Autor: Rubio, Francisco. 
   Reinstauración de la democracia orgánica     
 
 Diario 16.    26/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Reinstauración de la democracia orgánica

Francisco Rubio

Los 425 procuradores .que han votado a favor del proyecto de Reforma están, seguramente,

suficientemente ilustrados y pueden ahorrarse eltrabajo de leerme. Falsas modestias aparte, creo que el

resto de los españoles, incluidos aquellos que en las Cortes votaron que no, tal vez puedan extraer de mi

lectura algún provecho.

En lo que a estos últimos toca, hay que comenzar por rendir homenaje a las totervencionss que en el

debate tuvieron los señores Pinar López y Fernández-Cuesta, las únicas que evidenciaron un

conocimiento real de las Leyes Fundamentales. Es claro, clarísimo, que los Principios Fundamentales del

Movimiento Nacional eran >en rigor, hasta el referéndum, son) "por su propia naturaleza permanentes e

inalterables", que no podían ser derogados dentro de 3a legalidad vigente y que, por t?nto, por debajo de

sus apariencias, el proyecto aprobado implica una ruptura de esa legalidad. Les falló, síu embargo,

perspicacia para darse cuenta de que esa ruptura es simplemente formal, pero ese fallo no es de ahora. Q

quizá no fue fallo, sino que lo que defendían no era la democracia orgánica, eino la dictadura, pues

democracia orgánica van a tenerla ahora.

La diferencia teórica esencial entre la democracia orgánica qtie hasta ahora nominalmente hemos

padecido (de hecho hemos vivido bajo un sistema dictatorial, y ahí .está la madre del cordero) y la

inorgánica que, también nominalntente, nos aprestamos a disfrutar, estriba ea su diferente concepción de

la sociedad. En la teoría de la democracia orgánica (muy pobre como teoría), la sociedad es entendida

como un organismo, es decir, como un conjunto diferenciado de órganos "naturales" que realizan

funciones concretas. El individuo está determinado por su inserción en alguna o varias de esas estructuras

naturales y sólo a través de ellas puede y debe tomar parte en la vida del Estado; no es nurlca hombre a

secas, sino hombre "situado" (miembro de una familia, de un t sindicato, etc.), cuyo peso político es

función de la estructura de que forma parte y que sirve dé caucel su actividad. El principio qrgani.zativo

de la convivencia política no es la igualdad, sino la diferencia. La democracia inorgánica, tambiéa

llamada democracia a secas o sin ´apellidos (aungue también de esto cabría hablar), arranca de una viaióu

diametralmente opuesta. Ssan cuales sean las diferencias de todo tipo que entre los individuos existen,

como ciudadanos todos ellos son iguales y sólo como ciudadanos pueden actuar políticamente, El

principio organizativo es el de igualdad: cada hombre un voto y, por supuesto, todos los votos Iguales.

Los 425 procuradores que dieron d si saben bien todo esto. Por eso no traicionaron nada, por eso el si y

por eso el alborozo. Ellos sabea bien que lo fundamental es que «e rechace el trivial principio de igualdad

y sigamos aferrándonos a unas estructuras naturales; que éstas sean unas u otras es. accesorio y SÍH

ínterés. Para Vázquez de Mella era» la familia, el municipio y la región; para la Falange, familia,

municipio, y sindicato. Qué más da. Lo que importa es el principio, la afirmación de que lo natural, no es

el individuo,, «ino cualquier otra creación artificiosa que permita prescindir del hombre mismo y del

funesto sistema del Gobierno de la mayoría, y esto está conseguido

El acuerdo entre el Gobierno y la Alianza Popular no fue, como se está diciendo, una matizacíón apenas

importante. Fue la sustitución del principio de igualdad por eï de diferencia, de la democracia inorgánica

por la orgánica. Baste hacer unos pocos números, sin entrar en technicalities que ahorro al lector. Si en las

elecciones al futuro Congreso, integrado precisamente por 350 diputados (¿por qué 350?), se ha de

atribuir a cada provincia un número mínimo de éstos, se tendrán los siguientes resultados. Restados del

total los tres diputados que, como mínimo, habrá que conceder a cada provincia (con circunscripciones de

tres escaños ïa representación proporcional funciona mal, pero con dos es imposible), quedan 200 para

distribuir entre ellas en proporción a su población, a •razón, aproximadamente, de uno por cada 180.000

habitantes. Nuestras dos provincias menos pobladas, Soria (113.887 habitantes para el 31-12-1974) y

Teruel (165.817) contarán asi, cada mía de ella», con cuatro diputados; las nías pobladas, Barcelona

(4.286.003) y Madrid (4.079.620), con 27 y 26, respectivamente. Cada diputado de Soria representará a

28.471 habitantes; cada uno de los de Barcelona, a 156.740. Pero esto es sólo el comienzo. Si tomamos en

cuenta también, como es forzoso, a los cuatro senadores con que cada provincia ha de contar, cada uno de

los ocho representantes sorianos en las Cortes futuras representará a 14.235 de sus paisanos; cada «no de

los 31 representantes de Barcelona, a 138.065 barceloneses. Dicho de otra forma, cada voto soriano vale

por diez votos barceloneses o por nueve votos madrileños. Las consecuencias políticas de esta realidad

son tan obvias que se puede dejar a los políticos la tarca de extraerla^. Yo me limitaré a una precisión

final: pese a todo, pese al hecho evidente de que lo que ahora se instaura en España es una democracia

orgánica en la que la soberanía no corresponde al pueblo, sino a las provincias, hay qae agradecer al

Gobierno Suárez dos cosas muy importantes: que intente llevarnos de la dictadura a la democracia y que

haya simplificado el esquema teórico de ésta reduciendo a un solo cauce orgánico (la provincia) los tres

de antes. La cosa sigue eiendo absurda, pero al menos es más simple.

 

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