Autor: Gil y Santos-Silva, José María . 
   Sobre la libertad de enseñanza     
 
 ABC.    21/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Sobre la libertad de enseñanza

Señor director: Con frecuencia leo referencias a la libertad de enseñanza y la curiosa libertad que

propugna el ya famoso «documento» para la enseñanza del Colegio de Doctores y Licenciados.

Comprendo que a estos profesionales les interese su libertad de enseñanza, pero no parece que cuenten

con la libertad de los demás, los alumnos y sus padres, que los representan mientras no tengan edad y

discernimiento propio, o con los centros de enseñanza actuales o que se puedan crear para establecer

competitivamente la diversidad y alternativas de sistemas y calidades que una democracia pluralista exige

y que evite «exclusivas» oficiales o profesionales que en definitiva limitan la libertad de aprender lo que

uno quiere y como quiere.

El criterio de que los niños escuchen libremente toda clase de opiniones de los profesores me parece más

propio de enseñanzas superiores o del doctorado. El sistema acabaría probablemente por crear dos clases

de enseñanza, con posible emigración de estudiantes al extranjero, la de los que pueden pagar calidad,

Incluso profesor particular, y pagan, y los que no pueden pagar y se quedan con las ganas de hacerlo. No

me gustaría estar en ninguno de los casos.

Que la actual Junta directiva propugne lo que más convenga a parte de sus colegiados es natural y

correlativo con el colectivo que la eligió, relativamente Joven. Pero el tiempo pasa y aumentan los padres

de familia en ese colectivo, con lo que el criterio normalmente se modificará solo, sin contar que en las

próximas elecciones los «comodones» que no votaron es posible que se espabilen.

Como el colectivo padres de familia en general es muy superior al de profesionales colegiados, incluso

que todo el profesorado, es indudable que el poder del voto decidirá la cuestión a nivel político, que es en

definitiva donde se resolverá la cuestión.

Los padres de familia pueden optar entre ceder en su derecho de educar o elegir la educación de sus hijos

o imponer su criterio a los partidos políticos, negando el voto al que no recoja explícitamente este tema,

por la sencilla razón de que pueden y quieren*. Así está el asunto de claro y ha llegado el momento no

sólo de hablar, sino de hacer.—José María GIL Y SANTOS-SILVA.

 

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