Autor: Aparicio, Juan. 
   El secretario general no ha perdido la cartera     
 
 Pueblo.    14/06/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Crónicas de JUAN APARICIO

Un peníbético en las Cortes

El secretario genera no ha perdido la cartera

Deflagrante, heraclitano, puesto que el propio ponente astur, don Jesús Fueyo AI-varez, puso

originalmente ante la Comisión, asimilándolas en la compostura de su fulgurante y explosiva oratoria y en

la movilidad ideológica de su pensamiento, anoche, polemista contra los reparos del profesor Sánchez

Agesta, agazapado bojo 1» metáfora del cortacircuito, y fren-te a las oposiciones de los señores Oriol y

Udína, oponiendo pegas a un supuesto Movimiento monocrático, epíteto oriolesco, o des_configurado del

figurín udinista. Fuc-yo dijo que la deflagración, esbozada, sin mentarla, por Sánchez Agesta, era una

explosión sin fuego, o sea el chorro ígneo, que inspiraba en aquel momento vesper-^ tino de la festividad

de San Antonio la peroración inflamada y percutente de don Jesús Fueyo, discípulo a su modo del fi-

lósofo de Grecia, el movedizo y optimista Heráelito, y» que con su símil de la sempiterna y renovada

fluencia fluvial nos anticipó una imagen plasticísima del Movimiento.

La «opusieron» se había volatilizado desde varios días de la sala, pero la oposición en el contraste de

criterios estaba allí presente y personificada en ese trío (le procuradores porfiados y sutiles, como Sebe

ser y comportarse, concurriendo en sus pareceres dispares o paralelos, una oposición digna de presumir de

este nombre. Don Luis Sánchez Agesta, reforzado en su genio granadino, al regresar de una escapada

telúrica a la penibética Granada, como los ex ministros Navarro Rubio y Fernández-Cuesta, han retornado

respectivamente de Jávea y de Sevilla y traen un hálito meridional y levantino, también trajo el soporte de

sii colaboración a la ponencia, pero matizada por los peros.

Los otros opositores, tlíima y Oriol( tañeron la misma cuerda, estridente y me-sianica «seeúndum Lucas»,

y jeremiaca y relativa a los padres que se fueron y a los hijos en peligro de no venir pródigamente, por

parte de don Sa,ntiago Udina, que es un catalán que acaba enterneciendo, por su tono más compungido y

lastimero que hiriente, y porque, además, el subsecretario de Obras Públicas nos hablaba con cierta

familiaridad, emanada de sus argumentos monótonos y del traje, menos empaquetado y más veraniego,

con que apareció ´ delante de nosotros. Se desgranaron y aprobaron distintos artículos, aunque la labor

persuasiva y mental de don Jesús Fueyo se rethijo de una manera premi-nente a la defensa del artículo 29

bis, versión más armónica y puntualizada del artículo 10 en el proyecto del Gobierno. Sólo sus veintiséis

vocablos que ordenan y confirman que el secretario general del Movimiento será ministro del Gobierno,

dispararon la. controversia acerada de Sánchez Agesta, las soflamas de don Lucas y s] patetismo en tono

menor de don Santiago Udina, más la respuesta complejísima y directísima de ´Fueyo, quien se colocó en

la vanguardia de los ponentes, mezclando pasión y reflexión, lógica dialéctica e ironía asturiana, hasta

deshacer las argucias y habilidades de sus adversarios.

Frente a Oriol, que negaba el derecho de sentarse en un despacho ministerial, al secretario del

Movimiento y aun la bicoca de ostentar un Ministerio sin cartera, al no concedérsela nominalmente la

esquiva "LOE"; frente a la reiteración de la enmiéud* de Udina, sin demasiada convicción, pues se limitó

a leerla, no añadiendo razonamientos posteriores ni malhumor a su tesis frustrada de que la "LOE" ha

derogado o suprimido ;el Ministerio sin cartera de la Secretaría General; frente a la finura raciocinante de

Sánchez Agesta, analizando la ambigüedad y confusión, a su juicio, existentes entre los correlativos

artículos 29 bis, 30 y 31, con que se acaba la Ley, y dejan en el aire la´ hipótesis de un conflicto

provocado por el cortacireuito de una ambivalente o intringuloso secretario general, a su vez, del Consejo

Nacional y del Movimiento, vicepresidente del primero y dependiendo del Jefe del Gobierno y de la

Jefatura Nacional, para regir las Organizaciones y Servicios del Movimiento y velar por las finalidades

colegiadas de los consejeros nacionales, don Jesús Fueyo Alvarez no desplegó una retórica

despampanante, sino que ante la utópica "República de los profesores", libro recordado a Sánchez Agesta,

esgrimió "La fuerza de las cosas", título de libro de la compañera morganática de Sartre. Si-mone de

Beauvoir, ciñéndose al artículo número 26, muy taxativo, de la Ley Orgánica del Estado y a treinta años-

de pictórica vida española.

