Autor: Urbano, Pilar. 
   España no puede agonizar     
 
 ABC.    08/05/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

NACIONAL

ABC/9

Hilo directo

España no puede agonizar

El puño de hierro ha actuado. Desde las seis de la tarde de ayer, hasta las nueve de la noche, se aplicó la

orden de acuartelamiento dé tropas en todas las unidades de guarnición de Madrid. La orden, dada por el

capitán general Quintana Lacacci, coincidía en el tiempo con tas reuniones dé alto nivel militar que se

celebraban en Vítru-bio, 1, sede de la Junta de Jefes de Estado Mayor, y en Prim, 8, palacio de Buena-

vista, donde el general Fontela, segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, conferenciaba con todos los

generales jefes de las divisiones del E. M. E. La explicación, recibida por télex, era meridiana: «Esta

medida ha sido adoptada ante la ofensiva terrorista contra-miembros del Ejército y para prevenir posibles

nuevas acciones violentas contra personal y dependencias militares.»

Desde primeras horas de la tarde tuvieron noticias de testigos viduales: «Hay tropas motorizadas en

marcha por la carretera de Extremadura»... «Avanza una columna de Policía Militar por la calle de María

de Molina»... «Hay militares concentrados en la puerta del Sol... parecen oficiales...» Empezó el baile de

los´teléfonos. Del Cuartel General del Ejército obtuve una .explicación que encajaba con los hechos: «Se

trata de unidades de la XI Divi: sión que regresan a Vieálvaro, y vienen de hacer maniobras en La Venta

de la Reina... La columna de la Policía Militar también vuelve de ejercicios de tiro y se dirige a su

acuartelamiento en El Pardo.» Los militares de la Puerta del Sol eran, al parecer, alféreces provisionales

en manifestación de protesta antiterrorista. Y los apresurados retornos a los cuarteles, obediencia

inmediata a la orden de Quintana Lacacci. Los españoles, a estas alturas, ya sabemos que esto se llama

«operación Diana» en la fase «alerta sin alarma». Era de esperar.

A raíz del golpe del 23-F, la clase política había reaccionado con cordura y con tiento, bajo la imborrable

impresión de las embocaduras negras de los «cetmes» en el Congreso, cuartel general de la democracia; y

con clara conciencia de su impotencia y su fragilidad. Pero los activistas del terror entraron a saco por el

reguero de ceses, dimisiones, relevos, arrestos, procesamientos... y sospechas de implicación golpista

entre sus mejores hombres, entre sus más ilustres jefes. Y el «spray» de la muerte, el tiro en la nuca o el

paquete de goma-2 se cebaron certeros |oira vez, Dios! en la carne más herida: la familia militar.

¿Que está ocurriendo? ¿Qué podrida suerte tenernos lo´s españoles?

El Parlamento aquí, en esta democracia parlamentaria, ya no es un poder. Abre brechas morales decirlo,

pero es así. Un Parlamento que se desafora en plenos de imprudencia política, clamando por la muerte del

terrorista «señor Arregui», chantajeando votos a una investidura que era vital sacar airosamente, y cuanto

antes, regateando cicateramente medidas antiterroristas, o negando a la Justicia el suplicatorio contra un

Sagaseta, trueno demencia! y perturbador de la Cámara que reparte panfletos amarillos de soflamas

antiLegión en el momento más inoportuno... un Parlamento que parece ciego y sordo ante lo que un

pueblo desencantado, y atemorizado ya ni se atreve a reclamar, es ...un parlamento inútil. Y aquella noche

de los tricornios («¡todos al suelo! ¡Se sienten, cono!») ese Parlamento «ncañonado y humillado supo, sin

vuelta ´de hoja, que se había acabado su fiesta. Que su poder era... infinitamente más endeble que el

charol de un tricornio.

¿Los partidos? ¿Qué fuerza de arraigo social pueden tener los partidos cuando pasan las horas y los días

en chacharas internas de «análisis de la situación» ¡¡sin parir jamás una sola solución!!? ¿Qué capacidad

dé convocatoria van a desplegar sus líderes, hundidos hasta el cuello en sus .personales apetencias de

poder, cuando no ensimismados en la meditación «ombliguista» de sus problemas internos? ¿Qué hacían,

ayer mismo, los partidos mientras España se estremecía con los nuevos asesinatos? «Casualmente», UCD,

PSOE, PGE... mantenían reuniones de sus ejecutivos y comités centrales, sólo interrunv pidas para recitar

por enésima vez la cantilena del «condenamos enérgicamente...».

Las centrales sindicales... ¿qué pueden, sin, el concurso mutuo con las empresas, con el capital... que fue

el primer egoísta presto á la fuga?

¿El Gobierno? El Gobierno de los mismos hombres de ayer y anteayer, ¿qué renuevos de esperanza puede

entregar al país? ¿Qué garantías de eficacia? ¿Qué contraseña de estar dispuesto, en serio, ai golpe de

timón?

Y ante tal vacío, tal carestía, tal anemia de poderes, las miradas ciudadanas se reparten entre... lo que

queda en pie cuando todo tiembla: Unos miran al Ejército. Otros, al Rey.

Aquéllos invocan el puño de hierro, que irremediablemente estrangularía ¡a democracia. Y eso rio puede

ser. ¡No puede ser! «La solución del hombre a caballo sólo es solución... cuando no hay solución.» Pero

somos muchos, muchos millones de españoles los que nos resistimos a creer que agonizamos, Y miramos

al Rey. Al Rey, jefe del Estado y jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Pero no al Rey de las horas

graves y los estados de excepción, sino al Rey garante de una continuidad del estado de derecho.

Pero, ¿qué es el Rey? ¿Qué puede el Rey? El Rey es —permítaseme decirlo llanamente— «un hombre

solo, bajo una Corona». Un hombre solo... a quien la Constitución sublima, hasta hacerle encarnar la

utopía feliz de todo lo que deseamos mantener: ¡a paz, la libertad, la justicia, la seguridad, la

democracia... Pero a quien, esa misma Constitución, despoja de poderes y facultades de acción, hasta lo

inverosímil. El Rey, Jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas, lo es todo... con la lealtad de todos. Sin

esa lealtad, el Rey es «un hombre solo», con unos teléfonos sobre la mesa de despacho que, al otro iado

de la «malla verde»... pueden un día estar descolgados.

Constitucionalistas, piensen.

Es fácil preguntarse hoy «el atentado contra el teniente general Valenzuela, jefe del Cuarto Militar del

Rey, ¿es un golpe "contra Rey" y, por elevación, "contra democracia"? Y es fácil responder que sí. Pero

ello^con ser cierto, no es toda la verdad. Este atentado y estas muertes y estas cadenas de sangre, que no

cesan, son metralla a quemarropa contra el sistema libre de convivencia en paz; son tiros en la nuca o

gpma-2 desfrozaeames contra eso, grande y único, que usted y el Rey y yo somos y. amamos: Una

España que no puede agonizar».— Pilar URBANO.

 

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