Autor: García San Miguel, Luis. 
   Los males y los remedios     
 
 Diario 16.    04/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

LUÍS GARCÍA SAN MIGUEL

Profesor de la Facultad de Derecho. t nnersidad Complutense de \hidrid

Los males y los remedios

El profesor San Miguel ve en la actual situación una vuelta a la vieja polémica reí´orma-ruptura

provocada por el reciente intento de golpe. Y ve también «dos maneras de interpretar los hechos y los

correspondientes remedios».

Los neorrupturistas se caracterizan, sumariamente, por lo siguiente: cargan la culpa del golpe, principal y

algunos exclusivamente, a la mentalidad franquista del Ejército, descargan a los políticos de toda

responsabilidad y, como terapéutica, proponen no alterar el rumbo de la nave (por ejemplo, no frenar el

ritmo de las autonomías y seguir combatiendo al terrorismo con medidas fundamentalmente políticas) e

imponer sanciones duras a los golpistas (a menudo se escucha la palabra «depuración»).

Los reformistas ven las cosas de otro modo y proponen distinta terapéutica: cargan sólo parte de la culpa

a los militares sublevados y la reparten con los políticos, cuyo comportamiento, si no justifica, sí explica

en cierta medida la rebelión. Y como remedio para el mal proponen sanciones «suaves» a los golpistas y

enderezar el rumbo de la nave´(especialmente en lo" referente a la política autonómica y a la antiterroris-

ta).

Si el lector conoce otros escritos míos sabrá que siento poco apego por las soluciones rupturístas.

Disciplina y respeto

Por de pronto no me parece correcto decir, como hacen algunos, que el golpe se produjo «porque los

puestos claves siguen ocupados por militares, franquistas». Que los franquistas siguen ocupando puestos

claves parece cierto, pero que a ello se deba el golpe no está tan claro. Pues, por de pronto, hay que

advertir que si un sector intentó el golpe, otro lo paró. Y tan franquista, en principio, ´era el uno como el

otro. Es posible que muchos militares simpaticen, en el fondo de su corazón, con los golpistas. Pero

también es cierto que esa posible simpatía no los ha llevado a apoyar Ja sublevación porque a todo

antepusieron su disciplina y respeto a la jerarquía (especialmente al Rey).

También es cierto, y con ello entramos en el segundo punto, que el comportamiento de la clase política

puede influir, dando pretextos o disuadiendo, a los golpistas. No queremos decir que dos políticos tienen

la culpa del golpe» como afirman algunos. Pero parece cierto que, aunque la rebelión no esté justificada

en ningún caso, lo que hagan los políticos tiene alguna influencia sobre lo, que hacen´ los militares. Espe-

cialmente eh nuestro caso.

Los ingleses

^Algunos dicen que- los militares ingleses tienen terrorismo y no son golpistas, pero hay que tener cui-

dado con estás comparaciones superficiales. Pues es evidente que nuestro Ejército no es como el inglés y

sus reacciones no pueden ser idénticas. Desconocerlo sería grave ingenuidad.

Nuestro Ejército, formado en el franquismo/ve con preocupación al menos dos de las cosas que se están

produciendo: las autonomías y el terrorismo, tan vinculado a ellas. Y algunas otras cosas que pasan no

sólo le preocupa, sino que probablemente le irriten. Por ejemplo, parece seguro que ve con profundo

disgusto cosas como éstas: que la bandera española no figure en lugar preferente en las comunidades

autónomas; que los redactores de la Constitución hayan introducido en ella el término «nacionalidad»,

que puede ser fuente de confusiones y de usos de sentido separatista ; que unos políticos que

aspiran a formar Gobierno tengan especie de alergia a pronunciar el nombre de España y a hablar de la

nación española.

¿Se hubieran sublevado algunos -militares si el Gobierno (y la oposición, que en eso andan parejos)

hubiera tenido un proyectó claro y razonable de reestructuración autonómica? Cabe, por lo menos, dudar-

lo. Con lo cuai venimos a lo de los remedios.

La clase política ha de cambiar de rumbo, en muchos sentidos, y la mejor prueba de que ha de cambiar es

que ya está cambiando. No hablo ahora de su posible calidad ni honradez. Hablo de que, en la política

autonómica, han de disipar muchos equívocos y ser capaces de formular de una vez .unas lineas de

actuación, acabando con el poco edificante espectáculo ,de una reestructuración del Estado (no de la

nación) emprendida sin un proyecto definido. Parece que se va a adoptar la política de la igualdad ´ de

trato para todas la´s regiones.

Muy bien; pero entonces convendría ir pensando en eliminar de la Constitución

la palabra «nacionalidades», que, si no sirve de nada, como piensan algunos, debe ser suprimida, y si

sirve de algo, debe serlo con mayor motivo por su carácter discriminatorio.

El caso del terrorismo es algo´ distinto y no podemos tratarlo ahora por extenso. Digamos, al menos,

algunas cosas; es cierto que el régimen anterior tuvo ese problema y que una dictadura militar

posiblemente lo seguiría teniendo (aunque habría que discutirlo con detenimiento). Pero eso no sirve de

consuelo. Lo cierto es que la democracia lo tiene y que ningún régimen (democrático o dictatorial)

soporta fácilmente el deterioro a que el terrorismo le somete.

Es posible que una política «blanda», como la seguida por Suárez, fuera más eficaz (pronto lo sabremos),

pero no cabe duda de que el ;Ejército no comprende fácilmente esa política (cuyos resultados sólo se

verían, por lo demás, a largo plazo) y que tampoco la comprende un amplio sector de la población. Una

línea de mayor «dureza» parece indispensable.

La «depuración»

Y, para terminar, algunas consideraciones sobre la «depuración» del Ejército. No cabe duda de que los

culpables del intento de golpe han de ser castigados, pero me parece que debemos tener también en cuen-

ta algunas cosas: por de pronto, que los cuadros ´ militares no se improvisan y que hay que contar con lo

que hay.

El propósito neorruptú-rista de poner demócratas al frente de los puestos de responsabilidad suena bien,

pero es difícilmente realiza-ble. ¿C-ómo^ hacerlo? ¿Estampillando generales? ¿Qué hacer con los mandos

intermedios, entre los que, a menudo, se gestan ios golpes?

Por lo demás, conviene no olvidar que al Ejército pertenece Tejero, pero también Gabeiras, Alfaro y

Sabino Fernández. Y, en cualquier caso, parece conveniente que no ocurra aquí corrió con las

autonomías: cualquier reestructuración que se emprenda deberá ir precedida por un proyecto claro de lo

que se quiere hacer.

Ño vaya a ocurrir-que los reestructuradores. se lancen al mar sin haber comprobado previamente si saben

nadar. Y habrá que tener especial cuidado de que el Ejército no se divida, pues, en definitiva, parece

preferible un mal. golpe a una buena guerra civil.

 

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