Autor: Prat García, José Diosdado. 
   Las razones del socialismo histórico     
 
 El País.    07/06/1977.  Página: 9-10. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Muy cerca de un siglo de historia, y no fácil por cierto, tiene el Partido Socialista en España. De la lealtad

de su adscripción ideológica y de la fidelidad a sus métodos de democracia interna y de devoción por los

intereses del pueblo queda testimonio a lo largo de las muy diversas épocas que le ha tocado vivir. Su

sentido de responsabilidad ante los trabajadores y ante la opinión pública son indudables, incluso en sus

errores, menores sin duda que sus infortunios, si éstos se estiman por la moral del éxito, que no inventó

MaquiavelOi puesto que la recogió de los usos políticos de entonces; de antes y después, además.

De lo que no cabe duda es de su consecuencia en no pocos principios y en su método de acogerse, a la ley

para reformarla y elevarla con e! acercamiento posible al ideal. Si al bueno de Alfonso el Sabio se le cayó

la corona de tanto mirar al cielo, el Partido Socialista ha mirado a la vez al cielo y al suelo y se ha

tropezado en no pocas ocasiones con éste. Las más ha sido para daño común de nuestra nación y el

partido.

La Historia, lección de futuro

Nosotros, socialistas «históricos», con ansia de que todos lo sean, para que a todos nos aliente el ímpetu

«renovador», que es la tradición viva, el capítulo de la . historia que se escribe día por día, ponemos

nuestro pie firme en la tierra materna, para recorrer siempre nuevos caminos, ahora más nuevos que

nunca, en trance de redescubrirniento de la democracia, que quiere decir convivencia en la paz civil, sólo

posible en la libertad respetada y practicada con ese sentimiento del deber que hace de la conciencia in-

dividual la base de la vida política digna y humana. De aquí que ante el momento político, y ahora

electoral, de España, la lección de la Historia no puede ser otra que recoger en su esencia el aliento

progresista que tuvo memorable

expresión en la Constitución de 1812 y cooperar a dejar para la historia del pasado las páginas dramáticas

de las guerras civiles y trabajar en el presente por el diálogo respetuoso y sincero de todas las ideas como

preludio del método de decidir según el principio de la mayoría. .Basta, después de todo, ia mitad más

uno de votos deliberantes para que se haya encontrado el método de desterrar la fuerza material como

medio de imponer las ideas que el más fuerte cr.ee justas. Criterio este último elemental, primitivo, cruel

y, a la larga, ineficaz.

Referéndum y elecciones

Tenemos demasiados ejemplos —piénsese en nuestro inolvidable Julián Besteiro— de no temer a la

impopularidad, para explicar cómo en noviembre de !976 solicitó nuestro partido el , voto favorable al

referéndum de la ley de Reforma Política. Importaba más usar una forma democrática, con mayores o

menores defectos, que abrir el camino de la democracia^que ayudar, incluso sin proponérselo, a la

supervivencia de un sistema político de signo muy contrario. Sin comprometer nuestro deber de defensa

de las propias ideas, aprobábamos con nuestro voto la iniciación de un camino de empeños de libertad,

angosto o amplio, pero camino al fin, que a la voluntad general correspondía afirmar y ensanchar.

Lo mismo que pedimos el voto para el referéndum, lo pedimos paía estas elecciones, que están lejos de

ofrecer condiciones por entero irreprochables, siempre difícileSjY más cuando hav una interrupción tan

prolongada en el ejercicio del sufragio universal en el pasado, no siempre practicado con pulcritud

completa que el socialismo español, con Pablo Iglesias a la cabeza, defendió y practicó siempre. Iglesias,

«el abuelo» entrañablemente querido por aquellos obreros y socialistas que no gustaban del culto de la

personalidad, fueelprimerdiputado a Cortes que logró el partido, no antes de 1910 y en soledad

significativa. Importa más el espíritu y hábito de la libre ciudadanía que el triunfo mismo electoral y no

por precavida renuncia a la mano de doña Leonor.

A ncha es Castilla. Si ancha es Castilla, lo es más la «anchurosa España». Restituida para la democracia,

caben en ella todas las ideas políticas y todos los partidos que las defiendan con sinceridad y con respeto

al derecho ajeno. Es decir, con respeto de la ley, que cabe reformar y mejorar por el mismo método

democrático.

JOSÉ PRAT

Presidente del Partido Socialista Obrera Español (Sector fíistórico) y candidato al Congreso por la

Alianza

Socialista Democrática en Madrid

 

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