Autor: RUY LÓPEZ. 
   Excomuniones políticas     
 
 Diario 16.    20/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Excomuniones políticas

Ruy López

La tradición inquisitorial, tan largos siglos arrastrada/ tío parece que tienda a disminuir «n nuestro país,

En la misma forma en ytc, en épocas más felices, nuestros obispos rejhaattífn liberalmente excomuniones

(como el recordado cardenal Segura), que excluían de ía comunión de los fieles, ahora nuestros políticos

de todo color reparten exclusiones morales a BUS adversarios, descalificándolos para la práctica de la

demo•cracia.

Todo esto viene a propósito de la campaña de excomuniones que se ha producido últimamente respecto a

la osadía de los heptareas de Alianza Popular en autocalifícarse de demócratas y tratar asi de entrar en la

comunidad de los justos. Por su parte, hay que decirlo, los heptarcas habían procedido previamente a

excomulgar a los comunistas y sus aliados. Y todo ello unido a las repetidas voces que denuncian

continuamente los cambios de chaqueta de conocidos líderes políticos. Parece que existiese una Tocación

generalizada de actuar como censores morales, indicando a la opinión pública quiénes son los buenos y

los malos.

Todas estas denuncias y excomuniones se resuelven en la propuesta, implícita o explícita, de que no sean

considerados como jugadores ca lificados en la vida política aquellos que no cumplan unos requisitos de

pureza democrática de sangre, que se traduzcan en que efectivamente sean "demócratas" de cuerpo y

alma. La derecha rehusa el reconocimiento de comunistas y aliados (véanse, por ejemplo, las

cuarentañisías diatribas televisivas de L. M. Ansón), y la opinión Ilustrada de Izquierda que ge niega e

tratar con franquistas, procediendo a denunciar su intrínseco totalitarismo.

En todo ello se atiende preferentemente, siguiendo las reglas tradicionales de la moral escolástica, al

"fuero interno". Los comunistas afirman que respetarán las reglas democráticas: pero "en su .interior" no

son demócratas, dice la derecha. Los franquistas se autotitulan demócratas, pero "en su inte

rior" siguen en la misma posición que siempre, dice la izquierda.

* No es ocioso señalar el carácter lamentable de estas discusiones. En primer lugar, porgue lo relevante

«n la política es la conducta y no las opiniones personales de los políticos. Si los prohombres de Alianza

Popular afirman que van a seguir las reglas del juego democrático, y si los comunistas mantienen que se

atendrán a los reaullados electorales, ¿a qué viene desoír las ¡expresiones de la actitud actual de estos

grupos para referirse más bien a "lo que de verdad" piensan «n una condenación a priori?

• En segundo lugar, en los años pasados, de Dictadura en el interior y guerra fría en el exterior,, contados

son los personajes y partidos que puedan presentarse con las manos limpias de polvo y paja. Si ge

excluyese, «orno al parecer se pretende, a todos aquellos que hubieran cometido un pecado mortal contra

la democracia, el país se vería privado de clase dirigente, prácticamente,

• En tercer lugar, no cabe olvidar que «1 único juea al que acudir, para hablar de admisiones o

exclusiones, «8 el pueblo, por medio de elecciones libres. Lo que el pueblo convalide, convalidado queda,

y ningún vicio de origen se resiste a la legitimación, electoral: si fascistas, socialistas o comunistas,

pongamos por caso, han. de verse excluidos del juego político, que lo sean por la adversa votación

popular y no por condenas ü priori. Y no viene de más el recordar que la experiencia muestra que el

electorado es desmemoriado en lo que se refiere a antecedentes históricos, pero presta atención a lo que se

ofrece en el momento* más valdría, quizá, dedicar mayor atención a los programas actuales de los

partidos qo» s sus méritos anteriores. Naturalmente, el juicio popular exige una información amplia sobre

los antecedentes de candidatos y partidos, como indicador de su posible conducta. Pero no es lo mismo

informar exhaustivamente sobre actividades pasadas que excluir a ciertas posiciones en base a esas

actividades, o recurrir al clásico golpe bajo de sacar "trapos sucios" de la vida privada de las personas. •

Y, en último lugar, sólo tí respeto a la legalidad democrática, junto a la legitimación popular,, podrían ser

los títulos que confieran carta de naturaleza democrática ti partidos y líderes. Todo lo demás —pasados

más o menos gloriosos o tenebrosos, opiniones personales más o menos autoritarias— no so» más que

accidentes, interesantes para historiadores o psicólogos. Y hasta que estos dos puntos no queden claros —

legitimación popular y respeto a la legalidad democrática— más vale que la, Izquierda y la derecha M

guarden sus anatemas.

 

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