Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Naufragio del Franquismo     
 
 El País.    17/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Naufragio del franquismo

EMILIO ROMERO

Ha ganado claramente, y vigorosamente, y limpiamente, la izquierda. Otra vez, en la segunda democracia

de este siglo, el Partido Socialista Obrero Español es .la expresión más numerosa, y más popular, de la

izquierda.

Podría parecer, por los coeficientes de votos, y por el número de diputados y senadores, que el vencedor

era la Unión del Centro Democrático pero, prácticamente, no es así. El Gobierno es quien ha fabricado, de

la noche a la mañana, este vencedor, con todos sus recursos, y utilizando los métodos del franquismo, con

una estructura y una infraestructura del franquismo intactas. Su credibilidad electoral, por ello, es débil.

Por otro lado, es un conglomerado sin masas activas, sin coherencia política, constituido por especies

políticas diversas, procedentes del gran naufragio del franquismo y con ansias patéticas de agarrarse a

cualquier tabla de salvación para sobrevivir. La Unión del Centro Democrático es el producto de un

arreglo, de un compromiso, de una simple y huérfana expectación de poder. Vienen de un derribo,

realizado por ellos mismos, y lo que tienen es una especie de ciudad de Bronston. No tiene más que

fachadas. La izquierda triunfante tiene viento, masas, programa, historia, lealtades, valor y consecuencia.

Los tres grandes descalabros han corrido a cargo de Alianza Popular, Democracia Cristiana y el Partido

Socialista Popular. El verdugo metódico de Alianza ha sido Suárez.; el verdugo sibilino de la Democracia

Cristiana ha sido la abstención de la Iglesia y su derechismo gaseoso; el verdugo declarado del Partido

Socialista Popular, ha sido el Partido Socialista legítimo, que es el que fundara Pablo Iglesias. El

Gobierno imponía, adquiría y facturaba la. derecha y el centro para sí mismo; y Felipe González se atraía

a la izquierda y a las nuevas generaciones sociales. El primero tenía América, y el segundo Europa.

Los comunistas no han perdido, sino que aparecen más numerosos y. más atractivos que en la primavera

de 1936.

La izquierda, además, va a seguir teniendo el mundo laboral, los intelectuales, los artistas y la

Universidad. La Unión de Centro Democrático ha tenido votos, pero no tiene gente. Esto parece una

paradoja, pero es una de las contradicciones de la democracia. Sin la izquierda no se podrá hacer ya

ningún pacto: ni el pacto social, ni el pacto político. Suárez tiene la baraja, pero no puede jugar sin Felipe.

La izquierda ahora se cuidará muy bien dé comprometerse gravemente en esta situación apurada de la

vida española, y pondrá encima de la mesa las grandes cuestiones. El señor Suárez quería una izquierda

como una loba, y transformarla de revolucionaria en doméstica; si hubiera conseguido eso habría

resucitado Sagasta, pero se ha encontrado con una pantera. Su única posibilidad ahora será la de ponerla

cepos.

El horizonte, por todo esto, no es abierto. Pero España ha echado a andar por otro camino. Lo que ha

quedado muy claro es que otra vez también el destino nos impone un proceso constituyente más. Las

características del mundo actual nos obligan más a gobernar, asociadamente, nuestros asuntos, y no a

seguir identificándonos por nuestras diferencias. La democracia tampoco exige antagonismos y

dispersión. Lo vamos a pagar caro.

 

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