Autor: Briz, José. 
   Tiempo de transición     
 
 El País.    12/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Tiempo de transición

Los años de la pasada dictadura, tan cercanos y remotos a la vez, representan en realidad uno de los

últimos momentos de esa gigantesca crisis de identidad que España padece desde que, agotada en sus

estertores imperiales, fuera incapaz de incorporarse al mundo europeo del liberalismo y la revolución

industrial. Los mejores espíritus españoles sucumbieron en el forcejeo. Las fuerzas de la reacción siempre

impusieron dictados a un pueblo al que se mantenía en la miseria y se procuraba envilecer. Se trataba de

mantener al país a la medida de los enanos que lo gobernaban, vestido de carnaval, rencoroso y mediocre.

Todos los intentos de regeneración, y no digamos los revolucionarios, fracasaron, a veces abogados en

baños de sangre. Era la España de «charanga y pandereta...». Eran más bien las dos Españas que

profetizaba Larra.

Cortes con corbata negra, guerrera blanca y recortados bigotitos Liego, tras el desastre del 98, la mortal

agonía. España se quebraba. Parecía el último acto de la crisis. Algunos avistaban en el horizonte, tras el

entierro de la España podrida, un futuro difícil, pero esperanzador. No fue posible. El fracaso de la II

República propició la vuelta, con una guerra fratricida y una represión feroz, de la intolerancia y la

reacción. Era el triunfo de la España pequeña y retardataria, fácil presa del nuevo colonialismo que

se alumbraba después de la segunda guerra mundial. Era la España de Franco. Nació entre los clarinazos

fascistas, y enmudecidos éstos, convirtiéndose en un ruedo zarzuelero. Necesitaba el tirano un

acompañamiento coreográfico, y escogió para sus fines las camisas azules de la Falange y su bandera

sindicalista. Nunca entendió nada y no quiso hacerlo —no hay peor sordo que el que no quiere oír— de lo

que significaba la doctrina revolucionaria que articularan Ramiro Ledesma y José Antonio Primo de

Rivera. Lo que fuera, y es, una alternativa que quiere recuperar para el pueblo la dirección de sus propios

destinos, desmontando el capitalismo e implantando una democracia natural y directa, dando a los

trabajadores la propiedad y la gestión de los medios de producción, terminando con todo vestigio de

privilegios, asegurando intransigentemente la libertad yja dignidad de todos los hombres, se ocultó y

manipuló por el franquismo, convirtiéndola en la retórica pantalla de la depredación oligárquica. Así se

añadió a las camisas azules la corbata negra y, en un alarde de feroz cursilería, se encorsetó a los hombres

del partido único, o Movimiento Nacional, en blancas guerreras, buenas compañeras de sus recortados

bigotitos. Con estos hombres se formaron las Cortes. Buenas gentes que hablaban poco y aplaudían

mucho. Aquí paz y después gloria. Los falangistas, los auténticos falangistas, mientras tanto, soportamos

una falsificación que era imposible intentar aclarar al pueblo. Sufrimos, como tantos otros, persecuciones

y represión.

E1 pacto social

La muerte del dictador terminó con su régimen, pero no con sus herederos. Hay que tomar posiciones y

los que ayer se movían, como pez en el agua, en el caldo de cultivo de la tiranía, sé muestran hoy sinceros

demócratas y conducen, nada más y nada menos, que el cambio hacia, la democracia. No es posible creer

que pueda cambiarse tanto, al menos los hombres. Mucho nos tememos que detrás de tantamítsicá

celestial se intente, precisamente, qué cambien pocas cosas. Que quede, intacto, el sistema opresor

capitalista. Que permanezcan, intoca-dos, los grandes intereses que controlan la vida política y económica

del país para seguir entregando, a cambio de fabulosos beneficios, España a la rapacidad de poderosos

países y omnipotentes multinacionales. A pesar de todo, nosotros, los auténticos falangistas, nos

felicitamos si el proceso actual significa, al menos, el reconocimiento de las mínimas libertades formales,

aquéllas contenidas en la Declaración de los Derechos Humanos. Por ello propugnamos, en su momento,

la ruptura frente al franquismo. Pero ahora, y en el momento que quede consumado el acto electoral, los

españoles nos tendremos que enfrentar, más que previsiblemente, con una nueva forma de tiranía —la

oligárquica y parlamentaria— que iniciará su andadura, si le es posible, con el pacto social y, con la

ayuda interesada de potencias metropolitanas. Ni un céntimo menos deben percibir los mismos

que mantuvieron el franquismo. De otra forma, llegará la represión.

El sistema capitalista, necesitado de esclavos

Pero los auténticos falangistas ni pactamos con los que nos explotan, ni queremos la servidumbre y la

esclavitud —por bien alimentados que estemos—, ni soportáremos la dependencia colonial. Queremos,

por el contrario, la libertad entera. Para testimoniar y denunciar esta situación comparecemos

electoralmente, y continuaremos en el futuro. Estamos convencidos que el sistema capitalista nunca podrá

asegurar la verdadera libertad, sencillamente porque necesita de esclavos. Luchamos por la liberación de

todos los españoles. El pueblo lo conseguirá. La democracia liberal-burguesa que se intenta implantar

caerá como una cascara vacía. Habrá llegado la hora de construir para España una sociedad de hombres

libres. Lo que se avecina es sólo tiempo de transición.

JOSEBRIZ

Presidente de la Comisión Electoral

Nacional de Falange Española de las JONS (Auténtica)

 

< Volver