Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   Terrorismo y democracia     
 
 ABC.    08/05/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OPINIÓN

ABC/5

Terrorismo y democracia

Machaconamente se nos dijo qué el terrorismo era una protesta contra el régimen del 18 de julio y que

acabaría en cuanto tuviéramos un sistema pluripartidista. Mentira. Lo cierto es que el terrorismo no ha

cesado de crecer después del cambio político. Se nos dijo, hasta la ronquera, que el terrorismo^ era una

reacción contra el centralismo castellano y que se extinguiría al reconocerse nacionalidades y otorgarse

autonomías. Mentira. La verdad es que desde la aprobación de los Estatutos se ha recrudecido y extendido

el terrorismo. Se nos dice ahora, con la monotonía de una consigna, que el terrorismo pretende derrocar la

democracia parlamentaria e instar al Ejército a establecer un régimen de autoridad. Esta afirmación es tan

falsa como las anteriores y, además, vil.

Los confesos protagonistas del terrorismo, los que reivindican BUS acciones, son la ETA y el GRAPO. El

programa oficial de la primera es la creación de un Estado marxista vasco, una especie de Albania racista.

Asesinó al almirante Carrero Blanco, que no era ningún símbolo del parlamentarismo partito-crático,

ahora presuntamente amenazado. El enemigo de la ETA no son, pues, ni las instituciones autoritarias ni

las liberales: es el Estado español en cuanto tal. Es falso que el móvil sea derrocar esta democracia; es

demoler el Estado español, sea cual fuere su fórmula constitucional. Ni engañemos ni nos engañemos,

porque no serviría para nada bueno; al contrario.

GRAPO significa Grumos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre. Por propia definición los

demócratas son antifascistas y, hasta ahora, no ha habido quien se autocalifi-que de antifascista y no se

presente también como demócrata. El GRAPO, según su propia denominación, no es antidemocrático.

Muchos hombres dé esta organización han sido identificados y aún juzgados y condenados, y el carácter

izquierdista de todos ellos es rotundo e irrefragable. Su objetivo no es, como ahora se nos repite, minar

esta democracia; es resquebrajar el principio de autoridad, independientemente de su signo ideológico, y

generalizar el malestar social sin distinción de clases. Ño ataca a una forma de gobierno, sino al Estado.

Atribuir a este grupo el propósito de estimular la formación de un Gobierno militar en España sería un

simple despropósito si, además, no fuese un insulto a las Fuerzas Armadas suponerles tal aliado.

Tanto la ETA como el GRAPO golpean preferentemente a los Ejércitos. Serían suicidas si pretendiesen

fomentar así la toma del poder por aquellos a quienes hostigan, y que son, por añadidura, los más

capacitados para hacerles frente. El terrorismo no es derechista, como aviesamente acaba de afirmar un

dirigente del comunismo español; es típicamente izquierdista en su etiqueta y en su programa. Y el

terrorismo ne es militarista, como bordonea el coro de inspiración marxistoide, sino frenéticamente

antimilitarista.

Estamos ante una campaña de mendacidad tan desenfadada que parece presuponer la subnormalidad

mental del pueblo español. ¿Qué se pretende con estas monumentales falsificaciones? ¿Asociar a las

Fuerzas Armadas con el terrorismo y desprestigiar una de las pocas instituciones con que todavía cuenta

la sociedad española? ¿Defender a los terroristas presentándolos como avanzadillas del Ejército?

¿Afirmar que eí modelo democrático vigente es más importante que el Estado y que España? ¿Envilecer y

acusar de terrorismo, como ya hizo en triste ocasión un popular humorista, a quienes creen que la

Constitución vigente no es viable y que debe ser reformada? ¿Hacer del terrorismo el chivo expiatorio de

los errores de otros? ¿Convertir el creciente deterioro nacional en combustible para consumir aún más al

Estado y para reanimar a los responsables de la dramática-crisis que padecemos? Resulta muy difícil der

terminar cuál de estas infortunadas hipótesis es peor.

Esta falsedad no es la primera, ni siquiera la de mayor volumen; es la más reciente entre las muchas de

ámbito nacional con que se viene martilleando los oídos de nuestro pueblo. La política no puede

sostenerse de la mentira, porque cabe engañar a algunos durante algún tiempo; pero no a todos y siempre.

La mentira social continuada provoca primero el desencanto, luego la frustración-y finalmente la ira, Es

una dialéctica que nuestro país ha conocido varias veces desde la Constitución de Bayona. Ahora estarnos

rebasando la segunda fase y aproximándonos a la i de la cólera. Para detener este proceso hay que frenar

la fuga de la clase dirigente hacia la manipulación mendaz, hay que retornar a la realidad y decir a los

españoles la verdad.

Una verdad es que muchos se han equivocado o han mentido, con lo que han perdido la credibilidad y ¡a

legitimidad, y si algo hay que cambiar deberían hacerlo los que hari acertado y han sido sinceros. Otra

verdad es que está democracia es una de las muchas posibles, se ha construido mal y hay que reformarla.

Una verdad no menos importante es que hoy el problema nacional prioritario no consiste en defender esta

democracia, como afirma el círculo de sus autores y administradores, sino en defender a los españoles y a

su Estado. Y otra verdad, acaso la más penosa, es que los terroristas que, con el beneplácito de algunos y

.el perdón´ de muchos, empezaron siendo los banderilleros de nuestra piel de toro, no son los, que la están

llevando a las tablas, sino los que aspiran a apuntillarla.

Durante el último quinquenio, para mantener a flote el globo del cambio político, no ´ha cesado de

lanzarse bagaje estatal por la borda: amnistías, autonomías, la pena de muerte, equipos humanos,

capitales, autoridad, dignidad histórica, valores nacionales y éticos, etc. Ahora parece que se pretende

arrojar al Ejército. ¿Qué acontecería si en la barquilla desmantelada y desarmada sólo1 quedase la letra

intacta de la Constitución? Ésa sería la hora del triunfo terrorista, porque su víctima propiciatoria no es

una democracia; es el Estado.—Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA.

 

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