Autor: Brabo Castells, Pilar. 
   A propósito de la política del PCE     
 
 El País.    11/06/1977.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

A propósito de la policia del PCE

PILAR BRABO CASTELLS (Del Comité ejecutivo del PCE)

Si las recientes posiciones adoptadas por el PC después de su legalización han causado desconcierto a

determinados sectores, según analiza un reciente editorial de EL PAÍS, y una escasa comprensión en

otros, añado yo, los comunistas nos sentimos más obligados a explicar las razones de fondo que marcan

nuestra línea de conducta.

En los innumerables mítines, en los que he intervenido en esta apasionante campaña electoral en la

provincia de Alicante, he explicado que el Partido Comunista ha jugado un papel fundamental en la

historia de este país durante los últimos cuarenta años. En primer lugar porque ha sido el primer partido

en tender la mano a todas las fuerzas políticas y todos los hombres que independientemente del batido en

que estuvieran en la guerra civil .pudieran coincidir en la lucha por la libertad y la democracia, en la lucha

contra la dictadura, que como era previsible, aunque no toJus lo previeran, se impuso al país cómo

resultado de los tres años de lucha fratricida. Esté esfuerzo tardó mucho en cuajar en realidades concretas.

De la elaboración de la política de reconciliación, 1956, a la creación de la junta democrática, 1974,

transcurrieron dieciocho años y no por culpa de los comunistas. La junta, y no me detengo ahorr. en

argumentar los porqués concretos, permitió la creación de la Plataforma Democrática y su posterior

fusión en Coordinación Democrática y, con el andar del tiempo, la creación de «La Comisión de los

diez», sin cuya existencia y presión continua sobre el Poder éste hubiera tenido las manos libres para

fraguar una política reformista aún menos democrática de la que ahora existe, y difícilmente hubiera po-

dido resistir la presión que en un sentido contrario ejercía Alianza Popular.

Otro aspecto fundamental con el que el PC ha contribuido a la lucha del pueblo español por la democracia

es con sus nuevas concepciones sobre los movimientos de masas y, en concreto, con su concepción de las

Comisiones Obreras. Es difícil concebir la lucha de la clase obrera bajo la dictadura sin la existencia de

Comisiones Obreras. Una de las pruebas palpables de la originalidad de esta experiencia y de su

adaptación a lo que el pueblo necesitaba la estoy constatando hoy aquí en Alicante, provincia que, según

los sondeos de EL PAÍS, da un tanto por ciento muy bajo al voto comunista, donde el número de afiliados

a CCOO supera en varias veces al de afiliados a USO y UGT juntos.

Esta profunda influencia del PC sobre la situación del país ha sido mayor en el período que va

de la muerte de Franco a esta campaña electoral.

Porque en este período el PC ha contribuido en dos aspectos que yo creo esenciales. El primero es la

clarificación de cuál es el objetivo fundamental para las fuerzas democráticas en el período que

concretamos, y, en consecuencia, quién es el enemigo principal que se opone a esa tarea. El objetivo

fundamental no es otro que el logro de la democracia, cuya consecución peligra todavía, a pesar de que

algunos parecen moverse como si ya viviéramos una situación de libertades políticas consolidadas. Y el

enemigo principal para lograr ese objetivo es el bunker, concretado políticamente en Alianza Popular. El

bunker no es un tigre de papel y en ios últimos meses han sido patentes sus esfuerzos por colocar al país

al borde, la intervención militar, al borde del golpe de Estado. En los dos tenias clave que definían la

efectividad o no del proceso democrático, la legalización del PC y la amnistía total, el bunker, Alianza

Popular, han puesto en pie todos los recursos con que cuentan en el aparato del Estado; desde la incitación

al Ejército y a la Magistratura a la rebelión contra el Gobierno, hasta el manejo de los oscuros hilos de la

provocación, para impedir que ambos temas se resolvieran en un sentido democrático. Todavía hoy el PC

no descarta nuevas provocaciones antes de las elecciones, porque Alianza Popular teme cada vez más los

resultados electorales, y si va a las urnas es porque aún confía en el voto del miedo, en el voto de la

ignorancia, en la actuación de sus propios caciques especializados en los manejos seudoelectorales de los

referendums bajo la dictadura.

El segundo tema en el que el partido ha contribuido con una aportación decisiva es lo que yo llamaría la

transformación de la reforma, tal y como fue concebida por Suárez, en un proceso viable hacia la

democracia.

