Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   Los sujetos del diálogo regional     
 
 Ya.    30/09/1976.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LOS SUJETOS DEL DIALOGO

REGIONAL

DOS nociones políticas, de reciente circulación entre nosotros, quiero utilizar como soporte de este

artículo. Me refiero al concepto del "diálogo" y a la noción de "gran debate nacional". Nada tengo que

explicitar sobre el primero. De próximo gran debate nacional habló el presidente Suárez en su alocución

en Televisión. Sabemos aproximadamente el significado que tiene ese diálogo politico y lo que en el

mismo debe suponer el tema del regionalismo y la regionalización. Con respecto al urgente "gran debate

nacional", habrá que insistir que en su contexto la cuestión regional es una de las de más amplia

trascendencia. Abordar ese tema es casi tanto como plantear en su más amplia acepción la cuestión de la

estructuración española, el empeño primario de su forma constitucional.

JUNTO a los conceptos, la dimensión temporal. Tenemos el reto de un presente confuso, en el que casi

todo lo anterior ha quedado en entredicho, al margen de los términos gramaticales que se utilicen. Es

mucho más real reconocer que nos movemos en unos términos de ruptura que en unos de normal

evolución, o lógico proceso de perfeccionamiento a este presente, del que es urgente salir (urgencia que

no hay que confundir con total improvisación y loco aceleramiento) un futuro muy próximo, lo más

inmediato que sea factible. Un poco más lejano, la entrada en la empresa constitucional propiamente

dicha, que hay que preparar debidamente, pues" una sociedad no se está constituyendo cada día, aun

cuando sociológicamente suceda en parte asi, puesto que en toda Constitución esa realidad sociológica es

,1a que resulta determinante y la que explica la lógica condena de las constituciones excesivamente fijas y

marcadamente dogmáticas y formalistas.

EN términos de tarea a realizar, diríamos que, como características de cada uno de estos momentos,

habría que determinar las que siguen: Diálogo negociador entre loa interlocutores, sociológicamente

válidos, orientado a preparar y fijar las condiciones de ese gran debate nacional, en el que deben señalarse

las grandes lineas de marcha en el proceso de radical transformación de las formas políticas españolas y

de las mismas facetas características de nuestra sociedad. Ese gran debate nacional debe lograr la

mentalízación política del pueblo español, su idónea concíenciación de los problemas cardinales, de lo

que ligeramente se pudo llamar "España como problema" o, con menor carga polémica, "los grandes

problemas de España". Sólo cumplida esta obra tienen alcance político y profundidad histórica las

consultas electorales que se consideran adecuadas para que ese debate nacional se transforme en una

voluntad constitucional, que únicamente puede tener como sujeto decisor a la sociedad española, origen y

titular último del poder soberano. Y tras esta decisión soberana por el cauce formal de las urnas, el trabajo

del nuevo cuerpo representativo, en el que esa soberanía nacional se concreta para acometer la empresa de

fijar las lineas maestros de la futura Constitución.

MARCOS de discusión y negociación; tareas propias de "ese debate nacional; proceso

M. AGUILAR NAVAKRO

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(Contínua en pág. sigte.)

LOS SUJETOS DEL DIALOGO REGIONAL

(Viene de la pág, anterior)

electoral, y subsiguiente periodo constituyente tienen sus propios sujetos protagonistas, además de sus

peculiares formas y medios de acción. Me limitaré a hacer alguna precision sobre estos sujetos, y todo

ello concretado ahora en la cuestión regional. Para aclarar un poco el proceso mental, al que quiere

sujetarse esta serie de colaboraciones, añadiré que con relación al dialogo regional hay que distinguir tres

aspectos o formas de articularse lógica y dialécticamente. Existe previamente un diálogo "en" la región,

en el seno mismo da esa comunidad que llamamos con una Indistinción no aconsejable de todas estas

formas: comunidad nacional (las nacionalidades, como suele decirse con vestigio evidente de viejas tesis

federalistas patrias), las regiones, los pueblos o también loa países fp. e. país valenciano). Sólo cuando

cada uno de estos grupos humanog haya delineado cuál es su propia decisión es cuando tiene sentido real

pasar al segundo eslabón del diálogo regional. Cada una de las regiones debe disponerse a esclarecer cuál

es su forma de entender un doble tipo de relaciones: relaciones "entre" reglones y relacionen de Jas

regiones con el Estado español, dentro del cual, y según formas constitucionals a precisar, tienen que

integrarse y articularse. En algunos casos, estas relaciones "entre" regiones presentarán carácterísticas

políticas muy particulares. La suscitada polémica que la reivindicación autonomista valenciana ha

provocado en ciertos medios catalanistas os una prueba de lo antes dicho. Existen razones, incluso

históricas, que explican la existencia de unas tensiones Intrarregionales y también de unas relaciones

