Autor: García San Miguel, Luis. 
   Romper con la ruptura     
 
 Diario 16.    28/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Romper con la ruptura

Luis García San Miguel

Hace aun bien poco que las españoles nos vimos sorprendidos con la aparición del extraño término

"ruptura". El sentido de este término empezó a sufrir, a poco de nacer, extrañas y rapidísimas mutaciones.

Hace poco traté de determinar alguno de estos sentidos, pero en unos meses la lista ya aumentó con

siderablemente.

La ruptura significó, y para muchos todavía significa, algunas de estas cosas: a) Gobierno provisional y

Cortes constituyentes, convo, cados por la oposición, previa toma del Poder, b) Gobierno provisional y

Cortes constituyentes, convocadas por la oposición, previa renuncia del Gobireno. c) Gobierno

provisional y Cortes constituyentes, c o n v ocados por un Gobierno mixto franquismo-oposición, previa

negociación entre ambos, d) Gobierno provisional y Cortes constituyentes, convocadas por el Gobierno

establecido, e) Gobierno provisional y Cortes constituyentes, convocadas por el Rey. f> Cortes ordinarias

con facultades constituyentes, convocadas por el Gobierno establecido.

No se trata de simples diferencias lingüísticas, pues que las Cortes sean convocadas nor unas u otras

personas tiene una importancia decisiva. De ello depende, en definitiva, que a las elecciones puedan

concurrir unas u otras fuerzas políticas y que los resultados sean manipulabte en uno u otro sentido.

Todos estos cambios de sentido no son, en absoluto, arbitrarios y, por lo demás, tienen su historia.

"Ruptura" comenzó siendo una especie de sustitutivo ver gonzante de "resolución" en boca de gentes de

la oposición. Los rupturístas no querían recurrir a la violencia y, como "revolución" evoca en muchos

oídos sangre y violencia, no quisieron emplear un término tan agresivo. "Ruptura fira publicable y no

asustaba demasiado. La invención era astuta.

En eso momento, la oposición íispiraba como dije, a asumir el Poder. No es facil saber si lo creía posible

o si lo decía simplemente para asustar. Pero lo decía.

Al poco tiempo las cosas cambiaron: el régimen comenzó a hablar de reformas y a hacerlas en alguna

medida. Esto cogió bastante desprevenida a la oposición, que no se 3o esperaba: el régimen empezaba a

darle la batalla en su terreno.

Si el régimen era capaz de evolucionar hacia la democracia, la oposición debería forzosamente de cambiar

su táctica y lenguaje. Pese a todo, la renuncia al "Gobierno provisional", es decir a asumir el Poder antes

de las elecciones Ese cambio era importante, pues,si se dejaba en manos de un Gobierno "pasfranquista",

la convocatoria de las elecciones, todo podía ocurrir. Cabía pensar incluso en que los franquistas

alcanzaran mayoría en las constituyentes y "restablecieran" la ley Orgánica.

Sin embargo, la oposición siguió manteniendo la pretensión de abrir el periodo constituyente, de abolir el

franquismo (aunque, corn o dijimos esa abolición fuera casi formal) y de empezar a partir de cero. Esa era

la diferencia que todavía separaba al proyecto de la oposición del reformisme del Gobierno, que aspiraba

a que lo nuevo saliera de lo viejo, enlazando con ello sin solución de continuidad. El símbolo de ese

"cambio en la continuidad" serían unas Cortes ordinarias, unas Cortes "del régimen", salidas de su

legalidad.

Pero no gana uno para sustos en este país: he aquí que los periódicos empiezan a hablar de "ruptura

Suárez" y "ruptura del Rey" y que un miembro de la oposición acusa a otro de concebir la ruptura como

un "simple proceso electoral". Empieza a llamarse "ruptura" a lo que antes se llamaba "reforma" y esto lo

hacen tatito gentes del régimen como de la oposición. Si esto se generalizase, los proyectos de ambos

bloques acabarían coincidiendo,

Varias moralejas podrían extraerse de la presente historia: la oposición se desradicaliza un tanto, el

régimen intenta arrebatarle sus slogans, etcétera. Pero hay una consecuencia importante, que queremos

destacar ahora: aún flotan en el ambiente seis o stete versianes de la í(ruptura". A los escritores esto puede

divertirnos y darnos pie para escribir artículos, pero al "público en general" supongo que lo llenará de

estupor. En estas circunstancias no se me ocurre arbitrio mejor que proponer, romper con la ruptura y

sugerir que se la sustituya por otra palabra menos equívoca. Al objeto de aminorar un tanto la presente

confusión.

 

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