Autor: González-Haba, Vicente Mª. 
 Los nuevos signos de la burocracia española (II). 
 Sincronización     
 
 Informaciones.    28/12/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Los nuevos signos

de la burocracia española (II)

SINCRONIZACIÓN

Por Vicente Mª GONZÁLEZ-HABA

Si la Función Pública, como decía ayer, deberá Institucionalizarse, en

correlativa simultaneidad habrá de

alcanzar también en el futuro unas cotas aceptables de sincronización que haga

de ella un conjunto

cohesionado, compacto y permeable.

Con referencia a la Administración Central o del Estado, vuelve a surgir el

problema del excesivo número

de Cuerpos de funcionarios. Como ha escrito el sociólogo Carlos Moya, «el Cuerpo

de funcionarios

aparece como una sólida unidad burocrática protagonista de una dinámica de poder

que amenaza, con su

estrategia particularista, toda pretensión de racionalización unitaria del Poder

público», y, por mi parte, no

dudo en afirmar que una Función Pública como la adscrita a la Administración

Central que suma

alrededor de doscientos Cuerpos no sólo está desprovista de la más elemental

sincronización funcional y

operativa para su buen hacer administrativo, sino que además acaba siendo

prácticamente

«ingobernable».

Si la Función Pública estatal no está articulada ni sincronizada, mucho menos lo

están la que sirve en el

mundo intrincado da los organismos autónomos y Ni que depende de las

Corporaciones Locales. En los

primeros, bastará con recordar que cada Organismo Autónomo cuenta con su propio

personal, con lo que

al panorama de servidores públicos incorporados a la Administración

Institucional o Autónoma resulta

espectacularmente heterogéneo y, por supuesto, de muy dudosa eficacia y

racionalidad. Y por lo que se

refiere a Ayuntamientos y Diputaciones, con excepción de los Cuerpos nacionales

(secretarlos.

Interventores, depositarlos y directores de Banda de Música) que pueden ser

destinados a sucesivas

.(Pasa a la psg. siguiente.)

Los nuevos signos de

a burocracia española

(Viene de la, pág anterior.)

Corporaciones, el resto de los funcionarios locales, que son la gran mayoría,

depende única y

exclusivamente de la entidad local en cuya plantilla ingresaron los propios

Interesados

En nuestra burocracia pública pues brilla por su ausencia la unidad, la

permeabilidad, la sincronización en

cada uno da los grandes colectivos que la Integran.

Y el desajuste es todavía mayor si lo qua se postula es un tránsito de los

funcionarios del Estado a la

Administración Local o a la inversa; o si lo que se pretende es un intercambio

de funcionarlos de

Organismos Autónomos a Ayuntamientos y Diputaciones o a la inversa La

compartimentación de la

Función Pública española es tan rotunda que prácticamente yugula las

oportunidades de trasvase de

personal de una Administración a otra y sólo las contempla para casos muy

determinados

Mirando al futuro, las innovaciones a Introducir han de ser atrevidas y audaces

sí se quiere Implantar una

Función Pública dinámica, flexible y ajustada en sus diversos engranajes y

mecanismos Bato esta

perspectiva, se impone una reducción drástica del número de Cuerpos de

funcionarios en la

Administración Civil del Estado; rechazándose de plano el criterio, superficial

y erróneo, de los que ven

la panacea de cada uno de los males de la Administración española en la creación

de tantos Cuerpos como

sean los males a erradicar y de lo que es paradigmático ejemplo la todavía

reciente creación, en el

Ministerio de Hacienda del Cuerpo Especial de Gestión Tributaria Habrá que

reforzar y amplificar la

ínterministerialidad de todos los funcionarios para que puedan pasar de un

Ministerio a otro según las

necesidades de los servicios en cada coyuntura, e igualmente se deberé

posibilitar al máximo la «ínteradministracionalidad» para que dicho trasiego no

sólo sea de un Departamento a otro, sino además de una

Administración a otra. Y finalmente, en esta orientación encaminada a facilitar

las transferencias

de personal habrá que pensar en la comunicabilidad entre el personal público y

e* personal privado, de

manera que se produzca una convergencia fecunda entre las dos partes implicadas.

