Las elecciones en Cataluña     
 
 El País.    11/06/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PAÍS, sábado11 de junio de 1977

Las elecciones en Cataluña

EN LA inmensa mayoría de las circunscripciones provinciales, el panorama electoralse estructura

exclusivamente en torno a las propuestas ideológicas y de clase que formulan los partidos. Con sus

lógicas peculiaridades, las opciones que se ofrecen al electorado son básicamente las mismas en Asturias

y en Toledo, en Valladolid y Badajoz. Incluso en aquellas regiones donde ha comenzado a despuntar la

conciencia de identidad, no es de esperar que los resultados de las votaciones reflejen apenas ese nuevo

fenómeno. Y hasta en una «nacionalidad histórica», como Galicia, o en el propio País Valenciano los

protagonistas principales de la lucha electoral serán los mismos partidos y las mismas opciones que en el

resto de la Península.

Las dos verdaderas excepciones son Cataluña y Euskadi, unidas en la reivindicación de la autonomía,

aunque divergentes en muchos otros importantes aspectos.

Alianza Popular se presenta en Cataluña en coalición con otros grupos locales de parecido signo,

encabezados por hombres tan impopulares y desprestigiados como los ex ministros de Franco. Sin

embargo, la coalición dulcifica su rótulo con una tranquilizadora invocación —Convivencia Catalana— y

hasta el señor López Rodó coquetea con el tema de la autonomía. La razón de esta ligera flexión de su

rígido programa es que AP tiene que competir, en la búsqueda del voto de los medios conservadores, con

la «Lliga», el partido que en su día presidiera Cambó y que, pese a su abandono de la causa catalanista

durante la guerra, mantiene en su plataforma electoral la petición del estatuto de autonomía.

Las alteraciones son todavía más notables en el espacio político cubierto por las formaciones de centro.

La coalición catalana que encabeza el señor Canyellas es perfectamente homologable con la federación

democristiana de los señores Ruiz-Giménez y Gil-Robles. Pero, en cambio, el presidente Suárez no ha

encontrado, para sus patrullas de desembarco, nada equivalente en Cataluña a la plataforma que le ofreció

en Madrid el Centro Democrático: En el resto de España (con la obvia salvedad de Euskadi), la UCD es

un matrimonio de conveniencia entre unos grupos con ideología definida, pero sin capacidad-organizativa

ni eficacia electoral, y un Gobierno que compensa su poquedad doctrinal con los inmensos recursos del

Poder. En Cataluña el Gobierno ha tenido que improvisar, a toda prisa y con poca compostura, un débil

entramado de lealtades personales y ambiciones reprimidas, a fin de que los votos favorables al señor

Suárez puedan tener una superficie sobre la que posarse.

La causa decisiva de que el Gobierno se haya instalado en Cataluña bajo un sombrajo apoyado en tan

débiles palos, es la existencia de una verdadera coalición de centro no coloreada por el Gobierno. El Pacte

Democratic per Catalunya, encabezado por el señor Pujol, es inabsorbible por el Poder central, porque

dispone de un proyecto político propio y de fuerza suficiente para hacerlo llegar a los votantes. Sus

opciones ideológicas —liberales o socialdemócratas— se hallan imbricadas con la afirmación de

Cataluña como nacionalidad y con la reivindicación de instituciones de autogobierno.

Ni que decir tiene que los hombres del Gobierno en Cataluña necesitan, para recolectar votos, algo más

que acercar sus imágenes a la fotografía del presidente Suárez. Esa es la razón de que, aunque sea a

desgana, también hagan suya la reivindicación de la autonomía y los principios del Estatuto de 1932.

El catalanismo modifica, asimismo, el paisaje de la izquierda. La necesidad del Partido Socialista de

Cataluña de llegar a los trabajadores inmigrados y la voluntad del PSOE de asumir una identidad catalana

han hecho posible una alianza electoral que marca el camino a seguir, en el resto de Fspaña, para la

unidad socialista. Y una de las principales razones que explican el mayor arraigo y aceptación de los

comunistas en Cataluña es que el PSUC ha sabido hacer compatibles los sentimientos nacionales y los

intereses de clase en un espacio geográfico en el que, por añadidura, casi la mitad de la población activa

es inmigrante y castellano parlante. Por lo demás, socialistas y comunistas presentan candidaturas

unitarias para el Senado en la coalición Entessa deis Catalans. Pero la mejor prueba de que el

nacionalismo no es la única pauta de organización de la vida política catalana es el fracaso de la

proyectada candidatura unitaria de todas las formaciones políticas autonomistas.

En cualquier caso, resulta seguro que Cataluña enviará a las Cortes de Madrid una mayoría de

congresistas y senadores comprometidos a reivindicar las instituciones de autogobierno; mayoría que será

abrumadora si los hombres de! presidente Suárez en Cataluña se atienen a sus promesas preelectorales. La

cuestión de las autonomías es seguramente el más importante y delicado de los temas que se inscriban en

la agenda de las Cortes Constituyentes. Se necesitará la inteligencia, la generosidad y el espíritu de

compromiso de todos para dar una solución eficaz y satisfactoria al contencioso que más gravemente

amenaza, si se aborda con planteamientos radicales, a nuestro futuro democrático.

 

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