Autor: López Calera, Nicolás María. 
 Tribuna libre de la educación. 
 Por un congreso constituyente de la Universidad     
 
 El País.    15/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

TRIBUNA LIBRE DE LA EDUCACIÓN

Por un congreso constituyente de la Universidad

NICOLÁS MARÍA LÓPEZ CALERA

Catedrático de Filosofía del Derecho. Universiada de Granada

Está claro que el Ministerio de Educación y Ciencia se sigue mostrando impotente para resolver —entre

otros— los grandes problemas de la Universidad. En mayor o menor medida, los últimos tres ministros

(Villar, Rodríguez y Esteruelas) han fracasado, y el actual (Menéndez) lleva camino de lo mismo. Salvo

Villar, que intentó una reforma total de! sistema educativo con los pies en la Luna y las manos

acariciando toda suerte de contradicciones, la realidad es que todos, al final, han reducido su trabajo

político a salir de los compromisos inmediatos como Dios les ha dado a entender o ellos han imaginado

que les daba a entender.

El reciente anuncio de un próximo estatuto del profesorado para la Universidad me hace reflexionar sobre

esos fracasos. La política que se sigue haciendo es la misma: política del parche y política desde arriba. Y

no es eso lo que necesita y exige la Universidad. Lo que la Universidad necesita es que la dejen arreglar

sus problemas, revolucionarse desde sí misma con libertad y autonomía. Todo lo que no sea eso será

aplazar la solución de sus problemas y, desde luego, radicalizarlos.

En este sentido, lo que quiero mantener aquí es simplemente lo siguiente: la necesidad y la urgencia de

convocar un congreso constituyente de la universidad española, en el que participen paritariamente todos

sus estamentos, á fin de acordar y pactar las bases generales de una nueva Universidad, a partir de las

cuales se establezcan y desarrollen unas normativas más particulares a nivel de cada Universidad y de

cada estamento en respeto de su indeclinable autonomía. Cualquier política universitaria hoy que no sea

esto no será sino seguir tocando el violín para sordos, no será sino un agravar las heridas, las frustraciones

y las desesperanzas.

La necesidad de un congreso de esta índole no deberta justificarse por evidente. Sin embargó, como veo

que se sigue reincidiendo en una política de parches y en una política autoritaria, considero indispensable

manifestar públicamente la necesidad de este congreso para ir conformando una opinión que presione y

active los movimientos de base necesarios y suficientes para conseguir ese objetivo.

La necesidad de un congreso constituyente puede justificarse, entre otros motivos, no sólo por una

cuestión de principio, sino también por la ineficacia de esa política de parches y de esa política

antidemocrática hasta ahora vigente. La Universidad no se arregla tapando huecos e imponiéndole

decretos. Es una gravísima y lamentable torpeza creer que los actuales problemas universitarios pueden

arreglarse desde arriba con la ayuda —en el mejor de los casos— de prudentes solicitudes de información

y opinión a centros u órganos de gobierno. No se puede tratar a la Universidad como propiedad privada,

que se maneja por unas cuantas docenas de autoridades académicas con arreglo a su leal saber y entender.

Por ese camino no se va a ningún lado, y los hechos lo demuestran. Una política universitaria de este tipo,

además de antidemocrática e ineficaz, es de una ingenuidad que raya, paradójicamente, en el drama.

Porque hay que ser muy ingenuos —pensando bien— para creer que se puede gobernar hoy la

Universidad sin tener en cuenta sus bases, sus estamentos, que son la clase profesional más crítica,

autocrítica, progresiva y radicalizada de casi todas las que pueblan este país. Creer que se puede gobernar

y ordenar la Universidad a base de decretos y órdenes ministeriales llovidas desde el Olimpo de la calle

de Alcalá es, por decir algo suave, una torpeza política que el país no debe consentir por más tiempo,

porque, entre otras cosas, se están perdiendo en el camino miles de millones de pesetas, se están

frustrando miles de españoles y se está negando a la sociedad lo que le pertenece y exige. No somos los

universitarios españoles ni mejores ni peores que nadie, pero continuamente se nos está echando en cara

por algunos sectores nuestra falta de responsabilidad en el trabajo, nuestras huelgas, nuestras asambleas,

nuestras vacaciones. Y, sin embargo, los males profundos no se descubren. La crisis universitaria actual

es fruto, entre otras cosas, de que no hay una política universitaria realista por democrática. Las leyes

actuales sobre la Universidad o no se cumplen o se cumplen a golpe de trompeta o de cañón. Esperar que

la Universidad funcione así resulta inverosímil.

Ahora bien, los males de la Universidad no se arreglarán sin que paralelamente no se arreglen también los

males de nuestro sistema político. Pero, puestos ya a la tarea de la reforma o de la ruptura política, sería

muy ciego que los universitarios no demandáramos y exigiéramos al mismo tiempo nuestras Cortes

universitarias constituyentes que pongan fin a cuarenta años de postración. Dentro de este contexto de

soluciones sociales y políticas de todo el sistema, la Universidad debe tener su hueco, y un congreso

constituyente resulta evidentemente necesario. Hace falta el encuentro directo y auténticamente

representativo, el diálogo fuerte, sincero y constructivo de todos los estamentos. Los universitarios

estamos cansados, y muy cansados, de que se nos lleve de aquí para allá, asustados de pensar cuál va a ser

el próximo ministro, que siempre parece que hace bueno al anterior. Lo que necesita y lo que quiere la

Universidad hoy sólo lo puede saber, decir y decidir ella misma, esto es, sus profesores numerarios, sus

profesores no numerarios, sus estudiantes, su personal no docente. Sin el camino de soluciones

auténticamente democráticas, la Universidad seguirá encerrada en un callejón sin salida.

Por todo ello, y por mucho más que podría decirse en esté sentido, pido públicamente al Gobierno y

concretamente al Ministerio de Educación y Ciencia que oriente su política hacia la convocatoria urgente

del modo más democrático posible de un congreso constituyente para la Universidad española, y emplazo

a todos los universitarios a un trabajo de conquista de esta convocatoria.

 

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