Autor: García San Miguel, Luis. 
   Ante la opción decisiva: abstenerse o participar     
 
 Informaciones.    09/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ANTE LA OPCIÓN DECISIVA: ABSTENERSE O PARTICIPAR

Por Luis GARCÍA SAN MIGUEL

UNA primera redacción de este artículo, escrita a finales de julio, decía: «Aunque hay quien se empeñe

en decir que nada ha cambiado ni puede cambiar mientras sigan en el Poder los sucesores de Franco,

parece bastante claro que el Régimen está dispuesto a dar pasos decisivos hacia la democracia.

Concretamente, parece decidido a legalizar los partidos (a excepción del comunista) y a hacer

elecciones.»

LO QUE EL RÉGIMEN ESTA DISPUESTO A CONCEDER O LOS LIMITES DE LA REFORMA

LAS RAZONES DE LA ABSTENCIÓN Y SUS PREVISIBLES CONSECUENCIAS

LAS RAZONES Y LAS CONSECUENCIAS PREVISIBLES DE LA INTEGRACIÓN

Los profetas de la Imposibilidad de la reforma dirán, probablemente, que las elecciones no van a ser libres

y que, en definitiva, van a seguir mandando los de siempre. Pero ¿qué Iba a salir ganando él Régimen

quizá no tuviera otra sacanización? una operación de ese tipo irritaria tanto a la oposición interior como a

las democracias exteriores, hasta el punto de que el régimen quizá no tuviera otra salida Que reestablecer

una dictadura férrea, meterse en el «bunker». ¿Quiere, efectivamente, meterse en el «bunker» siguiendo

un camino tan tortuoso? Eso es suponerle demasiado maquiavelismo. Todo hace pensar que eso no va a

ocurrir.

Conviene advertir que si esas elecciones se celebran, no estaremos aún en la democracia, aunque hayamos

dado un paso muy importante hacia ella (paso que, desde luego, los partidarios del «todo y ahora»

considerarán como insuficiente y tardío). No estaremos en la democracia todavía porque unas Cortes

ordinarias democráticamente elegidas no serán toda la democracia. En efecto, mientras subsistan el viejo

partido único y un Consejo del Reino integrado por «orgánicos» y dotado de facultades decisivas para el

nombramiento del presidente del Gobierno y, por tanto, de todo el Gobierno, subsistirá una cierta

mexicanización estructural que habrá que modificar para llegar a la plenitud democrática. Conviene tener

presente, insisto en ello, que lo que el Régimen ofrece es, por tanto, la antesala de la democracia, un paso

(muy importante, desde luego), pero todavía no la meta. ¿Qué ha de hacer ]a oposición ante esta

posibilidad que se le abre? ¿Abstenerse? ¿Participar?

Si la oposición continuara en la linea de conducta que hasta ahora ha seguido, debería de abstenerse,

tratando con ello de provocar el hundimiento del nuevo asociacionismo. Si sólo participaran hombres

salidos del Régimen (aunque vestidos con ropaje socialista o democristiano), los nuevos partidos

carecerían de credibilidad tanto interior como exterior. Es probable que las internacionales los rechazaran

y que el pueblo se abstuviera de acudir a las humas. En este caso, el Régimen se vería obligado a hacer las

maletas, en una especie de renovación del 14 de abril, y la oposición vería cumplido uno de sus más

viejos ideales: recoger el testigo de un Régimen hundido. ¿Puede ocurrir algo parecido a eso? Nada es

imposible, desde luego, pero me parece sumamente improbable.

