Votar, ¿A quien?     
 
 Ya.    14/06/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

VOTAR, ¿A QUIEN?

HEMOS dicho que se debe votar: sí, ¿pero a quién?

Pueden servir de ayuda cuatro principios, a saber: votar útil; votar convivencia; votar,

naturalmente, el programa más afín; por último, votar realidades y no apariencias.

El primer principio es el del voto útil: como decíamos recientemente, no votar sino a partidos

que tengan una posibilidad real. Aunque haya que prescindir de simpatías. El voto es algo

demasiado importante para dilapidarlo.

El segundo principio es que el voto sirva a la convivencia". Hay que partir de un hecho

evidente: la realidad ineludible del pluralismo político como marco.obligado de la vida española.

Volver la vista al pasado, por atractivo que resulte para algunos, es cerrar los ojos a la realidad;

ese pasado no puede volver. Y votar a partidos de los que pueda fundadamente sospecharse

que su adhesión a la democracia es meramente provisional, y que en cuanto puedan

procurarán imponerse en exclusiva, sería ayudar al restablecimiento del secular juego de

bandazos que ha sido la tragedia da nuestra historia contemporánea.

je1!, tercer principio es examinar los programas para votar al más afín. Creemos que el

socialismo, allí donde se ha aplicado íntegramente, ha resultado, como fórmula económica y

social, notoriamente inferior a los sistemas mixtos, con intervención estáte I y libertad de

empresa, de los países occidentales, mucho más prósperos que los orientales y cuyo nivel de

vida no admite comparación. Refiriéndonos concretamente a nuestra Patria, suscribimos el

iemor de que una opción marxista impediría la confianza nacional a internacional que nuestra

economía necesita para enderezarse e impediría la solución de los graves problemas

económicos y sociales planteados.

Desde nuestro punto de vista, no ya cristiano, sino ampliamente humanista, no vemos cómo se

puede conciliar la estatificaron que piden nuestros socialistas con una auténtica libertad,

especialmente en sectores como la enseñanza, sin que esta libertad se oponga en nada a la

deseable gratuidad y generalidad de la educación. Nada se diga de los partidos que incluyen

en sus programas medidas como el aborto, que la simple moral natural repudia.

E*!, cuarto principio es no conformarse con las apariencias, sino examinar la diferencia entre lo

que los candidatos han dicho ante auditorios indiferenciados, como los de televisión, y ante sus

partidarios, y la credibilidad que su historia y la de sus partidos dan a sus promesas. Una

consigna como "socialismo es libertad", por epemplo,.no resiste la confrontación con la historia

de nuestro socialismo ni con su programa actual, ¿no fue el socialismo el partido que en 1934

se alzó revolucionariamente contra la legalidad republicana? ¿Dónde está el historial

democrático del que ahora alardea? Ha sido también un socialista, candidato del Partido

Socialista Popular, el que ha reconocido que nunca tantos han prometido tanto a tantos para

para poder dar tan poco.

En la apariencia de modera-ón que ciertos partidos .han adoptado se ha visto un tácito

homenaje a la sensatez del cuerpo electoral, al que no se podía atraer con demagogia. Razón

de más para que el elector no se deje engañar y distinga entre quienes le han mostrado sus

facciones auténticas y los que sólo le han enseñado una máscara.

¿Pedimos mucho? La ocasión es trascendental y es el momento de exigirla.

 

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