Autor: Lafora, Victoria. 
 Las reacciones contra Felipe González no se hicieron esperar, pero Fraga gustó aún menos. 
 Todos los grupos criticaron la intervención del presidente     
 
 Diario 16.    21/09/1983.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

NACIONAL

Tan sólo los colaboradores directos de Felipe González echaron flores a su «jefe» antes, durante y

después de su intervención en el Congreso. Los líderes políticos de los demás partidos no esperaron a que

terminase el eco de las últimas palabras del presidente para lanzar las más feroces críticas tanto por el

contenido del discurso como por la forma en que lo pronunció el líder socialista.

Las reacciones contra Felipe González no se hicieron esperar, pero Fraga gustó aún menos

Todos los grupos criticaran la intervención del presidente

Victoria LAFORA

Desde una hora antes el Congreso registraba una actividad inusitada, posiblemente sólo el día del discurso

de investidura se vio una afluencia parecida de invitados, corresponsales extranjeros, miembros de los

gabinetes ministeriales y escoltas, muchos escoltas.

Sin poder disimular su presencia, dado ¡o desmesurado de su estatura, el embajador americano en Madrid,

Enders, subió directamente a la tribuna de invitados. La ex diputada Elena Vázquez, ahora en RTVE,

volvió a su antigua casa para seguir desde un salón las palabras del presidente. Era la primera vez, en esta

legislatura, que no ocupaba su escaño.

Y mientras Felipe González hablaba, el líder de la oposición, Manuel Fraga, tomaba notas sin cesar. No

lejos de él, fuera del hemiciclo, el vicesecretario general del PCE, Enrique Curie/, hacía lo mismo; luego,

en el descanso, comentaría con. Santiago Carrillo, sus apuntes, cogidos al vuelo de las palabras del

presidente.

Los colaboradores

El «entourage» de la Moncloa subía y bajaba de las tribunas al salón de los «pasos perdidos» y mostraba

su satisfacción: «Lo está haciendo muy bien, temíamos que fuera a parecer más envarado.» También

aseguraban que el vicepresidente Alfonso Guerra iba a permanecer durante todo ei debate sin levantarse

de su escaño. «Se va a enerar muy puntuales, y en eso él no quiere decir nada. Ya sabes que él es

"el coordinador".»

Pero el discurso, que les parecía tan positivo a los colaboradores del presidente, no gustó al resto de la

Cámara y los comentarios en contra fueron unánimes en todos los portavoces de los grupos

parlamentarios.

Fraga salió deprisa por la puerta lateral y se negó a hablar, alegando que lo que tenía que decir lo iba a

explicar media hora más tarde ante sus señorías. En su lugar, Jorge Verstrynge hizo una valoración dura y

concreta: «Es uno de los discursos más vacíos que se han dicho en esta Cámara y me ha recordado una

frase que yo dije para el anterior Gobierno de UCD, y que se puede aplicar perfectamente ahora: "Los

socialistas son una nada en el poder".»

Los cristianos

El líder del PDP, Osear Alzaga, se vio repentinamente rodeado de informadores que querían saber si sus

opiniones discrepaban de las de los otros líderes de la coalición popular. Pero no fue así, «me parece una

intervención huérfana de las más elemental sistemática —dijo—, repleta de tópicos. Encontramos

también una preocupante orfandad de ideas de gobierno para hacer frente a la problemática fundamental.

Por último, hay una fuga de realizaciones del Gobierno para adentrarse en el terreno fácil de los buenos

deseos».

El diputado de Euskadi-ko Ezkerra, Bandrés, tampoco estaba conforme con las palabras de Felipe

González, y en el tono mesurado que le caracteriza dijo: «Es la vez en la que yo he encontrado menos

firme y menos convincente al presidente del Gobierno.»

Santiago Carrillo salía también decepcionado: «Le he visto en un tono muy defensivo, ha contestado a las

críticas antes incluso de que las hagamos, y daba la impresión de un hombre acorralado. Hay una parte

con la que estoy de acuerdo, que es la que se refiere al general Soteras: es verdad que sólo el Parlamento

puede cambiar un Gobierno. El resto me parece pobre.»

Las minorías

Los portavoces de. las minorías vasca y catalana no estaban en absoluto de acuerdo con la exposición de

la política autonómica y las ofertas realizadas desde la tribuna.

Roca Junyent, que empezó diciendo que no le gustaba valorar los discursos de los demás, aseguró que el

presidente «ha estado a la defensiva, no ha transmitido confianza y no ha entrado en los problemas que

afectan al país. En cuanto al tema autonómico, sólo ha dicho vaguedades».

Roca hacía gestos con la cabeza y las manos mirando al ministro Tomás de la Cuadra, como queriéndole

transmitir la imagen, casi mímica, de que se volaba y se pasaba por encima de los temas candentes. Por

cierto, que el ministro de Administración Territorial veía las cosas de muy distinta manera y afirmaba que

Felipe González «había realizado una intervención importante en la medida en que ofrece un futuro de lo

que es el Estado autonómico»,

Para el portavoz del PNV, Marcos Vizcaya, el tema autonómico había quedado también en el aire: «Se ha

utilizado un lenguaje evasivo y ha ofrecido negociación y compromisos, pero con partidos parlamentarios

que están en esta Cámara. Con la comunidad autónoma ha señalado que sólo habrá diálogo, y esto no es

suficiente, hace falta llegar a un compromiso, negociar.»

Fraga

Terminó el descanso y el líder de la oposición ocupó su sitio en la tribuna de oradores. Lo hizo también

sin papeles y su mención del libro gordo de Pétete despertó carcajadas en todo el Congreso.

Pero tampoco el discurso de Fraga gustó, pese a las risas, y así, a la salida, Roca lo calificó de «emba-

rullado»; Curiel de «deslavazado y sin sitio en la Cámara», y Marcos Vizcaya de «demagógico y

catastrofista».

El presidente abandonó el palacio del Congreso asegurando que el debate se estaba desarrollando de

forma normal, «aunque me gustaría que se aportaran ideas con lo que hay que hacer, además de hacer

críticas a la gestión del Gobierno».

 

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