Autor: Cernuda, Pilar. 
   De cómo Peces-Barba casi expulsó al embajador de Estados Unidos     
 
 Diario 16.    21/09/1983.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

PASILLOS DEL CONGRESO

De cómo Peces-Barba casi expulsó al embajador de Estados Unidos

Pilar Cernuda

EL presidente del Congreso amenazó con la expulsión de la Cámara nada más y nada menos que al

embajador de Estados Unidos, Thomas Enders, que visitaba el Congreso por primera vez y aplaudió

cortésmente al finalizar su ntervención Felipe González. Peces-Barba, que probablemente no sabía quién

era aquel señor altísimo —dos metros diez—, dijo que advertía al público que expulsaría a quienes

manifestaran su aprobación o repulsa a lo que se decía en el, hemiciclo. Según Peridis, Enders parecía un

jugador de baloncesto en el banquillo, sus rodillas asomaban por encima del respaldo de la butaca de

delante. Le han explicado muchas cosas de España, excepto que no se aplaude en el Congreso.

Dos horas habló el presidente. Dos horas con lleno absoluto, muchos senadores sentados en las filas altas

presidentes de las comunidades autonómicas en los palcos y periodistas mil, que pululaban por los

pasillos porque se había restringido la entrada en la tribuna de Prensa. Silencio total en el hemiciclo, nadie

leía un papel, nadie hojeaba un periódico, pleno de expectación. El presidente no traía escrito el discurso,

sólo un guión amplio que fue desarrollando ante los diputados. Cuatro cámaras de televisión recogían sus

gestos y docenas de micrófonos se le pusieron delante cuando entró en el palacio de las Cortes a las cinco

menos veinticinco de la tarde.

«Este debate debe servir para contrastar opiniones —sólo se le oían frases sueltas ante tantos

periodistas—; «el presidente del Gobierno está para soportar el acoso y quemarse»; «nunca he rehuido el

debate parlamentario»; «pretendo que sea un debate parlamentario en el sentido más estricto de lo que es

el parlamentarísmo>>; «estoy tranquilo, aunque con la preocupación lógica que existe antes de empezar a

hablar»; «soy la única persona que ha soportado varios debates en solitario».

Leopoldo Calvo-Sotelo inauguraba su escaño en esta legislatura. Sentado al lado de Pío Cabanillas,

podrán hablar de lo divino y lo humano estos dos gallegos en los próximos meses. Hoy estaba satisfecho

y contento de ver a viejos amigos: «Es como volver a clase el primer día de curso, hace tan poco tiempo

que he estado aquí que me parece que ni siquiera ha habido paréntesis. Me encuentro otra vez con todos y

me alegro mucho de estar de nuevo en esta casa. Pienso cumplir con mis deberes parlamentarios, sin

olvidar que mi grupo tiene un partido que le respalda, pero, en general, no creo que mi labor vaya a ser

especialmente activa. Tengo un escaño nuevo, en la fila tres o cuatro, y desde ese lugar tendré una

perspectiva nueva que confieso me interesa mucho; es un lugar más para ser espectador que para actuar.»

Pleno con muchas noticias, como sucede en los principios de la «rentrée» y más aún cuando hay de por

medio un debate que crea expectación.

 

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