No es afán de autopropaganda decir que ha existido esa transformación y que en ella el PC ha jugado un

papel decisivo. Basta recordar que la reforma, apenas elaborada por Suárez, fue aplaudida por todas las

fuerzas políticas que hoy se escandalizan de que el PC no critique el que Suárez se presente a las

elecciones. Cuando la reforma fue elaborada, Coordinación Democrática y la recién nacida Plataforma de

Organismos Democráticos defendían un proyecto que contemplaba entre otros puntos la posibilidad de la

creación de un Gobierno de amplio consenso democrático, que presidiera unas elecciones libres. No es

culpa de los comunistas que el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español se apresurara a

abandonar esa perspectiva para apoyar públicamente, y en principio, la ley de Reforma. No es culpa

nuestra que algún dirigente del PSOE calificara públicamente nuestra perspectiva del Gobierno

provisional de utópica. No es culpa del PC si esa perspectiva resultó inviable por falta del consenso de

otras fuerzas.

Pese a todas las dificultades iniciales, el PC no se resignó a aceptar la reforma tal y como Suárez la

preveía. Y en la previsión de Suárez no entraba la legalización del PC ni tampoco la amnistía total, ni

estaba claro lo que iba a ocurrir con las centrales sindicales ni con otros muchos temas. El PC ha luchado

con toda su energía y su inteligencia y ha impulsado al máximo la presión de la «Comisión de los diez»

en torno a estos temas. Unos se han logrado antes de las elecciones, otros sólo se conquistarán después. El

PC ha tenido que atemperar el ritmo de las manifestaciones y las huelgas a la gravedad de la situación

política creada por Alianza Popular después dé la legalización del PC. Pero en ningún momento ha dejado

de desarrollar aquellas iniciativas políticas que permitieran tanto la legalización de los partidos como la

amnistía total, como en definitiva el llegar a unas elecciones que pese a no ser totalmente libres, sí pueden

representar el primer paso hacia una nueva Constitución libre y democrática.

No se puede decir lo mismo de todas las fuerzas. Cuando el expediente del PC pasó al Tribunal Supremo,

junto a fuerzas políticas que exigieron con fuerza nuestra legalización y que incluso la plantearon como

condición si-ne qua non para ir ellos a las elecciones, y por cierto algunos de esos partidos forman hoy

parte de la Unión del Centro Democrático, otras fuerzas situadas mucho más a la izquierda guardaron un

silencio tan significativo como asombroso, y afirmaron públicamente que su decisión de ir a las

elecciones no variaba si el PC era legalizado o no. Lo menos que puede decirse es que poco podía

confiaren ellas el PC a la hora de transformar la reforma en ese proceso viable hacia la democracia.

Uno de los puntos que han transformado cualitativamente la reforma es, precisamente, la legalización del

PC, y no sólo porque el PC sea una fuerza real, sino porque el pueblo español no hubiera votado

libremente sin el PC legalizado, porque entonces el miedo hubiera sido mayor y todo el espectro político

se hubiera inclinado forzosamente a la derecha y hacia Alianza Popular.

No habrá libertad plena hasta .que todos los partidos políticos sean legalizados y todos los prisioneros

políticos sean puestos en libertad y se paseen libremente por las calles de su patria. Esta

realidad describe la insuficiencia de las libertades arrancadas antes de las elecciones. Pero hay que

preguntarse sobre quién recae la responsabilidad, quién controla hoy más resortes fundamentales del

aparato del Estado. Olvidar que salimos de una dictadura que ha durado cuarenta años y que su armazón

jurídico-administrativo-militar continúa intacto, sólo conduce a la irresponsabilidad, y en las actuales

circunstancias, la irresponsabilidad puede salir muy cara a todo el pueblo.

