Autor: Simón Tobalina, Juan Luis de. 
   La unión del centro     
 
 Ya.    08/01/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LA UNION DEL CENTRO

COMPARTO el criterio de mi admirado amigo José María GíI-Robles y Quiñones cuando declara que

España necesita una "estabilización en torno a grupos de una significación claramente democrática, pero

de una posición de centro y estábilizadora". Urge, en efecto, constituir un gran partido de centro y

estabilizador capaz de integrar a cuantos, "entre una izquierda marxista cuya concepción del hombre y de

la sociedad respetamos, pero no compartimos, y una derecha encerrada en un duro conservatismo que

rechazamos, postulamos una dinámica democrática de inspiración cristiana y humanista que reconozca la

mayoría de edad política y social de todos los ciudadanos; que realice un programa de intenso desarrollo

económico y social para determinar una más justa distribución de la renta nacional sin vacilar ante

cuantas medidas socializadoras sean necesarias; que, junto a la libertad de los individuos, promueva las

comunidades naturales y las asociaciones de todo tipo mediante las que el hombre participa en la vida

pública y desarrolla su personalidad". (Las palabras entrecomilladas figuran en el "Propósito" que escribí

en el primer número—mayo de 1971—de "Discusión y Convivencia".

¿Qué dificultades estorban la formación de un gran partido inspirado en el humanismo cristiano que,

"junto"—pero no confundido—con el partido liberal y el socialdemócrata, sin olvido de les regionales

más o menos homologados con aquéllos, puedan centrar y estabilizar el futuro político de España?

Anadie debe extrañar que a lo largó de cuarenta años de dictadura y con las dificultades de expansión

inherentes a la clandestinidad obligada en todo período de silencio obligatorio, proliferasen pequeños

grupos constituidos a modo de germen de futuros partidos, entre los cuales abundaban los que compartían

una misma filosofía política. Pero la luz que empezó a brillar desde la proclamación de la Monarquía ha

debido disipar las tinieblas que impedían a cada familia ideológica construir su unidad dentro del amplio

espectro democrático. No ha sido así. Una razón poderosa acaba de ser denunciada por el cardenal

Tarancón con estas palabras, dignas de "ser meditadas: "El "personalismo", defecto también muy común,

está produciendo una atomización de fuerzas que genera la confusión, casi el caos, en el pueblo sencillo.

Es imposible que la mayor parte de nuestro pueblo pueda orientarse, en medio de esa confusión, sobre los

problemas básicos que deben resolverse. Es, a la vez, muy difícil—prácticamente imposible—que se

pueda gobernar adecuadamente con esa proliferación de partidos y con esa promoción de los

"personalismos". Situado en esa línea de pensamiento, el presidente de Federación Popular Democrática

afirma: "No tengo ningún afán de protagonismo. El protagonismo y la vanidad son los dos grandes

enemigos de una verdadera democracia." ¡Cierto! Al parecer, esta idea va abriéndose camino. La

democracia no puede funcionar satisfactoriamente sin partí dos auténticamente democràtic o s. En España

falta una democracia de base. No basta con el concierto de alianzas electorales. Eso es un puro ¡sálvese

quien pueda! ante el peligro de quedar sin representación en el futuro Parlamento. Buenas son,

imprescindibles, esas alianzas circunstanciales. Pero lo que exige el momento político de España es algo

mucho más importante. En ningún país europeo existen varios partidos demócratas cristianos, varios

partidos liberales, varios partidos socialistas. Aquí, donde es más endeble la democracia, empieza la

oposición por ser incapaz de constituir grandes partidos. Se conforma con formar partiditos, grupitos de

amigos. Hay mucho personalismo y mucha pequeñez de miras. Poca vocación polítíca —que es afán de

servir el bien común, espíritu de sacrificio— y mucha vanidad y afán de protagonismo.

.QUE solución existe para ¿ formar un gran partido centro al que dé homogeneidad su inspiración en el

humanismo cristiano, es decir, un gran partido demócrata cristiano, que, sin llamarse asi, lo sea por su

decisión de realizar una justicia social exigente, de suprimir a rajatabla desigualdades irritantes, de

emprender una reforma fiscal encaminada a una justa redistribución de la renta nacional, de arribar, en

fin, a la democracia social, real, sin la cual la pura democracia política o formal as una^faTsa organizada

para que todo, en el fondo, siga igual ?

Podría pensarse que el poder de atracción que alguno de los partidos ejerciese sobre los demás un fuerte

influjo capaz.

Juan Luis DE SIMÓN TOBALINA

(Continúa en pág. sigte.)

LA UNION DEL CENTRO

(Viene de.la pág. anterior)

de operar1 un efecto parecido al "sistema de incorporación" que Ortega y Gasset, apoyándose en

Mommsen, considera decisivo en la formación de la nación, es decir, una articulación unitaria que

fundiese los "particularismos" en una unidad superior. Al no darse, a Juzgar por los síntomas, esa

posibilidad de incorporación de los particularismos menores al particularismo mayor, pudiera •er viable

un congreso constituyente con participación de cuantos demuestren estar formalmente adheridos a alguno

de los grupos actuales, para aprobar unas bases mínim a s aceptables por todos ellos y elegir

democráticamente un órgano—o varios—de gobierno colegiado y renovable en períodos de tiempo

preestablecidos. En definitiva, constituir un partido unitario auténticamente democrático que, en relación

con los partidos regionales autónomos que comparten análoga filosofía política, pudiera

aspirar a formar con ellos un gran partido de estructura .federal o confederal. No faltan

precedentes, aunque imperfectos.

QUEDA el problema de la identidad. Algún partido temerá perder su propia sustancia, su razón de ser, su

misión, en el caso de fundirse con otros grupos que, sin dejar de invocar la necesidad de una reforma

social, podrían mostrarse reacios a la hora de realizarla. Pero no son menores las distancias que, dentro de

los grandes partidos europeos, separan su derecha de su izquierda. Dentro de la Democracia Cristiana

italiana, por ejemplo, las diferencias de apreciación sobre problemas económico-sociales entre el ala

derecha de los Pella, los Scelba, etcétera, y la izquierda de Donat-Cattin y los "sindicalistas" y las

rivalidades entre "moroteos", "doroteos" y demás "corrientes" no son menores .que las que separan al PP

o el UDE de ID. (No olvido las peculiaridades de los restantes partidos de la misma familia política.)

Otras agrupaciones concéntricas de mayor radio y det mismo papel estabilizador podrían constituirse.

Nada impide una alianza, no sólo electoral, eino con vistas a futuras coaliciones goberna n t e s, que una

al partido de inspiración cristiana con el partido liberal y el partido socíaldemócrata, « incluso, en ciertas

hipótesis, con un partido socialista libre de toda veleidad con loe comunistas, en una coalición centro-

izquierda capaz de realizar la labor de justicia social necesaria para que los españoles disfrutemos largos

años de esa paz y esa prosperidad que nos hemos deseado unos a otros en los pasados días navideños

Juan Luis DE SIMÓN TOBALINA

 

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