Autor: Ramón López, Antonio. 
   Reflexión sobre el pueblo     
 
 Diario 16.    05/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Reflexión sobre el pueblo

Antonio Ramón López

El, adjetivo "popular" y el sustantivo "pueblo" están de moda en la hora de la transición. En la historia del

régimen de Franco ambos términos también gozaron de un puesto premíncnte en el lenguaje político,

idéntica importancia les fue otorgada por los ideólogos nazis a través de la idea del Volksgemein.schaft

."pueblo en comunidad". La perspectiva, sin embargo, desde la que se emplean los términos es diferente.

En la España de ahora se .invoca al pueblo en un esfuerzo difícil para acercar la última decisión al dogma

de la soberanía popular. Se trata de un intento de reslit ución.

En los sistemas autoritarios la manipulación del lenguaje político del término "pueblo" era un intento de

llenar el vacío que la ausencia de legitimidad creaba en la sociedad. El espíritu del "pueblo" terminaba

siempre en el acto creador de la persona directora.

La transición de una filosofía política a otra no es fácil, sobre todo cuando el cambio es operado por las

mismas personas, las contradicciones se hacen a veces tan evidentes que hay base suficiente para adoptar

una actitud de recelo. En esta íínea se puede calificar como ´contradictoria la campaña del referéndum. El

pueblo ha sido constantemente invocado, ensalzado, pero al pueblo ´se le ha inmovilizado con una

propaganda estatal tnn absorbente como pesada. Es como si los rectores de la campaña oficial, de la que

son responsables algún ministro y algún director general, hubieran estado invadidos por la desconfianza

hacia el pueblo en libertad, y lo que pudo ser el ensayo general para la democracia, fue el último acto,

¡ojalá que el último!, del pueblo plebiscitario, en una iroagrn aún cercana al puebio de las múltiples plazas

de´ Oriente que han jalonado la historia de los últimas cuarenta años.

Sin un* grave temor a unos resultados negativos no se puede imaginar una campaña de propaganda de las

dimensiones como las que hemos sufrido. La beligerancia" gubernamental fue beligerancia estatal contra

uno maltrecha oposición aún no recuperada de cuarenta años de clandestinidad y de represión. ¿Era

lógico . este miedo? Estimo sinceramente que no.

Existe en la sociedad española una tendencia al conservadurismo, a votar con el ´Gobierno, lógica

consecuencia de la identificación continua de Gobierno y razón, de Estado y verdad, a lo largo de varias

generaciones, pero también resultaba infantil pensar que el pueblo iba a decir que no a la estricta

democracia que entraña la reforma; al pueblo se le venía en cierto modo a preguntar si quería recuperar lo

que perdió en 1936, pregunta que sólo admitía una respuesta obvia.

¿Pensaban los ideólogos de la reforma que el pueblo prefería alcaldes elegidos a dedo, procuradores

orgánicos, instituciones alejadas del más mínimo control social, a una democracia mínimamente

representativa?

En cierta manera, nuestros políticos han revelado desconfianza y desconocimiento de las grandes líneas

en las que se expresa hoy la opinión pública. Quizá porque falte, por no decir que no existe, en España

información política de la base a la cúspide y viceversa. Los políticos solo se intercambian información a

nivel de sus específicos círculos, e inconscientemente se han ido encerrando todos en un mundo mágico

de pactos, rumores, partidillos, estrategias y comidas de cinco tenedores, un mundo vuelto de espaldas a

las demandas sociales, a las preocupaciones, a las angustias y a las esperanzas colectivas.

Desde una atalaya así es lógico que no se pueda otear el panorama y al desconocerlo se sienta el miedo

por lo que se desconoce.

¿Es posible con este desconocimiento de la España real, con el miedo al pueblo, traer a la democracia? El

Gobierno de la Monarquia debe evitar que en los engranajes de la reforma entren o continúen personas

que piensan que las técnicas políticas son neutras y, por tanto, intercambiables. La democracia tiene sus

técnicas y los autoritarismos otras tan disparen como sus filosofías.

Pero sería ingenuo limitar este problema al Gobierno. La oposición padece el mismo riesgo. Es tan poco

democrática la propaganda excesiva del referéndum como los piquetes de huelguistas que impiden

soluciones pacíficas y dialogantes. En los últimos tiempos, la clase´ trabajadora ha sufrido la coacción de

organizaciones obreras que buscan, a través de medios violentos, demostrar su eficacia como

instrumentos controladores de las reivindicaciones sociales, estrategia que arroja una sombra de sospecha,

no .sólo sobre la representatividad que enarbolan los dirigentes, sino sobre la conexión de sus intereses

con los de la clase trabajadora. La mayoría de los obreros de la construcción de Bilbao o de León,

¿estaban de acuerdo con una huelga como la que han ,sufrido?

La violencia no es la vía para la democracia; es la negación.

La operación política a la que se enfrentan los líderes españoles de las dos orillas no es tanto mantener o

conquistar el Poder; su tarea es devolver a la soberanía del pueblo el Estado. Construir los puentes de

entendimiento y dialogo, y sobre todo abrir al pueblo la posibilidad de ser protagonistas de su destino, lo

que no dejará dé ser algo insólito en nuestra historia, porque nuestro pueblo, gracias a inquisiciones, a

caciques y a hombres providenciales, está ausente de su historia desde hace bastantes siglos.

 

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