Autor: Álvarez-Sierra, José. 
 Los problemas médico-sociales contemporáneos. 
 Las famosas píldoras     
 
    Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LAS FAMOSAS PÍLDORAS

LOS PROBLEMAS MÉDICOSOCIALES CONTEMPORÁNEOS

Parece ser que las autoridades eclesiásticas de Roma se encuentran hondamente preocupadas por el

problema al que prestan gran atención, de las famosas pildoritas "anti-babi". Recientemente se han

pronunciado algunos de sus más destacados jerarcas en el sentido de que es preciso dejar asegurados

previamente dos conceptos: A) Las píldoras no son anticoncepcionales, sino "aconcepcionales"—sutileza

discursiva no muy fácil de justificar—; B) No son nocivas. Todo ello nos parece magnifico y debe felici-

tarse a cuantos propugnan por un detenido estudio de esta trascendental cuestión, en especial al arzobispo

de Colombo, cardenal Suenens, y padre Bernard Haring.

Pero a estos dos problemas—no ser anticoncepcionales y garantía de su inocuidad—podría añadirse otro:

Repercusión en el Índice moral y religioso de las actuales generaciones. Los médicos, llevados por el

mejor deseo, desde los imperativos de la Higiene, extendieron su misión profesional a la vulgarización

científica y se pasan la vida—nos pasamos la vida—dogmatizando en público sobre el saber hipocrátlco,

enseñando a las gentes cosas que algunas veces le son útiles pero que otras no necesitan conocer.

Conviene advertir que la ciencia a medias es cien veces peor que la ignorancia, y personas que no poseen

una suficiente formación biológica llenan su cerebro de ideas erróneas o confusas. Los clínicos se ven

diariamente asediados con preguntas y controversias inoportunas derivadas de cuestiones que el cliente

pretende dominar por haberlas leído en un periódico o escuchado en alguna conferencia y que, en

realidad, no conoce. E1 famoso pediatra doctor Cavengt, director muchos años del Hospital del Niño

Jesús, decía frecuentemente que en el ejercicio de su especialidad sólo tuvo miedo a dos cosas: las

abuelas, por sus impertinencias, y los artículos de divulgación sobre nuevas drogas, pues tan pronto se

hablaba de una de ellas pretendían que se las recetasen a sus nietos.

Se nos ocurren las precedentes consideraciones porque varios colegas ginecólogos y algunos sacerdotes,

uno de éstos virtuoso padre mercedario, comentando el tema científico de las píldoras de progesterona,

nos afirman que en el confesionario de las iglesias y en el confesionario laico de las consultas se ven

sorprendidos por una serie de preguntas, a las que en ocasiones no saben contestar, que les hacen jóvenes

matrimonios o aspirantes a próxima coyunda. Ello demuestra que un gran descubrimiento farmacológico,

lo que puede significar uno de los mayores acontecimientos de la ciencia moderna, ha trascendido al

gran público, está, como vulgarmente se dice, "en la calle", y han adquirido una documentada

información quienes deberán y podrán utilizar el sistema, pero también quienes no tienen motivos

justificados en buena ética para que lo pongan en práctica. Es preciso tener en cuenta, para enjuiciar

sobre la ausencia de efectos perniciosos, el dato rigurosamente comprobado de que en Suecia, donde

doscientas mil mujeres usan la píldora, sometidas a control periódico, se ha hecho público un informe,

avalado por prestigiosas autoridades sanitarias, según el cual es muy crecida la tasa de las afecciones del

ritmo cardiaco, del sistema vascular, de eclapsias y de síndromes urémicos a consecuencia de esta clase

de fármacos.

De aquella encantadora pureza espiritual con que antiguamente iban los novios a escuchar la epístola de

San Pablo, a estos de hoy, en que conocen previamente cuantos métodos existen para limitar la prole, hay

mucha distancia. Los médicos, en general, no somos mogigatos; por el contrario, demasiado amplios de

criterio. La confianza que en nosotros depositan las familias es motivo para censurar, en ocasiones, la

tests hipócrita de aquella, gazmoña educación que mantenía a los niños en una ignorancia ridicula

respecto a las funciones de la reproducción, inventando la leyenda de que las cigüeñas son las que traen a

sus hermanitos. Pero nos parece lamentable exageración el que se abuse de lo que puede ser una

información periodística circunstancial, convirtiendo las lecciones farmacológicas, que están muy bien en

los textos del catedrático doctor Velázquez, o en los de Ginecología de los doctores Botella, Parache o

García Orcoyen en propaganda de un específico que no es imprescindible para que la Humanidad siga

siendo feliz.

Cuando llegue el momento profiláctico, clínico o social, en que resulten convenientes los productos

antiovulatorios, serán los profesionales de la ciencia de curar quienes darán los consejos oportunos, "para

ellos", "sólo ellos" y "nada más que ellos".

Lejanos los tiempos del romanticismo en que los novios leían juntos versos de Bécquer o Campoamor,

hemos pasado a los actuales en que, si tienen entre las manos un periódico para buscar la cartelera de

espectáculos, teatros o cines, les saltará a la vista las de algún detallado artículo sobre tal o cual marca,

conveniencia y utilidad de unas píldoras que garantizan el ser marido y mujer sin la contingencia de ser

padre y madre.

Dr. J. ÁLVAREZ-SIERRA

 

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