unidad del Ejército y de la Patria.

Acto seguido se procedió a la renovación del juramento a la bandera, lo que hizo en primer lugar el Rey,

y después, el resto de sus compañeros de promoción, entre los que no se detecto la presencia del

comandante Sáenz de Ynestrilias, implicado, junto con Tejero, en la operación Galaxia, también

perteneciente a esta XIV promoción.

Hubo, a continuación, una serie de alocuciones, entre las que destacó la del general de división,

Aramendi, director de enseñanza militar, que hizo también un llamamiento a los Ejércitos para que

guardasen una lealtad absoluta a la Corona, y el director de la Academia Militar, general Luis Pínula. Este

resaltó la lealtad a la Corona, cuya serenidad y valor, dijo, se han comprobado recientemente.

Tres fueron los puntos en los que se basó el .´.iscurso del Rey: un profundo respeto al pasado, una

meditada y serena decisión en torno al presente y una consciente es-perati/.a hacia el futuro.

Respecto al pasado, «porque lo-d • cada una de ¡as páginas que, coi, sus grandezas y servidumbres,

configuran la historia de la patria», dijo el Rey, «a la que nos sentimos orgullosos de pertenecer». Serena

y meditada firmeza y decisión con respecto ai presente porque «si senos son los problemas con los que

nos enfrentamos, hoy afirmo que más seria es todavía nuestra decisión de superarnos y más firme que

nunca nuestra voluntad de alcanzar lu meta de una España que a través de una democracia verdadera

consiga su plenitud de paz, de justicia, de libertad, de progreso " de unidad».

Don Juan Carlos se refirió a que se sentía orgulloso de ser e! jefe supremo de los ejercí tos de España,

«ejércitos», dijo, «que sufren junto a iodos los buenos españoles cuando se ofende a la bandera de España

o se atenía contra su unidad; ejércitos en suma, que respetuosos con la Constitución nunca renunciarán a

llenar plenamente la misión que ésta les asigna».

El resto de las extensas palabras de! Rey (el discurso constaba de diez folios) fueron de saludo y afecto a

sus compañeros de promoción, y una arenga a las promociones de cadetes que actualmente se forman cu

hi Academia.

Informado de la liberación de los cónsules

El resto del emotivo y brillante acto militar lo constituyó la condecoración por el Rey de doce jefes,

oficiales y suboficiales. Precisamente, cuando el Rey imponía estas condecoraciones, el capitán general

de la V Región Militar (Zaragoza), teniente general Elicegui Prieto, que asistía al acto con todos los altos

mandos de dicha Región Militar, se acercó al Monarca y le siseó algo, a lo que el Rey respondió con una

amplia sonrisa de satisfacción. Posteriormente se supo que a esa hora (una de la tarde) Elicegui Prieto,

que se cuadró militarmente ante el Rey, le informó de la liberación de los tres cónsules secuestrados por

ETA Político-militar hace unos días en el l´ais Vasco.

Con el Monarca v su lamilla -don Felipe vestía ropa civil — viajaron a Zaragoza e! jefe de la Casa Rea! y

e! jefe del Cuarto Militar de! Rey, marqués de Mondéjar y teniente general Va-leii/.ucla, respectivamente,

así como el director de enseñanza de! Ejército. E1´ medios militares se comentaba I´,´ ´ncia del nuevo

ministio de [)e,.->.>sa, Alberto üliart —aún cuyndo´el acto se circunscribía a un festejo tradicional de una

promoción de la Academia— y del secretario general de ía Casa del Rey, genera! Sabino Fernández

Campo -probablemente el hombre de la máxima confian/u del Rey, el cual, a pesar de que su presencia

estaba anunciada, permaneció en la Zarzuela.

En esta Academia Militar, fundada por el general Galvis, en 1882, continuación de la Academia Militar

de Toledo, estudia en la actualidad como cadete un hijo del teniente coronel Tejero, así corno un nieto de

Franco, Cristóbal Martínez Bordiú.

 

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