La brutal escalada terrorista. Los Reyes, el Presidente del Gobierno y otras personalidades visitaron la capilla ardiente de los militares asesinados.. 
 Impresión optimista tras la intervención quirúrgica al teniente general Valenzuela     
 
 El País.    08/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

La brutal escalada terrorista

Los Reyes, el presidente del Gobierno y otras personalidades visitaron la capilla ardiente de los militares

asesinados

Impresión optimista tras la intervención quirúrgica al teniente general Valenzuela

El Gran Hospital y el Hospital Provincial de Madrid, antes Francisco Franco, registraron ayer una intensa

actividad. En el primero de ellos fue internado y operado el teniente general Valenzuela y se registraron

las visitas de importantes personalidades, entre ellas la Reina y el presidente del Gobierno. Tras más de

seis horas de intervención, la impresión era optimista. Al Hospital Provincial fueron trasladas las restantes

víctimas del atentado, excepción hecha del soldado, que hacía las veces de chófer, y que resultó

destrozado.

Los otros dos ocupantes del coche ingresaron ya cadáveres y fueron trasladados inmediatamente al

Hospital Militar Gómez Ulla. Los Reyes y el presidente del Gobierno visitaron a última hora de la tarde la

capilla ardiente por los militares asesinados, instalada en el Pardo.

No habían pasado ni diez minutos de la explosión cuando llegó al Gran Hospital una ambulancia con ,un

policía y un herido, el teniente general Valenzuela. Un estudiante de sexto de Medicina fue el primero en

atenderle y, según ,explicó más tarde, el general estaba consciente y relativamente tranquilo, aunque tenía

la ropa destrozada y empapada de sangre. Se le apreció una importante herida en «1 flancp izquierdo, con

entrada de metralla en los intestinos y sin salida del paquete intestinal. No estaba afectado el tórax, pero

presen-¿aba lesiones importantes en un codo y una rodilia, así como en el cuero cabelludo.

La operación fue llevada a cabo por el doctorLarraga, ayudado por los doctores Montero y Candía,

especialistas en medicina digestiva. Inmediatamente fueron adoptadas importantes medidas de seguridad

en el hospital, hasta el punto de que un empleado comentaba: «No se fían ni de las batas blancas». Fue

prohibida la entrada de los medios informativos y en la puerta principal, en la calle de Diego de León, se

formaron corros de curiosos, gran parte de ellos de ideología fascista, que dieron en algunos momentos

vivas a Tejero y lanzaron otros gritos en la misma línea. No faltó algún incidente aislado entre los

curiosos de extrema derecha y los representantes de los medios de información.

A las 12.50 horas llegó la Reina, acompañada del jefe de la Casa del Rey, marqués de Mondéjar, y otros

cargos.,En sus.ojos se ppdían apreciar algunas lágrimas. §e detuvo un momento junto a la ambulancia en

la que se encontraba el cadáver del teniente coronel Tevar, que estaba aparcada frente a la puerta principal

y, tras abrazar a los familiares de éste, entró en el hospital, entre gritos de «¡Viva la Reina!». Visitó en la

cuarta planta a-la esposa del teniente general y veinte minutos más tarde salió de nuevo, aclamada otra

vez por los grupos de curiosos. Por contra, el alcalde de Madrid, Tierno Galván, escuchó gritos de

«¡Huera, fuera!». Otras personalidades que visitaron el hospital fueron el general Gabeiras Montero; el

jefe del Estado Mayor del Aire, Emiliano Alfaro; los ministros de Defensa y de Trabajo, Alberto Oíiart y

Sancho "Rof, y el teniente general Gutiérrez Mellado. El presidente del Gobierno, Calvoi Sotelo, llegó a

primeras horas de la tarde. A su salida no quiso hacer declaración alguna. También visitaron el hospital

los miembros de la ejecutiva socialista Javier Solana y José Federico de Carvajal, y a última hora de la

tarde lo hizo igualmente el presidente del Congreso, Landelino Lavilía.

A las siete^de la tarde, el director del hospital, doctor Alfonso Orue-ta, compareció ante los informadores

en conferencia de Prensa, para exponer el estado del teniente general: «Soy optimista, porque no hay

órganos vitales dañados, aunque el estado actual del herido es muy grave», manifestó. «Lo que más nos

ha alentado ha sido observar que no existían lesiones en el tórax, ni en el sistema nervioso». Informó que

la operación duró seis horas y 45 minutos.