Según Fueyo, la ley de Régimen Jurídico del Estado, contrapuesta por Opio! para regatear la subsistencia

de una Cartera, es una ley preconstitucional, producida por el legislador ordinario, de rango inferior al

legislador constituyente, ítvalado por el referéndum, institucionalizándose una conducta, un eje de marcha

y circulación que funcionaban entre las actividades concretas del Gobierno y los principios rectores,

promotores y controlantes del Movimiento Nacional, que,así se ha corresppnsabilizado gubernamental-

mente, mediante un sistema de ¿frenos y contrapesos. Fueyo desmenuzó con una delectación jurídica que

deleitaba al procesal Díaz Llanos, dentro de su frío arrebato oratorio, estrémecedpr en sus inflexiones

contra las. sinuosidades penibéti-cas, que habían enmendado la redacción del Gobierno en este asunto,

para reivindicarla ahora, cuando los ponentes habían admitido la opinión del enmendante, inconsecuente,

escurridizo, inteligentísimo.

Pero la figura del secretario genera] del Movimiento no es ambigua, ni híbrida, sino equilibrada y

sintética y le corresponde un Ministerio aprobado con tíos, votos en contra por la Comisión de Leyes

Fundamentales, aunque el señor Fueyo acepta que esa condición ministerial es bastante especial y encaja

en un mecanismo delicado y concede a su medio contradictor Sánchez Agesta una posibilidad de

aclaración y nuevo -diálogo en el texto del articulo 30. Este logro y esta comprensión colaboradora de la

ponencia, personalizada en un Fueyo vibrante y luego con el fuelle más cansino por la "continua

refutación al impávido don Lucas María Oriol, cuyo mutis no pasó de ser teatral, señalaron la cúspide v el

término político del debate, comenzado con escasos procuradores, tan sólo había trece en la mañana del

día trece lie junio, festividad popular, casamentara y dispensadora de imposibles, de San Antonio de

Portugal y santificado en Padua.

Muchos procuradores festejaban su onomástica, y don Rafael Salgado añoraba, con nostalgia y sin dolor,

qne en tal fecha de 1937, sitiando a Bilbao para liberarlo, le habían desprovisto de una pierna en Santo

Domingo dé Archanda. También don Antón Riestra, a quien le vaciaron un ojo en_la refriega militar, y al

reseñarlo rectificó" mi afirmación de que no había tuertos como Moisés Dayan en la Comisión de Leyes

Fundamentales, aprovecha el día de su santo para referirse, cada año a una pérdida heroica. El ambiente

de santoral y de añoranza beligerante hizo que se adelantase en la sesión matutina, consiguiendo imponer

algunas enmiendas Díaz Llanos y Sánchez Agesta, e» aspectos de perfeccionamiento estilístico y detalle

clarificador, en relación con el Pleno y con la Comisión permanente del Consejo Nacional, cnyo

presidente no dispondrá de voto tle calidad o desempate.

Acerca de los artículos 27, 28 f 29, se entablan propuestas y discusiones con diversa fortuna, ya que don

Eduardo Villegas no convence en su lúcida disertación de que el recurso de contrafuero puede ser más

peligroso promovido por el tercio total de los consejeros nacionales, removiendo pasiones y buscando

firmas1 que por un solo consejero nacional, insuficiente en su aislamiento para la subversión jurídica.

Don Roberto Reyes propuso: baldíamente que se atribuyera a la sección especial, creada en el artículo 28,

funciones similares a las que dispone la institución parlamentaria de Inglaterra, conocida por el cóctel

verbal de «Ombudsman»; esto es, la mezcolanza del ómnibus y del hombre, traducida de la Constitución

sueca de 1809, para tutelar los derechos individuales ante las anomalías e Intromisiones dé las oficinas del

Estado y de la Administración, y que en España tiene el antecedente aragonés del Privilegio General de

don Pedro III.

Sin embargo, la Ponencia, que ha rechazado las proposiciones de qne el Consejo redacte y apruebe su

Reglamento sin ponerse de acuerdo con el Gobierno y no ha admitido que sea votado en las Cortes por su

^peculiar autonomía, aceptó la enmienda de don Luis Pastor Nieto, apoyada por la sapiencia

constitucional del profesor Sánchez Agesta, por el cerebro electrónico de don Cruz Martínez Estemelas y

por el duque de Primo de Rivera en representación de su estirpe y de la generación que se apresta a vivir,

redactándose un texto que permitirá a los españoles dirigirse al Consejo Nacional en las cuestiones

legitimas y sin amparo por «tra jurisdicción y que deban ser conocidas^ _y salvaguardadas desde este

vértice espiritual, vigilante y´desapasionado de España, que yo comparo con mi nativa y tutelar Sierra

Nevada y solar en la Penibética. Se ha abierto un buzón al servicio de los españoles, que no deben ser

grafómanos, arbitristas, envidiosos y comineros.

 

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