Autor: González Seara, Luis. 
   Instituir la democracia     
 
 Diario 16.    19/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Instituir la democracia

Luis González Seara

En esta hora de España se dan cita muchas urgencias, pero la primordial es constituir una democracia que

garantice a los españoles, de un modo continuado, el ejercicio de sus derechos cívicos, la práctica de las

libertades y eí cumplimiento de unas normas justas capaces de situar a nuestro país en las coordenadas

propias de una comunidad libre.

I argo y penoso ha sido el camino recorrido y en mal estado se hallan los tramos que faltan, de tal modo

que si no ponemos voluntad, empuje y sereno artificio corremos el riesgo de no llegar al final. El bueno

de Juan Jacobo Rousseau veía al hombre como, "un ser solitario y débil, que apetece la libertad". Pero

algunos de esos hombres parecen gustar mucho más de quitar la libertad a sus semejantes, abandonando

para ello la soledad por la cuadrilla. Y de eso sabemos bastante en esta reseca Península, donde se

producen con frecuencia los conocidos anuncios del "último día de despotismo y..´. ¡primer día de lo

mismo!". Cuando vamos a tocar la libertad, ésta se esfuma, una vez y otra vez, y parece llegada la hora de

acabar con el suplicio. Pero ello exige atenerse a la realidad inmediata, con olvido de metafísicas,

cuestiones previas y otras garambainas.

La realidad se nos presenta en toda su dureza: los españoles nos encontramos en una situación de tránsito,

con una economía inflacionista y un millón de parados, con un creciente endeudamiento ex´ terior y una

drástica reducción de las inversiones, con un aumento de la conflictividad y un progresivo deterioro de

nuestro nivel y calidad de vida. En medio de esa situacíón, nada idílica, hemos de encontrar el modo de

desmontar el franquismo y de instituir un régimen democrático, con sus libertades, sus partidos, sus

elecciones y su •parlamento constituyente. El panorama no es fácil y no se puede perder el tiempo en

discusiones estériles. Tanto el Gobierno como la oposición deben hallar una fórmula aceptable que

permita ir a las elecciones. Porque, en este momento, el riesgo de no llegar a unas elecciones libres es

grande.

Por nn lado, varías fuerzas del franquismo, encastilladas en el bunker, aspiran a parar todo cambio y a

impedir la democracia. Por otro, ciertos sectores del franquismo, con más inteligencia y lucidez,

pretenden ramblar un poco las cosas de modo que se salve la fachada externa y sigan ellos manteniéndose

en el Poder. Y el Gobierno se ve sometido a duras presiones desde ambos sectores, con unas Cortes y un

Consejo Nacional nada dispuestos, como es lógico, a firmar su liquidación, y prestos, en cambio, a

manejar el fantasma de las Fuerzas Armadas como elemento disuasorio de cualquier cambio democrático.

En este sentido, es hora de que se tomen medidas contra quien cometa la ofensa de suponer que las

Fuerzas Armadas puedan llevar a cabo/ acciones que no sean un fiel respaldo de la voluntad popular. Y

esas medidas deben aplicarse con rigor, sea quien sea el responsable.

La oposición, por su parte, ha perdido demasiado tiempo queriendo conciliar, a veces, lo inconciliable.

Este no parece el momento de rupturas revolucionarias ni de utopismos políticos, sino el de un

pragmatismo que conduzca al cambio democrático y a la alternativa de poder mediante las elecciones. Y

si algunos no lo quieren ver así no es prudente consumir las energías disponibles en convencerles de lo

contrario. Hay que establecer íos supuestos de unas elecciones libres, sin trampas, prepararse para ellas y

tratar de ganarlas, cosa imposible si se continúa con la práctica del minifundio de partidos y de las peleas

por la firma de un documento.

Mientras tanto, extremistas de un lado y de otro llevan a cabo asesinatos y atentados día tras día, en una

espiral de violencia conducente a la catástrofe. Tal estado de cosas requiere un esfuerzo por parte de

todos, oposición, Gobierno y sistema civilizado para llegar al acuerdo de unas elecciones a Cortes

Constituyentes. El franquismo te ha acabado y deben decirse las cosas claras: no hay continuidad posible

del sistema anterior, salvo en el caso de la Institución Real. El Rey es la única continuidad posible y todo

lo demás del sistema franquista no sirve. Por eso, si no se llega a las Cortes Constituyentes, si al Gobierno

le torpedean *u proyecto de reforma en el bunker de las Corles; si la oposición no juega a propiciar unas

elecciones libres, y si los muertos y los atentados siguen, el Gobierno tendrá los días contados y no sería

extraño ver el establecimiento del Ejército en el Poder.

Y esa no sería la situación peor, pues podríamos desembocar en otras soluciones autoritarias y caóticas,

De todus modos, por esa vía, al final se llegaría a un estallido violento, de signo incierto, capaz de

alumbrar vaya usted a saber si un sistema revolucionario de la izquierda o un fascismo de la derecha.

De ahí la necesidad de esforzarnos en la institucional ización de una democracia pluralista. Manuel

Azaña, en la Dictadura de Primo de Rivera, concebía a la España política como "una asociación

democrática regida con humanidad". Al final de otra dictadura, bastante más larga, muchos españoles

comparten la concepción de Azaña, pero deben dar los pasos precisos para pasar de la teoría a la práctica.

Esa es, hoy. nuestra misión y nuestra meta. Instituyamos la democracia. Ya. Mañana puede ser tarde.

 

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