Autor: Fuster i Ortells, Joan. 
   Cambios y recambios     
 
 Informaciones.    06/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CAMBIOS Y RECAMBIOS

Por Joan FUSTER

PARECE ser que, a partir de ahora, habrá una sustitución de asignaturas en los

planes de estudios

vigentes. Se trataría de suprimir algo que era conocido como «Formación Política

o «Formación del

Espíritu Nacional», y de poner en su lugar unas lecciones de "Democracia», de

«Convivencia Cívica» o

cosa por el estilo. Y es lógico, desde luego, enseñanza en cuestión, implantada

en los tiempos más

enfáticos del franquismo, se ocupaba de inculcar a tos chicos la Ideología

oficial del régimen: aquello de

«la unidad de destino en lo universal», el asunto del «Imperio», las virtudes

del "verticalismo", etc. Ya no

llegué a pasar por estas baquetas: en los dos o tres últimos cursos de

bachillerato que aprobó después

del 39, una enigmática decisión administrativa había resuelto que la gente de mi

promoción quedaba

exento de tales adoctrinamientos. Pero luego se hizo obligatorio asumirlos. Sin

resultados demasiado

positivos, creo. Los escolares esquivaban dichas clases, le es que no has

tomaban a pitorreo. El fracaso de

la operación, sin embargo, no impidió que tuviese un sólido reflejo en

plantillas matriculas y papeletas,

Con la «reforma», de todos modos, se imponía una rectificación. En ello estamos.

Personalmente, me temo que el alumnado se manifieste tan poco atento al nuevo

programa como lo fue

respecto al anterior. Quizá las aulas no sean la mejor plataforma para impartir

nociones «políticas»: en

especial, si se intenta desde encima de las tarimas profesorales. El Ministerio

del ramo, por lo que se ve,

sigue confiando en el mecanismo, y es probable que espere éxitos para el nuevo

catecismo civil a través

de la didáctica forzase. Bueno; ya se las arreglan ... Aunque, si bien se mira,

¿cómo? Me lo pregunto

por mera curiosidad» cabria imaginar una cierta buena Intención en el ánimo del

legislador. El entusiasmo prodemocrático que emana de las altas esferas del

Poder todavía he de probar su sinceridad, y en

este pequeño detalle académico -secundario, incidental- llene una «piedra de

toque» muy significativa. Un observador suspicaz habría de Insinuar un recela

Inmediato. ¿Se limita al cambio a los

«temas» que deben ser explicados a la muchachada? Por ejemplo: en vez de «la

familia, el municipio y el

sindicato», «el sufragio universal», «los partidos políticos» o «las

nacionalidades». SI el «maestra» es el

mismo, no le veo el adelanto. Y sospecho que ocurrirá así.

Puede que, en Educación y Ciencia, con vistas al referéndum y a lo demás, se

precipitasen en anunciar el

«cambio», sin calcular que un cambio de este tipo exige, sobre la marcha, un

profesorado de «recambio».

Según tengo entendido, la inmensa mayoría de los encargados de enseñar «política

en colegios,

institutos y Universidades son personas de complexión mental poco o nada

sensible a les nuevas

meterías. En realidad, si fueron designados para cumplir aquella función se

debió, sin dude, a las

garantías de ortodoxia que ofrecían. ¿Cómo podrán, pues, de la noche a la

mañana, convertirse en

pedagogos de todo lo contrario? Durante años se habían especializado en refutar

los «principios liberales», en subrayar tas malezas de la democracia

inorgánica», en postular una «Historia de España» sectaria

y alucinante, y cobraban un sueldo por ello. Lo del sueldo quizá sería lo de

menos: su vocación, visceral

mente fascista o profascista, venia a ser decisiva. Hay que tomar con

escepticismo, y más aún, con

aprensión, la hipótesis de que estos señores se acomodan al giro

«constitucional» previsto y a las

sustituciones teóricas que implica. De más verdes han madurado, por supuesto.

Sin embargo...