Intrarregionales privilegiadas. Añadamos de cara al futuro re. glonal (que tan brillantemente ha abocetado

el profesor García de Enterría en sus artículos de "El País") la creación y funcionamiento del nuevo

concepto de región impondrá evidentes superaciones del marco regional que nos legó una concepción

tradicionalista y una versión demoliberal. Hablar de región es hoy plantear en su totalidad el problema de

la futura estratificación sociopolítica

de la humanidad. Los europeíatas han dicho con insistencia que la Integración y el federalismo europeo

debe dialécticamente coincidir con la realización de una plena política regionaJ. Integración europea y

regionalismo lejos de repelerse ae complementan díalécticamente fcoloquio de Lieja dea 1975 aobre

"Europa y sus regiones").

HAY un esencial dialogo entre las regiones y el Estado español. De Igual forma que a escala nacional no

puede democráticamente a c e piarse la Constitución otorgada, cualquiera que sea la modalidad formal

empleada para encubrir su Impudicia, su agravio a esa soberanía nacional proclamada, de idéntica manera

SPF& repudiable toda solución del problema regional que no derivase de una acción concertada, pactada

de acuerdo al procedimiento que so precise en el transcurso de ese debate nacional entre las regiones y el

representante del Estado español. De momento, en esta fase actual de tránsito y preparación habrá que

acepiar también ese tono provisional respecto de esta cuestión. Como titulares provisionales que han de

intervenir en nuestro presente, habrá que anotar el Gobierno y las instancias unitarias de las diversas

comunidades nacionales, regiones, etc. ¿Y la oposición democrática? A ésta le corresponde proseguir non

pretensiones de aclaración, de precisión y de institucionalización ese dialogo a escala del Estado entre las

instancias unitarias regionales y la plataforma unitaria de la oposición democrática en el contexto del

Estado.

Alas regiones les incumbe madurar un doble programa constitucional: el directamente aplicado como

embrión de la futurible constitución de la región, indicando el proceso forma] a seguir para culminar esa

empresa constitucional, y el proyecto que se "aporta" para dilucidar Ja gran obra constitucional de señalar

cuál es el tipo de relación entre el Estado y las comunidades regionales o de las nacionalidades. Un

quehacer constitucional a nivel de regiones y a escala de Estado.

HE hablado de una empresa política y de otra de carácter social. Tenemos que transformar nuestras

formas políticas, pero también, y acaso previamente, o al menos dentro de una relación funcional

interdependiente, las características determinantes de nuestra propia sociedad. Si es así, las fuerzas y los

diálogos a establecer entre ellas no pueden ser confinado en los reducidos marco» de los partidos

políticos. Es un debate general y un gran diálogo, en ej que fuerzas po)iticas, económicas, culturales,

sindicales, etc., tienen que terciar, aportando no sólo opiniones generales, sino acaso, como más valiosas,

las que se deriven del propio círculo que de la vida humana española abarquen esas fuerzas en atención a

su naturaleza y cometido. La realidad regional, siendo acusadamente política, no queda reducida a esa

dimensión, sino que la rebasa ampliamente, y al hacerlo, contribuye a precisar los términos correctos de

esa misma faceta política. En una próxima colaboración abordaré una cuestión que me parece importante

en esta labor preparatoria que estoy realizando. Aludo concretamente a la significación que e] problema

regional tiene dentro de una concepción de filosofía social y política democrática. Es lo que en la doctrina

francesa viene denominádose enfrentamiento entre tecnócratas y hunianistas. Distinción que, en parte,

sigue las huellas de la establecida con relación al desarrollo.

M. AGUILAR NAVARRO

 

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