Autor: Claudín Ponte, Fernando. 
   Hacia la democracia     
 
 El País.    17/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Hacia la democracia

El resultado de las elecciones es un gran paso en la democratización de la sociedad española, pero no un

paso irreversible. Sin un cambio profundo de las estructuras del Estado, de la economía y de la vida

social, la democracia no puede adquirir su verdadero contenido: que sean los trabajadores de toda

condición los gestores del país, y no —como ha sucedido hasta hoy— que esa gestión esté en manos de

una oligarquía capitalista.

El espectacular éxito electoral del PSOE expresa las aspiraciones democráticas y socialistas que tienden a

ser mayoritarias en los pueblos de España, pero el camino para hacerse realidad es difícil y jalonado de

riesgos. Una gran responsabilidad histórica recae, de nuevo, sobre el viejo partido del socialismo español.

Es lamentable que los sacrificios y el duro empeño de tantos comunistas en la lucha contra la dictadura no

hayan sido mejor reconocidos por el pueblo, porque la consolidación de la democracia necesita también

un fuerte partido comunista. Pero un partido comunista renovado, que haya llevado hasta el fin su

evolución eurocomunista. Probablemente es en la insuficiencia de esa renovación, en particular de sus

máximos dirigentes, donde reside la causa principal de los mediocres resultados que el PCE ha obtenido

en esta primera confrontación con la voluntad popular.

La campaña electoral y las elecciones reflejan una dinámica que puede llevar a medio plazo a una

mayoría de izquierda capaz de ofrecer una alternativa orientada hacia la democracia socialista. Pero ello

requerirá el entendimiento de todas las fuerzas políticas y sociales interesadas en tal alternativa. Este

entendimiento es urgente para lograr que la nueva Constitución sea lo más democrática posible, para

impedir que la grave crisis económica sea resuelta a costa de los trabajadores, para preparar la victoria de

la izquierda en las próximas elecciones municipales y legislativas. Los problemas de la institucionalizad

ón democrática y los problemas económico-sociales no pueden disociarse. Y su solución democrática, en

consonancia con los intereses de la gran mayoría, no es una tarea exclusivamente parlamentaria. Exige la

movilización permanente de las masas populares allí donde realizan sus actividades productivas y

sociales. Frente al nuevo Gobierno del llamado Centro, que seguirá siendo el instrumento político de las

eternas clases dominantes, las fuerzas obreras y democráticas deben construir desde ahora ya, en la lucha

social y política, su propia alternativa de poder.

 

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