A última hora de la tarde fue hecho público un extenso parte médico, que detallaba todas las lesiones del

teniente general*e incluía un relato de la intervención. Las lesiones apreciadas fueron: herida inciso

contusa c.pn,pérdida de sus^ tandas, de lUnos cinco centímetros; en hipocondrip izquierdo, a nivel de la

décima costilla, penetrante en el abdomen; herida inciso contusa con pérdida de sustancia en región axilar

izquierda; herida inciso contusa en región lateral derecha del cuello y múltiples heridas por me. tralla en

miembros superiores e inferiores, afectando especialmente,al brazo y pierna derechos.

Al Hospital Provincial fueron trasladadas las restantes víctimas, con la única excepción del soldado que

conducía el coche, que quedó destrozado y fue llevado directamente, en el interior del mismo, al hospital

Gómez Ulla.

El teniente coronel Tevar Saco y el cabo Noguera García, que junto con el conductor y el teniente general

se encontraban en el interior del coche, ingresaron ya cadáveres, y sus cuerpos fueron enviados al hospital

Gómez Ulla. Se registró además la entrada de tres heridos graves. El más grave era Basilio Vega Gallego,

empleado de la peletería Difumoda Piel, S,u estado producía especial inquietud. Tenía traumatismo

craneal encefálico, gran herida orbitaria derecha, herida en la base del cuello y shock traumático.

Paula Corchado había sido intervenida de una herida de,metralla en el cuello y presentaba traumatismo de

tórax. Estaba, ingresada en reanimación. , ,. ¡. ? Manuel Matey Bande, con herir da en pared costal y

heir^tórsú izquierdo, de pronóstico grave, y herida contusa en el brazo izquierdo, fue intervenido

quirúrgicamente y trasladado después a una habitación del centro, donde recibió a algunos informadores.

Se trata de un hombre de unos cincuenta años, soltero, que transitaba por la calle en el momento del

suceso: «Había bastante gente en la acera y tuve que acercarme a la calzada para pasar. En ése momento

sonó la explosión, vi caer a mucha gente y destrozos en los cristales, e incluso alguna cabina de teléfonos

por el aire». Estaba tranquilo, acompañado de tres familiares, y enjuició el hecho: «Supongo que todo esto

tiene motivaciones políticas que yo no conozco. Yo soy enemigo de la política. De los partidos políticos

pienso lo mismo que de los partidos de fútbol: no me interesan». Pedía más vigor en la lucha contra el

terrorismo: «Supongo que los mismos que han hecho la Constitución podrán reformarla, y pienso que la

pena de muerte podría solucionar algo este estado al que han llegado las cosas. Hace falta más vigor en la

lucha contra el terrorismo, y si quieren que yo dé el pecho; que ya lo he dado, iré donde sea. Pero que no

digan que esto es cosa de seis o siete locos, y que dejen de salir los ministros por la tele para decir cuatro

cuentos».

Otras nueve personas fueron ingresadas en el hospital con heridas leves, y fueron dadas de alta rápi-

damente; se trata de Pilar Sanz Veguillas, el niño Javier Apestegui Infiesta, su hermano, Julio Jorge

Apestegui Infiesta, María Melito-na García García, María Montserrat Malo Arrondo. Luis Hinpjosa

Fernández, Víctor Fernández Or-tiz, Dolores Infiesta Díaz y Ángel Vizcaíno Alba.

Los cadáveres del teniente coronel Tevar Saco, del cabo Antonio Nogueira y del soldado Carlos

Rodríguez Tabeada, fueron trasladados ayer tarde desde el hospital militar Gómez Ulla al Regimiente de

la Guardia Real de El Pardo una vez que les fue practicada h autopsia. En dicho regimiente quedó

instalada la capilla ardiente desde las siete de la tarde. Est* mañana,, a partir de las once, sen oficiado en

el mismo acuartelamiento eífuneral por. los tres fallecidos, y .postejiorrnente. se pípce,-derá aíentierrp de

los cadáveres.

 

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