Autor: Blom, Ricardo. 
 Retratos para unas elecciones. 
 El elector     
 
 Arriba.    14/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL pueblo que no quiere ser masa y ejerce la soberanía para escoger, entre muy diversas opciones, la

línea política con que los poderes públicos habrán de servir a la comunidad durante unos pocos años y

sobre la que habrán de rendir cuentas en las siguientes elecciones. Atención, señores políticos: ha

terminado la fiesta y llega la hora del rito solemne de las urnas, que son el altar de la democracia.

En el colegio electoral todos valemos lo mismo: el catedrático erudito y el ama de casa de «profesión sus

labores», el soldado y el general, el «no sabe usted quién soy yo» y el que sabría contestarle, pero tiene

que ganarse un salario, el joven y el anciano, el hombre y la mujer, el director de empresa y el modesto

albañil... Como reza el credo de la revolución americana, «es una verdad que no necesita demostración

que todos los hombres fueron creados iguales»; pero sólo el ceremonial de las urnas hace realidad

tangible esa verdad sustantiva.

Mañana, 15 de junio, el elector es algo más que un hombre o mujer de cualquiera de los pueblos que

forman el Estado español. Es, por fin, un ciudadano en plenitud de sus derechos, que va a recordar a los

poderes públicos que sólo se justifican por estar al servicio del pueblo, esto es, como instrumentos para

hacer efectivo un propósito comunitario libremente es-cogido. El elector es, mañana, un español mayor de

veintiún años. Es, asimismo, un ciudadano consciente de que ha ganado las actuales cotas de prosperidad

y desarrollo industrial con su propio esfuerzo, con su trabajo, sin que nadie le haya regalado nada, sin que

nadie pueda pasarle facturas de gratitud por su casa, su coche o su empleo. Y que así deberá seguir

siendo. Votará, por tanto, en función de proyectos para el futuro y no de irrelevantes nostalgias del

pasado.

Porque, para una proporción determinante de los electores, la guerra civil ni siquiera es ya un recuerdo,

sino una fría constatación de hechos que la Historia juzgará y que nadie quiere ver repetidos. El primer

deseo de todos estos electores, y de muchos otros que por sus edades padecieron la guerra, es enterrar

para siempre la división incivil de las dos Españas, sacar el debate y las discrepancias del terreno

sangriento de las trincheras y llevarlos al agora civilizada del Parlamento.

Este elector español está dando al mundo la sorpresa de que, contra tantos pronósticos superficiales,

contra tanta beatería mojigata, contra tantas advertencias interesadas de «sangre caliente» y «feroz

individualismo», ahora resulta que tiene y demuestra un espíritu de ciudadanía y unas dosis de respeto

mutuo y tolerancia, que podrán ser igualadas .en otros países de occidente, pero no superadas. El elector

español va a dejar mañana, a la puerta del colegio electoral, todos los viejos miedos y desde luego el

miedo a la libertad. Y va a fundirse, en el inmenso abrazo de las urnas, con millones de sus con

ciudadanos de plurales ideologías y criterios políticos. Otra España nace: a fuerza de trabajo, resolución y

sentido común, el elector español ha ganado la paz, ha conquistado la democracia.

Mañana, a votar. Y más adelante otra vez, y otra, y otra... y tantas veces como vaya siendo necesario para

poder decir con orgullo: soy un ciudadano español.

Ricardo BLOM

 

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