Autor: Javierre, José María. 
 Siete días. 
 Sanar el país     
 
 Ya.    12/06/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

SANAR EL PAIS

Después de todo, quizá no seamos tan desastrosos. Ahí está ya el 15 de junio. Lie echamos la

buenaventura, inquiriendo si será para bien. Optimista, lo que se dice optimis; ta, a estas horas nadie lo es.

Ni siquiera los parientes de ios candidatos. A España le aguar-da una etapa dura si decide echar a andar

por el camino que lleva al bienestar. Un gran escritor italiano dice que los europeos tenemos ahora mismo

la obligación de ser pesimistas, no derrotistas, ¡ojo! El pesimista "teme" que las cosas vayan mal. ES

derrotista "espera" que las cosas vayan mal. El pesimista mira alrededor fríamente y busca soluciones. Al

derrotista se 1« alegran las pajarillas viendo que nos .vamos a partir la cara. Todo camina cuesta airaba o

cuesta abajo, según se mire. La última broma nacional ha ocurrido en Ronda: un par de graciosos alborotó

al personan asegurando que a cinco kilómetros de la ciudad algo pasa en la carretera, porque los coches

corren con el motor parado por una cuesta arriba. A los periodista estos ja.leíllos nos encantan y hemos

enrollado bastante «1 asunto buscando puntos de mira para decidir si Ja pendiente está en cuesta arriba o

en cuesta abajo. De Berlín acaba de llegar un colega muy farruco, especializado en contactos e

extraterrestres: sospecha que en la sierra desembarcaron ovnis en misión exploradora y se divierten a"

costa nuestra como ¡os niños con lagartijas. Yo sé que, depende de donde mire, se puede sufrir un engaño

óptico. Igual que en política. El gozo de estrenar las urnas nos lo enturbian ios profetas de desventuras

contando que el pueblo ya revive odtos antiguos. Los derrotistas avisan que comisiones

de jornaleros tienen dividido etf término municipal y señaladas las parcedas que a cada uno le

corresponderán en el reparto. Me preg´unto si alguien habrá programado en las alturas una campaña

inteligente y eficaz para introducir en el cerebro de nuestro personal ¡laño los principios esenciales de la

convivencia democrática. De no hacerlo, estamos engañando a la gente y la instalamos en apetencias

insensatas.

ÍVIABSHALL, CON RETRASO

Que no somos un país de harapientos lo demuestra nuestro tirón industrial, a pesar de iodo. Ahora nos

toca potenciarlo con la madurez política.

Hispana ha vivido los últimos decenios en condiciones de inferioridad. Cuando salíamos dfi nuestra

guerra civil arrancó ía guerra mundial, cuyo desenlace tenía por fuerza que afectarnos. En este mes de

junio, exactamente el día 5, se cumplieron treinta, años desde la fecha que decidió la suerte económica de

Europa. Humeaban aún las ruinas y nuestro continente aparecía definitivamente chafado entre los Estados

Unidos y la Unión Soviética. El 5 de junio de 1947 ia Universidad de Harvard confirió el doctorado

"honoris causa" al secretario de Estado, George Cat-lett Marshall, antiguo jefe de los ejércitos yanquis. El

discurso de Marshall anunció la decisión americana de atribuir a las naciones europeas "una ayuda

sustancial" que les permitiera levantar cabeza. Un chorro >3e . dinero comenzó a circular por las venas

del viejo continente y en un plazo cortísimo lo sacó de la noche oscura. En 1951, sólo cuatro años más

tarde, la producción industrial de tos países incluidos en el plan Marshall ´superaba en el 40 por 100 los

mvs-les anteriores a la guerra.

Pero España no existía. La teníamos recortada del mapa de Europa por las características especiales de

nuestro régimen. Quizá sea éste el momento de máxima responsabilidad histórica para quienes decidieron

mantenernos apartados de la marcha normal del mundo. Tuvimos que seguir nuestro viaje «a aotttario.

Nos llegaron sóilo la» migajas del festín industrial, ya que, por fortuna, debían contar con nosotros, al

menos como un mercado interesante. T luego acogieron a nuestros emigrantes, que buscaban

afanosamente un puesto de trabajo.

El caso es que nos morimos asfixiados. El país levantó cabeza. Discretamente, olaro. Debiéramos confiar

algo más en nosotros mismos, que tan malos no somos.

Es tarde, el tren de míster Marshall no lo pueden traer ni´ las fábulas de Berlanga, pero ciertas oleadas d e

economía mundial podrían tonificarnos como un Marsíiall retrasado. Y si desde fuera nos echan una

mano, esto andará.

SOPA CHINA

No me cogería los dedos por defender si estamos cuesta arriba o cuesta abajo. Depende, como en Ronda,

del punto de mira. La alegría de la democracia nos llega envenenada par las inquietudes económicas. Las

cifras de paro son aterradoras. En algunos pueblos de Andalucía habrá que potenciar las actividades de

Caritas para aliviar el hambre de muchas familias. Demonio, esta raya no la pisábamos hace tiempo. Los

ayuntamientos andan en bancarrota. El de Sevilla no puede ni pagar el bocadillo a los componentes de

mesas electorales el día 15. Ya es penuria... Y la cosecha viene negra. Pero si las elecciones nos dan del

pasaporte de libre circulación democrática por la;-avenidas del mundo y nuestros flamantes diputados

acuerdan montar un Gobierno de sentido común, integrado con representaciones de un amplio abanico

político, saldremos limpiamente flote.

Sólo a una cosa le tengo miedo: la terca ignorancia, los malos modos, la insolidaridad, que los líderes

politicos partan del supuesto falso de que pueden arriesgarse a envites aparatosos, como si gozáramos >3e

buena salud.

Por lo visto, & los. cliimtos les encanta una sopa espesa d» arroz, que llaman "ehou". Un refrán de los

tiempos del Celeste Imperio avisa-que conviene no hacerle trampas al prójimo : "Quien en su pueblo dañe

al vecino comerá sopa aguada." Los castellanos viejos lo decían sin referencias simbólicos a la sopa de

arroz: "Quien hace mal al vecino, el suyo le viene de camino." Por Dios, que los políticos le tomen el

pulso al pais. Y nos lo sanen.

José María JAVIERRE

 

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