LABORALIZACION

Otra nota que va a conformar la Función Pública venidera y que ya se adivina

cada vez con mayor

firmeza, al Igual que sucede en otros países de Europa, es la laboralización de

nuestros funcionarios

El fenómeno de la aproximación del régimen legal de los servidores públicos y de

los asalariados

privados es reconocido por la mayoría de lo autores. Etianne Ayoub. entre otros,

escribe lo siguiente: «En

efecto, se constata desde hace algunos años una aproximación de la situación de

derecho privado con la

de los agentes de la Función Pública: en particular, un cierto número de

ventajas, vacaciones, estabilidad

en el empleo, en otro tiempo patrimonio de los funcionarios, han sido acordadas

para los asalariados de

derecho común. Inversamente, los agentes de la Función Pública han conquistado

otros derechos: derecho

sindica! y derecho de huelga que antiguamente no pertenecían más que al mundo

profesional.» De modo

explícito, en un campo tan tradicionalmente peculiar de la Función Pública como

es e1 de tas

retribuciones, la doctrina se cuestiona si los salarios públicos deben dejar de

ser en expresión de Jean-Paul Cortheoux un «fenómeno sociológico, original y

auto nomo» para pasar a regirse por idénticas

normas que las que Imperan en industrias y empresas privadas A Juicio del autor

citado, a medida que el

concepto tradicional de la autoridad gubernativa sobre los funcionarios cede

paso a una actitud más

democrática, los funcionarios están cada vez más asociados, por vía de

negociaciones, a la determinación

de su salario y de sus condiciones de empleo

Pulsando valorativamente la nueva situación, no debe sorprender que se tienda a

llama trabajador a

quien sirve al Estado y que se hable de la «proletarización» de la Función

Pública. Como tampoco debe

extrañar que estemos presenciando un lento pero imparable deterioro del

prestigio del funcionario, a

diferencia de tiempos pasados en los que, cobijado por la aureola suprema del

Estado, aparecía

encumbrado en el pedestal de la estima social Ahora el funcionario no se

autovalora tanto como un

representante del Estado y un protagonista de su autoridad, sino más bien como

un empleado y como un

simple trabajador del mismo; con lo que realmente, está aconteciendo que el

servidor público, a la vez

que niega su subordinación al Estado-jerarquía se coloca frente al Estado-

patrono en la misma posición

que el asalariado respecto a su patrón* o empleador.

La senda abierta ha de conducir a una homologación social y laboral del personal

público y privado, de

manera que en ambos ámbitos, no perduren más que los particularismos y las

diferenciaciones imposibles

de superar En ; todo lo demás, la identificación es un proceso en marché al que

sólo se oponen quienes

pretenden vivir de espaldas a la dinámica social o siguen aprisionados en

ideologías elitistas y

privilegiadas

Resumiendo, cabe afirmar que a la Función Pública en adelante ríe corresponderé,

de un lado, renunciar a

privilegios, predominios o ventajas que no encuentran hoy razón de ser en

materias como fa jornada

laboral, el grado de dedicación profesional, etc.. y de otro instar de los

poderes públicos que su régimen

jurídico sea equiparado al de los asalariados en aspectos tan vitales como son

el de las retribuciones, la

sindicación libre y democrática, el derecho a (a huelga el disfrute de la

Seguridad Social y el ejercicio de

los derechos y libertades públicas En estos últimos puntos se centra, y se

centrará todavía más en el

futuro. el movimiento reivindicativo de los funcionarios españoles dispuestos a

conquistar unos derechos

que estiman primarios y elementales para el perfeccionamiento del marco legal en

que ejecutan sus

actividades :

 

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