La inexcusable obligación de votar     
 
 ABC.    08/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA INEXCUSABLE OBLIGACIÓN DE VOTAR

Las próximas elecciones-´van. a constituir el auténtico comienzo de la democracia en España y van a

reanudar, después de cuarenta y un años, el perdido ejercicio de uno de los más fundamentales derechos

humanos: él derecho a la libre asociación política, en sistema de múltiples : partidos, y su más directa

consecuencia de poder decidir por el voto la composición, representativa de la soberanía nacional, del

Congreso y el Senado.

La campaña electoral de los partidos que concurren a las elecciones estimulará, por los múltiples medios

de propaganda utilizados, el voto ciudadano. Desde los periódicos, en los mítines, en las vallas

publicitarias, desde las emisoras de radio y desde las pantallas de la televisión, se demandará a todos que

voten. Cada partido pedirá, naturalmente, para sí; y el COTO general invitará al censo entero de votantes

a ejercer su derecho al voto, a no abstenerse.

Y en verdad, no es imaginable una situación electoral en la que resulte mayor, más acentuada, la

obligación de votar. Vamos, en definitiva, a comenzar la construcción de una nueva forma de

convivencia. Y en esta construcción nadie debe ni hurtar su aportación ni excusarla. El período que

iniciarán las nuevas Cortes tendrá perfiles constituyentes; es decir, definidor de las reglas del sistema

político que va a regir, en España, bajo la forma monárquica del Estado. Se trata, evidentemente, de dar

estructura definitiva a una democracia liberal bajo la Corona, símbolo y amparo real de la nacionalidad y

de los derechos humanos de todos los españoles.

Todos, pues, de acuerdo con su libre opción de partido, deben votar. No admite la peculiarísima

circunstancia histórica en la que nos encontramos . omitir la-participación activa en las elecciones. No

admite la abstención, ni como fruto de una duda invencible ni como resultado de una disconformidad

absoluta. Hay opciones políticas más que suficientes para privar de cualquier fundamento t las dudas o a

las disconformidades.

Nos limitamos a recomendar el voto, sin recomendar, por supuesto, partido alguno y sin enjuiciar, en este

comentario, los diversos programas. Que cada uno, de acuerdo con sus ideas, determine su voto y que lo

deposite con libertad y secreto. Todos los convocados a votar, todos los que tienen derecho al voto en

estas elecciones generales, deben acudir a las urnas. A partir del 15 de junio de 1977, España va a

comenzar a ser, de algún modo, el resultado de lo que decida la soberanía popular en las elecciones.

¿Cómo renuncian nadie a la parte que en esta decisión le corresponde? ¿Por qué abandonar a la opinión

de otros, no votando, algo que debe ser resultado también de «tu» opinión?

Si un sistema democrático tiene una permanencia asegurada por su firme asentamiento y un equilibrio

estable por la costumbre comunitaria a las alternativas políticas que se deducen del juego electoral, se

comprende, y de hecho así ocurre, que puedan registrarse, en las elecciones, proporciones considerables, a

veces, de abstención. Pero no estamos en caso semejante. Estamos, al contrario -iniciando la gran

empresa nacional del comienzo y asentamiento de tina democracia. Y en este empeño el cumplimiento de

la obligación de votar es inexcusable. Recomendación que habremos de reiterar a lo largo de los treinta y

ocho días que aún faltan para emitir el Voto.

 

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