PARTICIPAR CON EL VOTO

Si la oposición no entra en el juego, otros entrarán, pues la Naturaleza tiene horror al vacío. Y los partidos

que se constituyan podrán estar integrados (a poco astutos que sean sus promotores) por un elevado

porcentaje de gentes que no hayan tenido nada que ver con el Régimen y que sean capaces de recitar

correctamente la ideología democristiana y la socialista. Hay mucha gente capaz de hacerlo. Parece

también sumamente improbable que la gente no acudiera a las urnas. Eso significaría

que el pueblo español apostaba por la ruptura en vez de dedicarse a «cotar a los suyos» y, cosa también

importante, a «evitar que ganaran los otros». Y, si se constituyen partidos creíbles, sólo ligados al respeto

de la Constitución y no al de los principios del Movimiento, y la gente vota, ¿con qué derecho van a

negarles su reconocimiento las internacionales? Los nuevos partidos llamarían a su puerta respaldados por

votos del pueblo español, y ese es un argumento muy fuerte para una internacional democrática. ¿Van a

conceder, las internacionales, más importancia a la legitimidad histórica que a los votos actuales? Parece

poco probable.

Es decir que si la oposición no participa perderá quizá el tren de la nueva democracia y se convertirá en

un grupo «profético», extraparlamentario, quizá influyente, pero con pocas posibilidades de llegar al

Poder.

¿Participar, entonces? Si el Régimen ofrece garantías suficientes de que no va a jugar sucio, sí, desde

luego. Pues si la oposición ingresa en la legalidad, va a contar con el concurso de muchos tibios,

los que hasta ahora no se atrevían a «apuntarse» porque era peligroso. Eso la potenciará enormemente, y

si saca suficientes votos en las elecciones en competencia con los partidos procedentes del Régimen ipara

lo cual, dicho sea de paso, deberá prepararse con tiempo), se constituirá en motor decisivo de la definitiva

democratización del Régimen. Pues ¿quién podrá oponerse a unas Cortes ordinarias libremente elegidas?

En ellas residirá la soberanía y podrán cambiar lo que quieran, desde el Consejo del Reino a la

Constitución. Desde luego que, al integrarse en la legalidad, la oposición abandonaria la via

revolucionaria, o semirevolucionaria, que hasta ahora siguió, para entrar en la vía reformista, la única que,

a mi Juicio, puede llevar a corto plazo y sin grandes costos a la democracia.

LEGALIZACIÓN ESCALONADA

Y ¿sí, pese a los notorios esfuerzos que la oposición está haciendo por evitarlo, el Régimen se niega a

legalizar al Partido Comunista? El tema es complicado y merece tratamiento aparte, pero brevemente

diría lo siguiente: lo que apunté anteriormente con referencia a la democratización del Régimen es

aplicable a la legalización del Partido Comunista. Esto es: el el abstencionismo es la mejor via para

democratizar el Régimen, también lo será para legalizar al partido. Pero si, por el contrario, el camino

más seguro y rápido hacia la democracia es el de la participación, también lo será para la legalización del

comunismo. Insisto en que la participación es camino más seguro y, en consecuencia, creo que deberán

entrar los que puedan y hacer sitio a ios que, por el momento, no puedan entrar. Si socialistas,

gocialdemócratas y democristtanos toman posiciones en las Cortes, harán una presión muy fuerte, y el

Partido Comunista no tardará en ser admitido. Si quieren entrar todos a la vez, posiblemente se queden

todos fuera, el Partido Comunista incluido.

La reforma puede torcerse, pero hay bastantes posibilidades de que salga adelante y ello dependerá, en

gran medida, de que la presión para el cambio sea inteligente a la vez que firme. Si el proceso llegara a

buen término, España habría dado una sorprendente prueba de madurez política y habría vivido una

experiencia histórica hasta ahora inédita. El fascismo se habría transformado, pacífica y legalmente, en

democracia, y ahora que ya no cabe hablar de milagro económico, podríamos empezar a hablar del

milagro político español. Luego, claro está, habría que cuidar de que el recién nacido no se muriera.

Empezaríamos una nueva etapa difícil, casi tan difícil como la que estamos recorriendo. Conviene tenerlo

bien presente, pues algunos parecen olvidarlo: los que creen que er teniendo nueva Constitución está todo

hecho.

9 de ociubre de 1976

 

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