Ignoro hasta qué punto el propósito de «cambiar» es seguro y diáfano. Pero sólo

en el ámbito de la

«educación" (os tinglados a remover son considerablemente empecinados, de una

consistencia calcárea

que pone carne de gallina. De momento, todavía se habla poco de desmontarlos. La

tentativa

institucionalmente fascistoide de manipular a la juventud, que fue atribuida a

determinadas organizaciones del Movimiento,, no ha sido puesta en cuestión como

convendría. Lea asignaturas de

«política» eran uno de los recursos establecidos. Había, hay otros; los

«campamentos», el «servicio social

de la mujer», algunas maniobras «deportivas, «cursillos forzosos para el

Magisterio, «teleclubs»... Por

muy deteriorada y mínima que sea o esté, hoy, le confabulación, resulte

imprudente desdeñarla. En

estas trinchares, que el Estado paga —que pagamos todos—, continúan activos los

fermentos de la

autocracia aparentemente jubilada. Cada día se exhiben menos, en efecto. Siguen

ahí, con todo. Con sus

ritos, sus cánticos, sus consignas, sus percalinas, sus sermones, no

precisamente «democráticos». Son pequeños viveros «azules», contradictorios

respecto a le retórica ministerial, pero conservados, sufragados y

no sé si alentados por los Ministerios.

Ya sé que el «cambio», sí «cambio» ha de haber, y ya lo verá quien lo vea. no

puede consumarse en

cuatro días. La liquidación de le Dictadura seré lenta, sinuosa, difícil: en

parte, porque nadie se

propondrá apresurarla desde el Poder, y, en parte, porque tropezará con

resistencias numantinas,

complicadas con la necesidad de ganarse al jornal, tos «intereses creados» se

conjugan a distintos

niveles, y el "bunker» secundario, de escalafones menores, la burocracia del

Movimiento, afligida y

triste, opondré su rencor económico y su frustración emotiva. Todo un mundo de

«delegados», «jefes»,

monitores», «secretarios», «instructores», y hasta de mecanógrafas, instalado en

el parasitarismo de una

«política» que convencional mente, a través de las urnas, acaba de ser derogada,

subsistirá en la práctica,

y tardará mucho —años— en extinguirse. En las alturas la llamada clase política

en «cambio» ha

sido relativamente fácil, si vale el episodio de los votos de las Cortes a favor

del texto del «premier»

Suárez. En las bajuras, el enfoque es distinto. La otra «clase política»,

subalterna, provincial, comarcana, se apuntó al «sí» del referéndum pero dando

por descontado que nada «cambiará». Y casi nada

cambiará para ella. Soy pesimista.

El paso a la «democracia» será lo que Dios quiera, por decirlo de algún modo.

Ahora bien: mientras se

cumpla la presunta «evolución», la rémora de los ultras metidos en cargos

subalternos será el gran freno.

Eso ocurrirá en el mismísimo Madrid, pero aún más en provincias. En algunas

zonas, la amargura podrá

ser esquivada: excepciones a la regla. Si en Educación y Ciencia pretenden que

las nuevas hornadas da

estudiantes reciban Instrucción «democrática», no bastará con que den órdenes

para rectificar el «pro

grama». Y así, en lo demás. La desconfianza proverbial dice: «Los mismos perros

con diferentes

collares.» ¿Ha habido conversiones fulminantes? Las verdaderas «conversiones»

son instantáneas: la de

San Pablo de Tarso, la de San Pablo Claudel... Son anécdotas en las que tuvo que

intervenir el Espíritu

Santo con todos sus efectivos. El Paráclito no se dedica a la política... De

acuerdo: perros y collares,

como referencia. Y la prolongación espese, reticente o agresiva, del

«profesorado» de las clases de

«política», no será ninguna ayuda útil pare la lírica invitación a la Democracia

que se nos insinúa. Los

profesores no son demócratas y los alumnos lo saben: el lío es previsible. El

intento de «Instruir» democráticamente, o sea, «para la democracia», será

Imposible desde posiciones antidemócratas —y, para

empezar, antiliberales—, y eso es obvio y aún menos lo otro: que los mandamases

autocráticos y

pretorianos; prohibiendo a diestro y siniestro, constituyan un preparatorio

válido.

 

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