La brutal escalada terrorista. Tres militares, muertos, y más de diez transeúntes, heridos. 
 El teniente general Valenzuela, jefe del Cuarto Militar del Rey, gravemente herido en el atentado en Madrid     
 
 El País.    08/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

La brutal escalada terrorista

Tres militares, muertos, y más de diez transeúntes, heridos

El teniente general Valenzuela, jefe del Cuarto Militar del Rey, gravemente herido en atentado en Madrid

El teniente general Joaquín de Valenzuela, jefe del Cuarto Militar de la Casa del Rey, resultó herido de

gravedad ayer en Madrid, en un atentado que costó la vida a su ayudante, el teniente coronel Guillermo

Tevar Saco, al suboficial de escolta Antonio Nogueira García y al soldado conductor Carlos Rodríguez

Taboada y produjo más de diez heridos entre los transeúntes,.

El atentado, cuarto cometido desde el intento de golpe de Estado del pasado 23 de febrero y realizado 72

horas después de que muriera asesinado el general González de Suso, presuntamente a manos de los

GRAPO, causó preocupación en medios políticos y militares.

Basilio Vega, escaparatista de la peletería Difumoda, en la calle de Conde de Peñalver, 5, había terminado

finalmente de distribuir el muestrario en las perchas de exposición. A las 10.30 horas, cinco segundos

después de acondicionar la última pieza, decidió salir a la acera para comprobar el efecto final. Su

aparición coincidió con lo que muy bien podría considerarse una escena habitual en la calle: el semáforo

que regula el tránsito en la cercana intersección con Alcalá se ponía en ámbar; cuando los conductores de

los automóviles frenaban, los peatones entraron en la calzada en un acto reflejo. Al fondo, más allá de la

cabina telefónica, ahora desocupada, se veían a intervalos dependientes de comercio, clientes y paseantes;

en primer plano estaban los coches o, mejor dicho, dos coches negros, evidentemente ofrciales. Delante,

un Dodge Dart, matricula ET-00017, con el banderín de tres estrellas de cuatro puntas; detrás, un Seat

124; sin duda se trataba de alguna personalidad militar.

A las 10.40 horas en punto, una motocicleta, negra también, según los testigos, roja, según la policía, se

adelanta entre las filas de automóviles, sin duda para ganar un primer puesto en la salida cuando se

encienda et disco verde.

Pero de repente ocurre algo contradictorio, inesperado, en lo que parecía ser la más estricta normalidad: el

piloto de la motocicleta frena por un instante frente al Dodge-Dart y, como un mecanismo d,é relojería, su

acompaña´hte se afirma en el transportín y deja un envoltorio, al parecer en una bolsa de deportes, sobre

la sección anterior del techo; un envoltorio deplástico con los colores de Él Corte Inglés. El piloto de la

motocicleta acelera violentamente y rebasa el paso de peatones con el disco en rojo, a quien dio paso el

guardia municial del eructen las calles-Goya y Alcalá, justo cuando una violentísima explosión sacude la

calle. El paquete abandonado "sobre el Dodge oficial era una bomba. Contenía metralla y estaba formada

por clorato potásico y polvo de aluminio, entre otros elementos. El artefacto perforó el techo del coche

oficial: como en una pesadilla, toda la chapa de la carrocería se deforma; un boquete de un metro de

diámetro se abre en el lugar donde había sido depositada la bomba. Decenas de piezas de metal se

proyectan hacia el interior dei automóvil y hacia los alrededores. El teniente general Valenzuela, su

ayudante de campo, teniente coronel Tevar Saco, el suboficial Antonio Nogueira y el soldado-conductor

Carlos Rodríguez, los .ocupantes, probablemente, no han podido advertir nada. Según parece, un coche de

los llamados Zeta de la Policía Nacional, que seguía al vehículo de los militares, reacciona y sus

ocupantes disparan las metralletas, según informaron a EL PAÍS testigos presenciales. La metralla

proyectada de la explosión del vehículo militar derribó a Basilio Vega ante el escaparate de la peletería de

la que es encargado, abre diez pequeños orificios en una de las lunas y ocho en otra; destroza

sucesivamente los cristales de todos los miradores y ventanas entre la acera y el tejado de los edificios de

ía manzana, en los números 3 y 7 de los edificios de Conde de Peñalver. El parabrisas del coche-escolta y

de algunos otros vehículos también son reducidos a esquirlas. Caen varios peatones-. Una columna de

humo se eleva desde el techo del Dodge. Los empleados de un comercio de electrodomésticos llegan con

los extintores. Aparentemente, los cuerpos de los viajeros están destrozados. Las gorras militares, los

zapatos y la sangre se descubren fugazmente entre las nubes y la espuma.

Superada la estupefacción, varios testigos vuelven la cabeza hacia la moto de los terroristas: modelo

Vento, color rojo, es una Ducati 350, con claves de matrícula M-9582-CF, que escapa a través de la calle

de Narváez. Los ocupantes van vestidos con chaquetillas de cuero negro. Desaparecen.

El vecindario se arremolina en el nacimiento de la calle. Medio centenar de personas grita: «¡Ejército, al

poder!, «¡Tejero, libertad!» y corean «La policía, con Franco no moría». Llegan coches y furgones de la

Policía Nacional. El patrullero Zeta ha sido también alcanzado por la metralla, tiene la ventanilla

posterior destrozada. Los rumores se transmiten incesantemente. Media hora después del atentado,

mientras van y vienen agentes con metralletas, caen los primeros ramos de claveles sobre los charcos de

sangre, las gentes aventuran noticias que rápidamente se deforman y se dividen, como la carrocería y los

cristales. Son los últimos destrozos del atentado, mientras los heridos son trasladados a centros

hospitalarios.

El clima dé tensión se hizo creciente a partir de mediodía. El grupo de jóvenes y manifestantes que

permanecían junto a la salida del metro de Goya comenzaron a cantar, con el brazo e" alto el Cara al Sol

y, posteriormente, gritos de «Asesina democracia».

La Policía Nacional y la Policía Municipal montaron un gran dispositivo desde los primeros minutos del

atentado. Un furgón recogía a las 11.40 horas el Dodge, objetivo de los terroristas, donde aún se

encontraba el cuerpo del infortunado conductor, que había sido tapado con una manta. En los primeros

números de viviendas de Conde de Peñalver se observaban los efectos del atentado, que afectaron princi-

palmente a ios escaparates de las tiendas próximas y a los cristales de los pisos.

Los servicios municipales limpiaron, una vez desalojado el coche del teniente general, las huellas del

atentado y a las 12.10 horas quedaba restablecida lacircuiación perla calle del Conde de Peñalver. En las

calles próximas, donde habitual-mente permanecen vendedores ambulantes, a través de sus transitores,

numerosas personas seguían la puntual y permanente información de las emisoras de radio, que ayer

volvieron- a demostrar la influencia de- dicho medio. Una vez restablecida la circulación, los

manifestantes se disolvieron a petición de las fuerzas del orden.

En la zona del atentado, cruces de calles entre Conde de Peñalver, Goya y Alcalá, quedaron numerosos

vehículos de la Policía Nacional y miembros del cuerpo que patrullaban por las zonas próximas.

 

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