Autor: Contreras, Lorenzo. 
   La gran omisión     
 
 ABC.    22/09/1983.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

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Cuaderno de notas

LA GRAN OMISIÓN

LA dirección del INI, en la que se enmarca el vértice gestor de Altos Hornos del Mediterráneo, ha

anunciado las sanciones contra los trabajadores rebeldes de Sagunto: Esta circunstancia da idea de la con-

cepción gubernamental de ese debate como algo que no podía ser extrapolado de la realidad más

acuciante y concreta. Expurgado de puntos calientes, se habría convertido en algo desmedulado y

torpemente maniqueo. Sagasta y Cánovas han disparado balas de fogueo, respondiendo a una medio

convenida cacería de asuntos sobre los que litigar, mientras los menores de la reunión buscaban con

mayor sinceridad el botín con que justificarse en el casino del pueblo. Porque ni Felipe González ni

Manuel Fraga hicieron, aparte de reservarse en un visible tuya-mía toda la primera parte de la sesión

parlamentaria, otra cosa que amagar y no dar, salvo que se interprete como una alta ocasión política al

mero intercambio de amonestaciones sobre esta o aquella realidad atiabada, cifra esgrimida o éxito

atribuido.

La vida política, incluido su registro parlamentario, da la impresión de haber perdido altura y

autenticidad. El fondo de un debate no puede medirse por el despliegue de cuatro golpes aislados, del

mismo modo que un combate de boxeo no justifica su precio por la esporádica reacción de tos

contendientes en cuatro de los quince asaltos. Y no se entienda con ello que aquí pretende prefigurarse la

lid parlamentaria como algo bronco. Lo que se quiere indicar es que en la vida nacional hay temas muy

serios necesitados de examen crudo y sin contemplaciones.

Fraga sólo apretó en materia de seguridad y precios. Y Felipe González, únicamente profundizó en el

punto político más caliente de esta hora: la interpretación del artículo octavo de la Constitución. Aquí sí.

Aquí el presidente avisó de su intolerancia contra cualquier «poder autónomo» militar que pretenda

definir, al margen del Parlamento, los supuestos de control del Ejecutivo.

En lo demás, poco. Casi nada. Todavía Felipe González, en una especie de mensaje indirecto a tos jueces,

expresaba su esperanza de que los ofensores de banderas reciban su merecido con pena de cárcel, como

queriendo subrayar que en un catado democrático el Gobierno no puede invadir esferas ajenas a su

estricta competencia.

La gran omisión temática fue la reconversión industrial. Y, naturalmente, Fraga no podría hacer cuestión

de este extremo, dada la afinidad de puntos de vista entre el Gobierno y la oposición conservadora a la

hora de enfocar tan dramático problema.

Por otra parte, una oposición liberal habría tenido cancha en materia de libertades públicas. No estaba

Fraga en condiciones de exteriorizar demasiadas inquietudes al respecto. Dista de ser ése el terreno de sus

preferencias.

Un aspecto del debate merece ser resaltado de manera especial: el relativo a la OTAN. Felipe González

dio a entender con plena nitidez que el Gobierno demorará todo lo que haga falta la decisión sobre el

referéndum. Es una reserva lógica y justificable. Ahí está la clave de la política exterior española.

No comprometer fecha vale tanto como preservar el margen de maniobra. En realidad el referéndum está

jugando subsidiariamente el papel que durante el mandato de Suárez jugó la incorporación misma de

España a la Alianza. Sólo que esta vez no cabe predeterminar ante quién se reserva Felipe González, si

ante Washington o ante la opinión de su partido.

Lorenzo CONTRERAS

 

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