Autor: Osorio García, Alfonso. 
   La democracia como una conquista de todos     
 
 Ya.    21/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA DEMOCRACIA COMO UNA CONQUISTA DE TODOS

Por Alfonso OSORIO

Vicepresidente segundo del Gobierno

DESDE hace un año, lo esperanza democrática ha ido confirmándose en realidad. A lo largo de un año de

Monarquía nos hemos acostumbrado a ver que los españoles somos plurales, que los diferentes opciones

políticas han comenzado a verse como naturales, llegando al convencimiento de que, nos guste o no,

tenemos que aprender a vivir unos con otros, respetar nuestras opiniones en una sociedad española cuya

estructura—que no es la misma de hace cuarenta años——es tan normal como cualquier otra sociedad

europeo desarrollada.

Por esto mismo, vivir en una España de treinta y seis millones de habitantes significa aceptar las

diferencias y también negociar.

No se entiende la democracia sin grupos políticos organizados. Es más, no hay sindicatos libres, ni

municipios libres, ni asociaciones libres sin grupos políticos libres. Es lógico, pues, que al existír una

oposición, se entable una noble discrepancia ideológica, cuya pluralidad en el país es hoy inevitable como

supuesto de nuestro tiempo. Y diciendo las cosas con la claridad de las palabras, ésa es la misión de este

Gobierno, organizar la convivencia pacífico sobre el supuesto del pluralismo, estableciendo esa noble

discrepancia ideológica sobre unos cauces enteramente pacíficos que nos salven de los riesgos de la

violencia, que nos anunciaron los agoreros; empeño éste en el que debemos ser alentados, porque sí no

podemos caer en la propia violencia. Esa es nuestro norma y ése es nuestro objetivo, y creo, creemos, que

vamos andando con firmeza por el camino, el único viable, de la pacífica convivencia.

La reforma política, el desarrollo de lo transición, es un cloro exponente de que los fuerzas políticas están

alcanzando su derecho a dejar oír su voz en un país que, bojo la Monarquía, vive en afán de progreso, de

elevación, de esfuerzo, de renovación. Tratamos, en suma, de acceder a lo democracia plena para que los

decisiones pasen a ser cuestiones de mayoría, en una obra política que aunque sólo sea por que lo

"El Rey no es un líder, sino fundamentalmente el arbitro supremo"

totalidad de los hombres pueda, independientemente de que1 aproveche o no esté derecho, desplegar sus

capacidades en un marco democrático adecuado.

No todos los grupos, fuerzas políticas o partidos, asumen la totalidad de nuestras posiciones como

nosotros desearíamos. Pero sí esperamos que el pueblo, ese pueblo que pronto será convocado a los urnas,

comporto los principios de cambio político en paz social, primera^ exigencia de nuestro pueblo. Ahora

bien, debe pedirse a todas las fuerzas políticas que prosigan en su esfuerzo por la democracia, porque éste

es un Estado que no nace, sino que se hoce día a día.

En un año de Monarquía, varios opciones políticas van quedando abiertas a los españoles. Ante esto

creo que la oposición se da cuenta de que, entre otros logros, este Gobierno ha dejado sin sentido la no

muy lejano dialéctica entre "reforma" y "ruptura", cuya formulación misma ya entrañaba una suerte de

aventurismo histórico... Para superar esa dialéctico, el Gobierno ha marcado una orientación que expresa

lo idea de la reforma política en profundidad. Lo ha hecho por su decidido espíritu reformista y por

realismo, por su decidido voluntad de interpretar los deseos del pueblo. Por eso, a todos los que dentro del

lógico marco de las diferencias que corresponden a un país para el que la democracia

es un objetivo irreversible, piensen igual en lo fundamental, se les puede pedir responsabilidad y

colaboración en la toreo, porque España es cosa de todos.

Si al Gobierno se le pide rapidez por un lado y lentitud por otro, a todos loj que le presionan o le tensan

en su actuación diaria habría que pedirles realismo. Porque la España de hoy, potencia industrial del

mundo, no puede tener las estructuras políticas de hace veinte o treinta años, y porque España, en

compromiso con los millones de españoles, tampoco puede caer en otros errores de pasado, cuya

reparación tantos sacrificios costó. Por eso creo que una vez conseguida la plenitud democrática en

su "tempo" justo, más fácil será pora el Rey, que no es un líder político, sino fundamentalmente el arbitro

supremo, conseguir para todos los españoles la serena vía de la convivencia en el pluralismo.

Al contemplar los doce meses que nos separan de la proclamación del Rey de España, y desp u é s de

estas reflexiones, me atrevería a hacer un llamamiento al trabajo, al esfuerzo, sin odios ni rencore;, pero o

la lucha resuelta por» la democracia y lo responsabilidad. Nada grande se conquista sin esfuerzo. La

libertad político y la democracia no son frutos de regalo, sino de conquista, de ilusión compartida por

todos.

Alfonso Osorio

 

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