Autor: Carrillo Solares, Santiago. 
   La moderación comunista     
 
 El País.    09/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRIBUNA LIBRE ELECTORAL

La "moderación" comunista

En este país, donde durante cuarenta años se han estado diciendo los mayores horrores contra los

comunistas, se produce ahora una rara coincidencia en reprocharnos nuestra «moderación».

Casi se nos acusa de querer ocupar, con fines electoralistas, el espacio político que correspondería a otras

fuerzas.

¡Un poco de seriedad, señores! Lo que se denomina «moderación» comunista no es una política que

hayamos inventado a última hora para ganar votos. Es una constante de nuestra orientación desde hace

muchos años, cuando algunos de los que ahora nos critican no pensaban seguramente en ser candidatos.

Ahora todo el mundo habla de reconciliación nacional, de superar la división entre vencedores y

vencidos, de enterrar el hacha de la guerra.

Pero en 1956, cuando nadie se expresaba así, el Partido Comunista fue el primero en elaborar y lanzar esa

política, entre la sorpresa de unos y la irritación de otros que nos acusaban ya entonces de moderación y

seguían manteniendo enhiestas las banderas de la guerra civil.

También fuimos los primeros en iniciar el acercamiento a los movimientos cristianos y en pretender el fin

de la contradicción secular entre Iglesia y democracia. Y los que todavía seguían —en sentido figurado—

desayunándose todas las mañanas con carne de cura nos lo reprocharon agriamente. Hoy parece que en la

izquierda todo el mundo comparte, más o menos, esas posiciones.

Del mismo modo se nos acusó de ingenuidad y hasta de capitulacionismo cuando, hace bastantes años,

empezamos a propugnar un acercamiento entre pueblo y Ejército. Actualmente, ¿quién niega la necesidad

de ese acercamiento para garantizar la consolidación pacífica de un sistema de libertades?

Cuando, también hace años, empezamos a preconizar el «pacto para la libertad», basado en un acuerdo

nacional entre fuerzas trabajadoras y burguesas, entre demócratas y sectores reformistas desprendidos del

franquismo, se decía que éramos utopistas, cuando rio se nos condenaba por pretender una convergencia

con fuerzas social y políticamente adversas. Y, sin embargo, las cosas están marchando por el rumbo que

habíamos previsto.

Igualmente, conscientes de las dificultades de la transición de la dictadura hacia la democracia, habíamos

elaborado para esta fase un programa económico en el que se preveían pasos muy medidos para no

provocar tensiones peligrosas.

Y ahora ciertos partidos vienen y nos dicen: «¡Eh!, estáis ocupando "nuestro" espacio político.

Desplazaos hacia posiciones izquierdistas, dejadnos cómodos.» Otros nos acusan de ponernos una piel de

cordero para engañar incautos.

Por una vez, y aunque se enfaden quienes nos critican, había que responderles con cierta claridad.

El espacio político que estamos ocupando, la política que venimos defendiendo, son exactamente los que

hemos mantenido desde hace, por lo menos, veintiún años. ¿Con qué derechos se nos pide ahora que los

abandonemos, que se los dejemos a los que se han despertado en vísperas de la legalidad y de las

elecciones?

Aunque nos duela irritar ciertas epidermis ultrasensibles, a veces de gentes amigas y embarcadas, mal que

les pese, en la misma galera que nosotros, tenemos que decir que durante largos años en este país sólo ha

habido un partido de oposición seriamente organizado y que hacía política de verdad, con visión de

porvenir y sin improvisar. Ese partido era el Comunista. Muchos no reconocerán esto públicamente

nunca, pero están convencidos, en su fuero interno, de que es cierto.

Pues bien, que creen ellos su auténtico espacio político, haciendo política y no dando bandazos, unas

veces a la izquierda, otras a la derecha. Que empiecen a actuar de verdad como partidos políticos serios y

responsables. Y si coinciden con nosotros en unas u otras cosas, que lo digan honestamente y no

pretendan que les hemos arrebatado lo que por derecho casi divino les pertenecía.

En el fondo, dan la impresión de que desearían que los comunistas fuésemos como nos describía la

propaganda fascista y no como realmente somos.

Lo lamentamos, pero no podemos complacerles. Aquello que se llama «moderación» comunista no es

más que realismo, conocimiento de lo que hoy se puede y se debe hacer, espíritu de responsabilidad por la

suerte del país. Y aunque estamos legalizados y podemos hablar sólo desde hace pocas semanas, las

españoles se percatan, más rápidamente de lo que algunos creían, de estas calidades. Por eso el 15 de

junio muchos, superado el temor, van a votar resueltamente las candidaturas del Partido Comunista de

España, que ha huido de la demagogia electoralista como de la peste.

SANTIAGO CARRILLO

Secretario general del PC E. Candidato al Congreso por Madrid

 

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