¿Por qué vamos a tener un otoño caliente?     
 
 Ya.    26/09/1976.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

¿POR QUE VAMOS A TENER UN OTOÑO (CALIENTE)?

LA expresión "autunno caldo", "otoño caliente", se hizo popular en Italia hace unos años y

parece consagrada por las previsiones en España de cara a las próximas semanas. Para unos,

esta temperatura en alza es el fruto de la presión política — con bases laborales ciertas — de

los sindicatos libres, libres pero bajo la dirección de los partidos políticos. Para otros, el

deterioro de la situación tendría algo que ver con las reservas que el empresariado pareca

oponer a las reivindicaciones laborales de la clase trabajadora, reserva que, por supuesto,

tendría también su matiz político. En todo caso, el otoño promete ser, en efecto, "caliente".

A CEPTAMOS, pues, el presagio, pero creemos que el grado de

tensión que vaya a producirse —que se está produciendo mente, ya que los primeros

estallidos están en la calle — depende del comportamiento de todos, del Gobierno y de la

oposición, de los trabajadores y de los empresarios. Si las huelgas de Vizcaya de los pasados

13, 14 y 15 se cifraron en pérdidas del orden de los tres mil millones de pesetas, apenas nos

atrevemos a suponer las cifras que están alcanzando los paros, casi generalizados, en

determinados sectores. El profesor Tierno Galván, nada sospechoso del parcialismo, acaba de

decir que estropear más la economía no va a llevar a ninguna solución democrática.

QUEREMOS decir con todo esto que nos parece de una necedad política y de una perversión

total provocar el deterioro de la situación económica, social y laboral, en momentos de tanta

trascendencia para el futuro. En este terreno nos encontramos, sin duda, en una verdadera

situación de emergencia nacional, para salir de la cual todo esfuerzo es necesario y exigible. E!

primero corresponde al Gobierno, al que no podemos por menos de achacar una excesiva

lentitud en las decisiones que afectan al tema económico. Pero también hay que pedir a las

empresas un mínimo realismo, una visión a plazo medio—aun sabiendo que las dificultades lo

con a corto plazo—que les permita comprender la erosión continua y galopante que la inflación

está provocando sobre eI poder adquisitivo de los salarios, Y a los trabajadores habría que

pedirles un examen de conciencia a fondo, un estudio realista del momento que atraviesan las

empresas, a las que no se puede condenar a la quiebra, porque con ella viene la ruina de la

nación y, lo que es más grave, la pérdida de los puestos de trabajo. No nos atrevemos a hablar

de austeridad —exigible a todos los niveles—, pero sí a hacer un llamamiento al realismo, fruto

del sentido común de cada ciudadano.

PARA las fuerzas más politizadas del mundo laboral guardamos nuestra último consideración.

Más de una vez hemos dicho que la huelga, siendo legítima y estando ya reconocida en la

legislación española, debe ser la última instancia, el instrumento definitivo cuando todo intento

de entendimiento ha fracasarlo. Pero si la huelga llega a producirse, lo que no es admisible en

modo alguno es el piquete, la amenazo, la intimidación. Ni hay legislación que admita íat

sistema ni hay criterio sano que lo considere ético, por la sencilla razón de que atenía

directamente contra la libertad del trabajador.

IMPORTA, pues, buscar soluciones para paliar, a! menos, la borrasca laboral que parece

amenazarnos. No tiene por qué ser el trabajador—sólo él— quien soporte las consecuencias

de una crisis en cuyos orígenes puede haber, incluso, errores políticos. Hay que ir a la

nivelación de las desigualdades mediante una fiscalidad que haga posible el reparto justo de

cargas y también de beneficios. Pero también hay que advertir al trabajador que las violencias y

las huelgas agravan la situación en vez de mejorarla. Y, por último, conviene recordar a los

políticos, a los que ofrecen consignas e imparten órdenes, que ningún objetivo de poder puede

justificar el caos económico y social de un país que, con una buena carga de problemas, trata

de preparar un futuro más confortable y más justo.

 

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