Que se acabe la bula     
 
 Diario 16.    05/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Que se acabe la bula

Guerrilleros y demás energúmenos de extrema derecha siguen campando libremente por nuestras calles.

Unas veces provocan a pacíficos transeúntes, otras asumen funciones de "mantenimiento del orden

público" frente a manifestantes izquierdistas. Tiene miga que se arroguen competencias que sólo

corresponden a órganos del Estado, especialmente cuando, como en estos casos, se trata del ejercicio de la

coacción, propia de la fuerza pública.´ ¿Quién les ha atribuido semejantes funciones? ¿Cómo puede el

Estado permitir que alguien desempeñe funciones que le corresponden en exclusiva? Con ese criterio

pronto podremos ver que ciertos grupos so dedican a acuñar moneda. Y oíros, como ya lia hecho la ETA,

establecerán su propio sistema impositivo. Basta buscarse una ideología salvadora que justifique todos los

desmanes, desde el atraco baneario al secuesto

Los ultras españoles se han acostumbrado durante estos cuarenta años a que el Estado les sacara las

castañas del fuego. Nunca hubo en estas tierras un Estado más parcial. Y eran de oír entonces sus elogios

a todo lo que olía a poder público. Cuanto procedía de aquel olimpo soberano era bueno y santo y debía

ser acatado cayera quien cayera. Lo que pasaba es que siempre caían los mismos. •El Estado de la

dictadura tenía los mismos fines que los ultras y éstos se dedicaron, por eso, al reparador reposo del

guerrero.

Ha bastado que el Estado haya aceptado el pluralismo y empezado —sólo empezado— a actuar en

consecuencia para_que los ultras se hayan alarmado. "Esté no es mi Estado, que me lo han cambiado",

parecen haberse dicho, y se han lanzado a doblar las funciones estatales, estableciendo su propia policía y

soñando quizá con su propia hacienda pública y, ]ay!, con su propio ejército. Así se explica que estos

devotos adoradores del divinizado Estado franquista despotriquen ahora contra el Estado predemocrático

sólo porque intenta llegar a ser el Estado de todos. Por eso también se dedican al ejercicio de la represión

por libre, pues cada vez va siendo más difícil que lo hagan otros por ellos. "Esto se hunde", dicen, pero

sólo son ellos los que se están hundiendo irremediablemente,

El repentino antiestatismo del ultraísmo indígena es todavía más sorprendente porque lo cierto es que si

guen gozando de una situación de favor. Cuando hay una algarada izquierdosa, las detenidos se cuentan

por docenas. Cuando son los guerrilleros y compañía los revoltosos, o no hay detenciones en absoluto o

éstas son escasas. Y, detalle curioso, los nombres de los detenidos no se publican casi nunca y jamás

inmediatamente Se ocultan con un insólito respeto por el buen nombre de los implicados, digno de mejor

causa. Aunque si son gente de izquierdas se darán no sólo los nombres, sino sus alias, apodos e incluso

fotos.

Ya es hora de que se acaba la bula de que disfruta la extrema derecha y de que se les aplique la ley con el

mismo rigor que al resto de los ciudadanos. Sobre todo cuando se atreven a ´arrogarse funciones que en

exclusiva pertenecen al Estado.

 

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