Al PC se le ha acusado de no autocrítico en las mismas páginas de EL PAÍS porque el 20 de noviembre

de 1975 no adoptó, respecto a la Monarquía, las posiciones que adoptó el 15 de abril de 1977. La

autocrítica es sana y es costumbre en nuestro partido practicarla, más de puertas adentro todavía que cara

al exterior, lo cual es, dicho sea de paso, una secuela de la clandestinidad a superar. Pero creo que en este

caso "EL PAÍS no tiene razón al pedirnos directamente una autocrítica. Porque si el PC hubiera dicho en

1975 lo que decimos en 1977 hubiéramos impedido ¡o que ha-sido una evolución real de las posiciones de

la Monarquía respecto a la democracia en ese período. Evolución en la que ha jugado un papel

fundamental la voluntad democrática mayoritariamente expresada en todo ese período por nuestro pueblo,

y la actitud de lucha incansable por la democracia de los partidos políticos democráticos, entre ellos el

nuestro. Dar un cheque en blanco a la Monarquía el 20 de noviembre de 1975, cuando ningún indicio

existía de una voluntad democratizadora en el titular de la Corona hubiera sido un error histórico que

hubiera puesto la hegemonía del proceso democratizador en las manos del franquismo. Con lo cual lo más

probable hubiera sido que el proceso democratizador no llegara a iniciarse.

Si don Juan ha esperado casi dos años en renuncia a la sucesión monárquica en favor de su hijo, ¿cómo

puede pedírsele al PC que depositara su confianza en la Corona el día de la muerte del dictador?

Las decisiones del CC del 15 de abril del 77 no suponen que el PC renuncie a su republicanismo ni que

depositemos nuestra confianza en la Corona. Las resoluciones del CC y los discursos de Santiago Carrillo

están ahí para quien quiera leerlos. Lo que decimos está dicho en el más puro estilo condicional: «si en el

proceso de paso de la dictadura a la democracia, la Monarquía continúa obrando de una manera decidida

para establecer en nuestro país la democracia, estimamos que en unas futuras Cortes nuestro partido y las

fuerzas democráticas podrían considerar la Monarquía como un régimen constitucional y democrático, en

el cual sería posible ventilar las diferencias políticas y sociales que cruzan a la sociedad española.

Naturalmente, si no fuera así, nosotros no tendríamos ningún compromiso que nos atara en ese sentido».

El PC no es pro suansta. Cara a las próximas elecciones decimos que nuestro primer objetivo es que

triunfen las candidaturas democráticas desde el centro hasta los comunistas. ¿Qué queremos decir? Que lo

fundamental hoy es borrar de este país el fantasma de la dictadura, el espectro del pasado y que cada cual

ocupe el espació político que le corresponde. Que cada partido pueda encontrar su electorado libremente.

Hay sitio para todos. Los más desfavorecidos para ese encuentro con nuestro país somos los comunistas,

después de cuarenta años de ataques sistemáticos que han deformado nuestra imagen. Y sin embargo

somos optimistas por la simpatía, el aprecio y la atención que apreciamos en todos nuestros mítines. Aquí,

en Alicante, por ejemplo, son 70.000 las personas qué ha pasado ya por nuestros actos, es decir, más del

10 % del censo electoral, sin que. por cierto, esto se haya reflejado en uña sola línea en EL PAÍS.

Para conseguir que triunfe la democracia tenemos que atacar en nuestros actos al enemigo principal de

ella: a Alianza Popular. Para conseguir votos para el PC no tenemos que atacar especialmente a nadie,

basta con explicar nuestro programa y nuestra estrategia. Nuestro espacio político es claro. Pero si nos

atacan otros partidos democráticos no poridremos la otra mejilla. Nos defenderemos.

Para terminar, quiero explicar algo sobre el equipo dirigente del partido al que pertenezco, como su

miembro más joven, desde hace siete años. Es cierto que muchos hombres de este equipo proceden de la

Juventud Socialista Unificada. Esa es nuestra suerte. Elaborar política desde una concepción marxista es

una Je las tareas más complejas, difíciles y apasionantes en las que se puede participar. Porque

pretendemos transformar la realidad y cuando reflexiono sobre estos siete años y sobre los años anteriores

no puedo por menos que reconocer que nuestro partido ha transformado profundamente la realidad

española. En 1956 éramos aún un pueblo dividido, hoy hemos unido en el mismo haz todo lo unificable

en aras a conquistar la democracia. Ningún acontecimiento internacional, como en Grecia, o institucional,

como fue el papel jugado por el ejército en Portugal el 25 de abril, ha contado en nuestro país a la hora de

superar la dictadura. Ha sido la labor del pueblo, de las fuerzas políticas y con un peso decisivo la

combatividad, la energía y la inteligencia de un partido creador: el Partido Comunista. Partido que para

continuar dando una aportación decisiva a la lucha democrática en este país necesita la crítica y la

autocrítica.

 

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