Autor: Sánchez Agesta, Luis. 
   Después de la elección     
 
 Ya.    16/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

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Después de la elección

DARÉ ante todo mi impresión personal como votante que ha esperado más de hora y media para poder

votar. La cola de electores, por lo menos mi cola, que después de vivirla en tan larga espera tanto tiene de

mía, era correcta, cordial y, sobre todo, paciente. Incluso a los "vivillos" que querían ganar puestos,

violando esa sagrada ley no escrita de prioridad en ]a cola, se les reprendía sin acíbar ni acritud 3´ hasta, a

veces, se les toleraba. Después (de estos días de propaganda alucinante, de tensiones y rivalidades, había

como un alivio y tin relajamiento. Todos nos sentíamos, sin diferencias de edades, de sexo ni clases,

como camaradas que ejercían un derecho y cumplían un deber.

Mi impresión personal, por las primeras noticias de agencias, es que en casi toda España sucedió algo así.

La ley Electoral, por una tradición que arranca de la ley Maura de 1907, es desconfiada, casuista y

puntillosa. Sale ai quite de todos los fraudes y violencias reales o hipotéticos que se pueda imaginar.

Piensa, sobre "todo, en la malicia del electorero y hasta en la del elector. Parece que así lo exigía la

España de 1907. pero también hay motivos para pensar que esta España de hoy, sin educación ni

experiencia política, es algo diferente. Una elección y la campaña que la precede no es para todos los días.

Pero se puede realizar en paz y concordia, con respeto y tolerancia, y casi diríamos, por lo que alguna vez

se escuchaba en la cola, que con garbo y buen humor.

A UNQUE haya procurado descargar estas reflexiones de todo énfasis, pueden parecer quizá un canto

triunfalista al espíritu democrático del pueblo español. Para disipar toda sospecha advertiremos que aún

no hemos hecho más que empezar. El paso siguiente es aceptar con la misma templanza el escrutinio,

aunque pueda ser adverso a lo que deseamos y votamos. Y más difícil todavía, que los ganadores

administren la victoria con prudencia y generosidad.

UNA democracia no es sólo votar, sino aceptar con ánimo ecuánime el resultado de la votación.

Ecuanimidad que no significa escepticismo en lo que creíamos que era acertado o verdadero, sino tener

tanta confianza en la verdad, que estamos seguros de que a la larga se impondrá, y aceptar como posible

que también nosotros alguna vez podemos incurrir en error. Y, sobre todo, tener conciencia de que convi-

vir es saber superar las diferencias para descansar en lo que nos une..

NUESTRA primera tentación es definir la democracia como un régimen en que se decide por mayoría. Y

en parte, es verdad. Pero hay que apresurarse a añadir que es sobre todo un régimen de respeto a las

minorías. Esta es la segunda gran prueba que hay que superar después de esa elección. No habrá entonces

tantos centenares de periodistas extranjeros dando testimonio de nuestra madurez. Pero es lo que

verdaderamente aplaudirán los españoles de las futuras generaciones.

DEMOCRACIA es voluntad de comprender y persuadir. Democracia es "que la oposición se siente a

discutir en los escaños de un parlamento y no a rezongar desde los banquillos de una cárcel. Democracia

es, en suma, una voluntad de convivir.

Y ése es el verdadero legado de nuestra civilización cristiana occidental.

Luis SÁNCHEZ AGESTA

 

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