La democracia empieza hoy     
 
 Ya.    16/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

16-VI-77

EDITORIALES

La democracia empieza hoy

HOY, 16, Ayer, 15, se voló; pero lo más importante no son las elecciones, sino lo que sigue a los

elecciones. Porque a partir de hoy no bastará con llamarse demócrata; habrá que demostrarlo.

LA campaña electoral se ha desarrollado ejemplarmente, sin que unos pocos incidentes incruentos puedan

empañarle. El terrorismo tampoco ha podido más que poner una vez más de manifiesto la triste mueca

anacrónica de quienes no se don cuenta de la época en que viven ni del país al que pretenden amedrentar.

La jornada del 15 ha sido igualmente brillante. El país ha votado en masa y lo ha hecho pacíficamente, sin

un mal gesto. Quienes recordábamos las broncas elecciones de épocas pasadas teníamos que frotarnos los

ojos para asegurarnos de que éste es e¡ mismo pueblo. Aunque sería más exacto decir que, afortunada-

mente, éste es ya un pueblo distinto, como distintas son las circunstancias del país.

OGRO no basta votar, repetimos., sino que después de la elección todos acaten su resultado, tal y como

legalmente debe ser proclamado.

´TODOS: los vencidos, por supuesto, pero los vencedores también, porque la democracia no es el grito

salvaje de la victoria sobre los perdedores, sino que la mayoría se dé cuenta de que puede ser minoría

mañana y se comporte como ese día desearía que se comportasen con ella. Pero, además, cuando un país

se enfrenta con problemas como los que tenemos hoy, políticos (una Constitución que sirva para todos),

económicos y sociales, o se resuelven con la colaboración de todos, tal como ha pedido el socialista

Tierno Galván, o no se resuelven, y en este caso la democracia quedaría irremisiblemente desprestigiada a

los ojos del pueblo.

EN segundo lugar hace falta que la proclamación del resultado electoral sea hecha por quien debe y

dentro de los plazos legales. Desgraciadamente, no siempre se hizo así: recordamos a Ma-ciá, adelántase

a proclamar la República catalana a raíz de las elecciones del 12 de abril de 1931, o las masas lanzándose

a la calle la noche que siguió a las elecciones del 16 de febrero de 1936, para arrancar el poder de manos

de un Gobierno indigno de este nombre, abultar artificiosamente su victoria y hacer desde ese momento

inevitable la guerra civil.

TODO buen demócrata habrá acogida por eso con aplauso las palabras del vicepresidente del Gobierno,

teniente general Gutiérrez Mellado; pero el civismo demostrado por el pueblo español permite confiar en

que la advertencia no tenga ocasión de aplicarse. Y que los tristes ejemplos que hemos citado queden

definitivamente donde están; en los libros de historia.

 

< Volver