Autor: Fernández-Cuesta Illana, Nemesio. 
 Tribuna libre electoral. 
 La desproletarización, en marcha     
 
 El País.    10/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TRIBUNA UBRE ELECTORAL

La desproletización, en marcha

El joven Carlos Marx afirmaba que el obrero era una mercancía en sí mismo, cuyo valor depende de la

oferta y la demanda. La apropiación de este valor por el patrono supone correlativamente una pérdida

para el trabajador que, al ser herramienta y producto al mismo tiempo, es víctima de una alienación o

enajenación a favor de otro hombre, el propietario, quien, a su vez, tiene tal condición como resultado del

trabajo objetivado y enajenado de otros hombres. El Marx maduro dedica un capítulo de «El Capital» al

fetichismo de la mercancía, a la que atribuye un carácter místico, para concluir que el hombre no tiene

más Dios que el hombre (1).

Mis cortos conocimientos sobre el marxismo, que se extienden tan sólo a la lectura superficial de tres o

cuatro libros, no me permiten abordar una crítica seria de esta alienación del hombre por el hombre, pero

el simple sentido común me lleva a concluir que asistimos a una progesiva desproletarización. Del obrero

inglés, que tomó como ejemplo Marx, con una jornada laboral de dieciséis a dieciocho horas, al

trabajador de hoy media una diferencia abismal. Las funciones humanas están sujetas a una racionalidad

libre y la enajenación del trabajo no afecta a la esencia del hombre.

La sofisticación compleja de nuestra vida social hace que surjan progresivamente nuevas clases de

trabajo, y todo un sector terciario de servicios que acelera tal desproietarización. Con ello

me parece indudable que, sin negar el conjunto de intuiciones extraordinarias de Marx y su importante

aportación a la ciencia económica, el socialismo marxista de nuestros días cada vez tiene que enfrentarse

más violentamente con una dicotomía interna entre doctrina y praxis.

Este proceso de desproletarización es una altísima válvula social. El conservadurismo vital de los

españoles de hoy y las . consecuencias de la mejora de su nivel de vida, pese a todas las injustas

desigualdades todavía existentes, permiten una dialéctica de concertación que puede germinar en una

sólida base de convivencia, en la que ideologías distintas, y hasta teóricamente enfrentadas, acampen

juntas sin excitar sus larvados antagonismos. La izquierda y la derecha están siendo erosionadas por la

propia incoherencia entre su teoría y sus hechos, acusada por ambas, y una nueva fuerza intenta centrar la

vida política e impregnar de sentido social las relaciones económicas.

En determinados aspectos la confrontación tiene vocación de síntesis, superadora de ese equilibrio

inestable que es la gran acusación que hoy en España se imputa al centro. Después de las elecciones, ¿se

convertirá en derecha o en izquierda? Esa es la

pregunta que muchos se formulan. Para Tierno, el centro es la derecha. Tal vez porque no es la izquierda.

Para Fraga puede ser el caballo de Troya que abra las compuertas a la izquierda; un centro blando frente

al centro berroqueño que se supone es Alianza. En definitiva, cuestiones de topografía, geometría o

maleabilidad, que el pueblo español, con su gran sentido político, sabe discernir con certero olfato.

Porque al final los indecisos, no hay indiferentes, se inclinarán por la opción que menos riesgos comporte,

por la que entiendan más segura para templar las destemplanzas.

Unos quieren llegar al socialismo por la democracia; a otros no nos importa que la vía a la democracia

tenga que atravesar un entorno de socialización. Porque la bandera de lo social no es privativa del

marxismo y, por el contrario, es propia de una concepción cristiana de la vida. He ahí la gran tentación de

la aparente convergencia entre marxismo y cristianismo, irreconciliables en el plano doctrinal.

Hay, sin duda, un socialismo

de mano tendida, pero de puño cerrado. Una contradicción que refleja simplemente la que va de lo

pintado a lo vivo, entre la libertad, con su fuerza creadora, y la colectivización, con su igualitarismo

negador de la iniciativa privada. El socialismo doctrinario rechaza los trasplantes de libertad que a veces

pretenden realizarse y, en todo caso, carece de una eficiencia comparable a la del mercado para

aprovechar con la máxima productividad los recursos económicos. Por ello es difícil creer que cuando el

Estado quiere poseer el control de la producción para4 teóricamente, orientarla en beneficio dé ía

colectividad, las pequeñas y medianas empresas puedan conservar su perfil humano y su libertad de

acción. Y no es porque resulten peligrosas para el socialismo, sino por la simple razón de tener que

amoldarse en su comportamiento a las exigencias del sector público. De ahí la importancia de esa

vocación de centrar la vida política y económica a través de una opción que permita conciliar los intereses

generales y el ejercicio dé la libertad individual sin la asfixia de la iniciativa privada.

Ahora España va a ser de todos y entre todos hemos de decidir unas nuevas normas de convivencia, pero

también muchas cosas más que ya no pueden ser patrimonio intelectual ni material de unos pocos.

Necesitamos aclarar bien las ideas y considerar que la política española no debe seguir siendo un

melodrama de buenos y malos, de héroes y de traidores. Las radicalizaciones debemos desterrarlas para

siempre de nuestra convivencia ciudadana.

No soy marxista. No podría serlo. Comprendo, sin embargo, que cumple su papel en unas sociedades que,

a veces, se llaman cristianas, pero viven muy poco el Evangelio. Hay que combatir el marxismo con una

buena capacidad de gestión económica, con un auténtico sentido social y una nueva concepción de la

sociedad, que se rija por una tabla de valores distinta del puro consumismo y eu la que e! nivel se

convierta en género de vida.

La clave está en la desproletarización. Un proceso que evoluciona en sentido contrario al supuesto por

Carlos Marx. Hoy como desenlace de un dilatado régimen personalista, tal proceso sólo puede impulsarse

sin riesgos ni enfrentamientos, apoyando las opciones políticas de centro, sumando ideologías y tendiendo

la mano a la izquierda y a la derecha, porque el problema, recordémoslo, no es de ir hacia uno u otro lado,

sino de acortar distancias entre los de arriba y los de abajo, sin exclusivas paternalistas, redentoras o

violentas.

Estas ideas, muy resumidas, proceden de «Marx y los neohegelianos», del profesor Armando Segura,

Editorial Luis Miracle, SA, Barcelona, septiembre 1976.

NEMESIO FERNANDEZ CUESTA

Candidato a senador por Madrid de la Unión de Centro Democrático

 

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