Votar en libertad     
 
 ABC.    09/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

VOTAR EN LIBERTAD

La cuenta atrás electoral ha entrado en su fase de mayor tensión. Dentro de tan sólo seis días, el pueblo

español podrá acercarse a las unas y optar, con mayor o menor conocimiento de causa, por una u otra

fórmula de entre el ramillete que se le ofrece, para construir su futuro. Desde la fidelidad al pasado al

proyecto revolucionario —aunque esté más o menos adulterado— pasando por el equilibrio entre las alas

políticas y por los matices de los distintos planteamientos sociales. Y con los suficientes grupos y or-

ganizaciones, con claras derivaciones utópicas y sentimentales, como para asegurar una .variedad capaz

de contentar, en primera instancia, al menos, a cualquier paladar político al gusto occidental.

Mas, para todo ello, además de superar la fuerte corriente representada por la rutina y junto a la

comprensión que debe líevar a cada elector a disculpar los excesos publicitarios en general, se necesitan

unas garantías de orden que nos atreveríamos a calificar de imprescindible. No cabe que ¡a culminación

del delicado y trascendental proceso que comenzase el 22 de noviembre de 1975, quede a merced de un

grupo de incontrolados, de un exceso de estupidez o de la mala voluntad de quienes sienten como derrota

el simple hecho de que los españoles elijamos nuestra opción sin buscar el torpe aval de la violencia y del

aniquilamiento del enemigo.

Se ha puesto en marcha —y su conocimiento no implica, precisamente, estar en posesión de ningún

secreto— un meneanismo con el que se busca esa seguridad, esas garantías de orden que las votaciones

necesitan. Se trata de la «operación Ariete», que afecta a todas las Fuerzas Armadas, incluidas, por

supuesto, las d« la Guardia Civil, Policía Armada y Cuerpo General de Policía. Todos los colegios

electorales tendrán la debida protección, extendiéndose ésta a los centros d« comunicación y a cuantos

lugares sean considerados de importancia suelan* cial en cuanto a seguridad se refiere.

Se trata, en suma, de que podamos votar en libertad. Sin coacciones de última hora, sabiendo cada elector

que el voto que emite es fruto de su personal decisión, fruto también de una calle de todos, de una

serenidad compartida y de la convicción de que todos han expresado su voluntad, por lo que habrá de

aceptarse el resultado final como expresión de la voluntad .general. Las Fuerzas de Orden Público

significan, como lo ha significado siempre el Ejército, la garantía más inmediata, y también más impor-

tante, de que la operación electoral se Heve a cabo sin alteraciones ¡ñ desviaciones, dentro de la máxima

objetividad y de la máxima pureza.

No cabe que el país piense mayoritariamente que después del día 15 se producirá el milagro y

desaparecerán,. como por ensalmo, los problemas, y sí que, en cambio, calcule que la forma de abordar el

futuro, la fórmula que se adopte —coalición, pacto de derechas o de izquierdas, concentración con

predominio de uno u otro color— para gobernar y legislar tendrá unos u otros componentes, según se

haya producido la votación, según haya sido el número de votantes y de acuerdo con la libertad con que

se haya votado.

Si las abstenciones son mayoría —y estas abstenciones pueden darse, especialmente, por miedo a los

alborotos y a^los alborotadores, por temor físico, sin más— nadie podrá decir, aunque le asista ía le-

galidad, que el pueblo español ha fijado su meta y su destino. Para votar se hace absolutamente necesaria

la libertad. Y para asegurar ésta el pueblo español cuenta con la garantía de las Fuerzas del Orden.

Aunque haya, sin duda, pequeños grupos a los que contrariarán garantía y garantes. A su despecho, el

Gobierno, que hoy celebrará la que en principio es última reunión, último Consejo de Ministros, no está

haciendo más que cumplir con su obligación al procurar que España entera vote en paz, en libertad, el

próximo miércoles.

 

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