Autor: García San Miguel, Luis. 
   La identidad del socialismo     
 
 Diario 16.    02/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La identidad del socialismo

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Luis García San Miguel

Si el socialismo quiere diferenciarse del comunismo habrá de perder, por de pronto, ei "temor" a

criticarlo. Hasta ahora los diversos grupos. de la oposición parecían tan preocupados por no presentarse

como anticomunisías que por adquirir una fisonomía propia. Esto era particularmente llamativo en

algunos grupos democratacristianos, que acentuaron de tal modo su izquierdismo que su primitiva

ideología no se reconocía fácilmente.

Y esa crítica .socialista al comunismo habrá de hacerse en dos frentes: el de la práctica y el de la

ideología. En el orden práctico, se le podrá reprochar al comunismo la ambigüedad de sus recientes

declaraciones .democráticas. En efecto, si se dice que Arias Navarro no puede convertirse de la noche a la

mañana en demócrata, algo parecido habrá dé decirse (en el supuesto dé que se quiera ser coherente) de

Carrillo o de la Pasionaria. Si se piden libertades en España hay que pedirlas, con igual intensidad, en la

Unión Soviética, tanto más cuanto que el régimen español es mucho más liberal que el soviético. No se

comprende bien cómo Dolores Ibarruri puede ser demócrata y, al mismo tiempo, vivir en la Unión

Soviética y cobrar (hay que suponer que algocobrará) del Partido Comunista de aquel país., Si se

condenaba el colaboracionismo con la dictadura de Franco, habrá que condenar el colaboracionismo con

Stalin o Breznev. Finalmente, hay que.tener en cuenta que hasta el momento (esto es un tópico, pero

parece un tópico verdadero) en ningún país comunista existe la democracia y no es insensato suponer que

los comunistas españoles van a intentar, si los dejan, establecer algo parecido a lo que ya existe en

aquellos países. Estas o parecidas críticas podrían formularse a la práctica del Partido Comunista. Críticas

que son compatibles, desde luego, con el reconocimiento de que algo empieza a cambiar en el comunismo

occidente! y de que debe ser admitido en la legalidad.

El socialismo podría flexibilizar también su programa para hacerlo más claramente distinto del

comunista. Por de pronto podría abandonar su confesionalismo marxista. Ya se sabe que dentro del

marxismo, como del cristianismo, caben muchas cosas, pero hay límites infranqueables, como, por

ejemplo, el ateísmo y la interpretación materialista de la historia. Estos límites constituyen una cierta

barrera dogmática que resulta difícil de traspasar para muchos: hay que suponer, por ejemplo, que los

católicos no deben de sentirse cómodos en un partido confesionalmente ateo. Por otra parte, y esto es lo

que nos interesa más ahora, el mar, sismo acerca, se quiera o no, al comunismo. Sustituyendo el

marxismo por el .humanismo, el socialismo adquiriría un perfil menos dogmático y, de pago, daría cabida

a mucha más gente.

El revolucionarismo que los socialistas profesan suscita en muchos la idea de violencia y de dictadura y

no sin r.azón, pues la mayor parte de las revoluciones se han hecho a tiros y han entronizado la dictadura

de un partido. Por otra parte, cuando se predica la revolución y no se la pone en práctica, como les ocurre

a socialistas y comunistas occidentales, se da una imagen de insinceridad o de utopismo.

El socialismo podría, finalmente, flexibilizar su "obrerismo", declarándose partido de trabajadores,

manuales, y no manuales. El obrerismo distancia a mucha gente que disfruta de una situación económica

desahogada y se siente incómoda teniendo que profesar algo de lo que está distante en su vida privada. Y,

desde luego, el "obrerismo" acerca también al comunismo.

Un socialismo humanista, reformista, autogestionario y no obrerista adquiriría un perfil bien distinto del

comunismo. Sé bien que éste es un "programa máximo" y q u e, los partidos socialistas no van a aplicarlo

a corto plazo. Pero algunas cosas parecen urgentes .y la revisión de la confesionalídad marxista quizá la

más urgente de todas. En definitiva, si el socialismo quiere diferenciarse del comunismo, y repito que ése

es el supuesto de que partí al principio, habrá de dejar bien sentado que, en la izquierda, él es partido de la

libertad, el más pura y sinceramente demócrata. El que no acepta la democracia tácticamente, sino que

pretende conservarla´a todo lo largo de] difícil camino que conduce hacia la autogestión. El partido que

quiere incrementar pero no destruir la libertad ya parcialmente existente en el mundo occidental.

 

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